La caída de M. Night Shyamalan | Letras Libres
artículo no publicado

La caída de M. Night Shyamalan

A continuación una breve anécdota:

Era julio. Un amigo y yo estábamos en el cine viendo The other guys, una película con Will Ferrell. Antes de que comenzara la cinta tuvimos que contender con el habitual bombardeo de avances de comedias baratas. Sin embargo, entre las risas de los promocionales apareció algo inesperado: el tráiler de un extraño y oscuro thriller sobrenatural. La premisa me pareció intrigante: cinco desconocidos se quedan atrapados en un elevador. Y uno de ellos es el diablo. Durante la primera mitad del tráiler la audiencia parecía fascinada: aguardaban, en silencio, la siguiente clave de la trama desde la pantalla. Hasta que, súbitamente, apareció la leyenda: “De la mente de M. Night Shyamalan”. De inmediato, todos los espectadores abuchearon el avance y toda sensación de peligro se evaporó en un segundo. Fui testigo de una reacción similar cuando vi el mismo tráiler antes de Scott Pilgrim vs. the world, pero esta vez los abucheos estuvieron acompañados por risas estentóreas.

Mi anécdota, desgraciadamente, no habla de un caso aislado. Hasta la búsqueda más veloz en internet, tecleando “Shyamalan Devil trailer reaction”, arroja múltiples videos de reacciones parecidas en Estados Unidos.

El tráiler en cuestión es de la nueva película Devil, producida por Shyamalan. A raíz de la reacción de los espectadores vale la pena plantearse una pregunta: después de una oleada de fracasos (en la crítica y en la taquilla), el valor de M. Night Shyamalan como marca, ¿habrá caducado?

Su papel como productor en Devil significa una arriesgada movida en una carrera que, de por sí, ha sido turbulenta. Recientemente, Shyamalan firmó un contrato con Media Rights Capital para fundar The Night Chronicles, una nueva productora encargada de lanzar thrillers sobrenaturales y películas de terror. En vez de dirigir estas cintas, Shyamalan se limitará a crear las premisas y después delegar los cargos de escritor y director a nombres menos conocidos que trabajen en ese mismo género. La propia Devil fue dirigida por los hermanos Dowdle, nuevos talentos del indie horror, y fue escrita por Brian Nelson, el guionista de Hard Candy y 30 Days of Night. En Devil, Shyamalan se lleva el crédito de productor e idea original.

Sin embargo, es difícil comprender la lógica detrás de esta última jugada de Shyamalan (o sus inversionistas). La página oficial de The Night Chronicles nos da una razón predecible y mundana para explicar este cambio de roles en la carrera del más famoso director de ascendencia india: Shyamalan quiere ayudar a directores con menos renombre para que obtengan reconocimiento y desea, también, incrementar el número de historias originales en un género que hoy está dominado por refritos y secuelas.

Pero es difícil creer que el motivo detrás de un cambio (o retroceso) tan claro en la carrera de “Night” se deba a un motivo tan, digamos, noble.

Tras el fracaso estrepitoso de sus últimas películas (Lady in the Water, The Happening, The Last Airbender), parecería que las grandes productoras hollywoodenses están dudando del talento de Shyamalan como director (y de su capacidad para llenar butacas). El tipo todavía es famoso, pero quizás es famoso por los motivos equivocados.

A fechas recientes, el papel de Shyamalan ha parecido disminuir en las operaciones de su propia casa productora. The Night Chronicles fue fundada después del fracaso de The Happening, pero antes del fracaso colosal de The Last Airbender. Previo a la falta de entusiasmo de las audiencias por The Last Airbender, el título original de Devil era The Night Chronicles: Devil. El nuevo título claramente disminuye el rol de Shyamalan dentro del filme.

Aquí cabe otra pregunta, ¿qué esperan esos inversionistas a los que les incomoda su asociación con Shyamalan al contratarlo como productor?

Es posible que los inversionistas simplemente crean que Shyamalan sigue siendo un auténtico talento; pero un talento que ahora, debido a las expectativas del espectador, no debe filmar sus propias cintas. Después del éxito indiscutible de The Sixth Sense, muchos críticos creyeron que Shyamalan era la próxima encarnación de Steven Spielberg. Pero el peso –y las premisas– de esas primeras cintas parecieron forzarlo a contar historias similares. Eventualmente no pudo superar las expectativas de una audiencia que, película tras película, le exigía inesperadas vueltas de tuerca en sus desenlaces mientras lo denostaba por adherirse a la misma fórmula.

Sin embargo, como queda en evidencia con sus primeros intentos, es indiscutible que Shyamalan tiene un don para matizar las emociones humanas y una innegable capacidad para iluminar esos instantes en el contexto del género que le gusta. También es cierto que tiene un rango más amplio de lo que la gente cree. Pocos lo saben, pero sus dos primeras cintas fueron diminutos dramas independientes. Quizás alejándose de la silla de director y manteniéndose como un hombre que provee ideas, sus inversionistas puedan mantenerlo en un lugar desde el cual pueda seguir narrando sin batallar constantemente con las expectativas de su cada vez más reducido público.

Quizás Devil tendrá éxito sin esconder ninguna vuelta de tuerca al final. Quizás esta nueva cinta cambie la característica estética moribunda de Shyamalan por un terror más inmediato y emocionante.

En otras palabras: quizás adoptar ser productor le permita contar historias que se alejen del estereotipo de sus cintas. El tipo aún tiene talento. Pero lleva años sin hacer algo que lo demuestre. Y quizás este cambio de trayectoria en su carrera lo libere para explorar su rango y entregar mejores películas, aunque tenga que aguantar un par de abucheos en el proceso.

-Tom Campana