Jack Bauer, premio Nobel de la Paz | Letras Libres
artículo no publicado

Jack Bauer, premio Nobel de la Paz

10:00 AM – 11:00 AM:

El ex agente de la Unidad Anti-Terrorista Jack Bauer se encuentra en casa jugando con su nieta, disfrutando de su retiro, cuando recibe una urgente llamada del Presidente de los Estados Unidos pidiéndole que regrese al servicio para abatir una terrible amenaza que solamente él puede combatir.

Ésta es la premisa de la más reciente temporada de la serie de televisión 24. Es también –palabras más, palabras menos- la premisa de todas las temporadas de 24, una serie que ha demostrado atenerse al dogma de toda telenovela mexicana: si algo funciona, no lo cambies. En un principio, el concepto de contar la temporada en tiempo real e irlo dosificando al espectador en capítulos de una hora a la semana, fue fresco, dinámico y muy adictivo. No podías esperar siete largos días para enterarte de las siguientes volteretas en la historia. Había quien se aguantaba hasta el final del año para comprarla en DVD y poder verla de un solo golpe. ¿Qué fue lo que falló?

Los primeros tres años de la serie fueron excelentes. Las historias explotaban al máximo el concepto de tiempo real: cada capítulo era una dosis compacta de adrenalina. Un atentado o asesinato frustrado en Los Ángeles poco a poco iba desenmascarando una amenaza a nivel nacional. El gobierno de Estados Unidos llamaba al agente de la unidad anti terrorismo, Jack Bauer, para resolver la crisis. Tras veinticuatro horas de matar a cuanto eslavo/británico/árabe/narcotraficante se le parara enfrente, Bauer saved the day.

Otro de los motivos por los que 24 mantenía en suspenso a los espectadores tenía que ver con una ley que los creadores de la serie habían impuesto desde la primera temporada: cualquiera de los personajes podía morir en cualquier momento. Nadie estaba a salvo, más que Jack Bauer. Pero esta valiente decisión terminó convirtiéndose en un auténtico problema. Debido a que no cuenta con una base sólida de actores recurrentes, y con la constante entrada y salida de nuevas caras, 24 le impide al espectador encariñarse con los personajes y preocuparse por su destino. Por ejemplo: en la quinta temporada mataron a dos de los personajes más entrañables del programa: David Palmer y Tony Almeida. Las temporadas siguientes no se pudieron recuperar de su ausencia, a tal grado que tuvieron que revivir a uno de ellos.

La cuarta temporada de 24 mostró, en un principio, señales de cansancio con historias lentas e inverosímiles (aún para los estándares de esta serie). Hacia los últimos diez capítulos del año la historia volvió a cautivar la atención del público, y cerraron con la promesa de que en el quinto año regresaría en grande. Lo cumplieron. Empujada por una genial vuelta de tuerca, la quinta temporada ganó Emmys en las categorías más importantes: Mejor Serie Dramática, Mejor Actor, Mejor Guión y Mejor Dirección. Al final de la temporada los chinos capturan a Jack Bauer y lo ponen en un barco. Ni su familia ni sus colegas saben lo que le sucedió. Al final del capítulo, Jack pide que lo maten. La respuesta que le dan es que estará capturado en una prisión en China por el resto de su vida.

Las posibilidades para la sexta temporada eran infinitas. Y las expectativas de los fanáticos no podían haber sido mayores. El show recibió sus ratings más altos durante el estreno de los nuevos capítulos. Veinticuatro semanas después la serie perdió más de la mitad de su audiencia y recibió las peores críticas en su historia. Los guionistas y productores prefirieron volver a usar la trama de años anteriores y hacer de Jack Bauer una especie de superhombre invencible que puede sobrevivir explosiones nucleares, pelear contra cuarenta hombres sin recibir un rasguño; pero sobre todo, el poder violar las leyes del espacio y el tiempo: Jack Bauer puede viajar del centro de la Ciudad de los Ángeles a Santa Mónica en menos de cinco minutos.

Dos años después la serie se continúa diluyendo en medio de tramas cada vez más absurdas (¿quién no ha sido presidente en 24?). Su cancelación es inminente, lo cual es lamentable dado que el programa era una de las opciones más divertidas, innovadoras y con mayor rating en la televisión. Si un programa tiene éxito y se piensa tenerlo al aire por muchos años, debe de ir madurando y nutriendo su premisa, no lo contrario.

Puede ser que la responsabilidad del declive de 24 no caiga ni en sus creadores ni en sus guionistas. Después de todo, 24 es producto de otra era: la quintaescencia de la serie de televisión bushiana, de un momento en la historia de Estados Unidos en donde la alarma era constante, en donde hasta una metrópoli desperdigada como Los Ángeles podía ser el blanco de cinco ataques terroristas y donde la tortura no sólo no era una herramienta reprensible, sino recomendable para extraer información del enemigo. Tal vez, 24 ya no tiene cabida en la era de Obama. ¿O alguien se imagina a Jack Bauer ganando el premio Nobel de la Paz?

-José Rubén Escalante