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artículo no publicado

Escandinavia en la ciencia ficción

Último texto de Escandinavia vista a través del cine, dedicado a la creación del planeta Hoth, en el quinto episodio de Star Wars, sobre los glaciares de Noruega.

Antes de que la actriz noruega Liv Ullmann, diva del cineasta sueco Ingmar Bergman, se convirtiera en directora de cine en los años noventa y varias décadas después de que la filmografía noruega comenzara a destacar mundialmente, hubo un afamado productor norteamericano que se inspiró en las tierras nórdicas para recrear uno de los mundos favoritos de la ciencia ficción: el planeta helado de Hoth.

Eran los años ochenta y el cine noruego pasaba por un periodo de recesión que no superaría hasta 1987 cuando Nils Gaup estrenó Veiviseren (Pathfinder),película basada en una leyenda lapona.  Sin embargo, en aquellas épocas en las que Star wars se había convertido en un hito de la cinematografía mundial, una sola secuencia a manos de George Lucas bastó para inmortalizar uno de los paisajes más misteriosos de Noruega, y sin duda una de las locaciones más agrestes de la historia del cine: el glaciar de Hardangerjøkulen.

Ubicado entre Oslo y Bergen, en los municipios de Ulvik y Eidfjord, Hardangerjøkulen es el sexto glaciar más grande de Noruega y uno de los destinos turísticos más célebres del país. Cuenta con una superficie de 73km2, completamente envuelta en hielo, la cual George Lucas escogió para celebrar la legendaria batalla de Hoth entre los rebeldes y el ejército de Darth Vader, secuencia con la que da inicio The empire strikes back, estrenada el 17 de mayo de 1980.

De acuerdo a Michael Kaminski, en The secret history of Star wars, es probable que la idea de un planeta completamente compuesto de nieve—que según los “expertos” de Wookieepedia alcanza temperaturas de -32°durante el día y -60°durante la noche— haya sido uno de los primeros ecosistemas que George Lucas ideó hacia 1973, quizás influenciado por la serie de Flash Gordon conquers the universe (1940), donde aparece un mundo congelado en los episodios de Freezing torture y Walking bombs.

 

           

Lo cierto es que, sin importar cómo surgió en la narrativa de Lucas o bien, sus orígenes en la mitología de Star wars, el planeta Hoth pronto se convirtió en una de las creaciones más emblemáticas de la saga no solo gracias al paisaje inhóspito del glaciar Hardangerjøkulen, sino también debido a la combinación de movimientos de cámara, efectos especiales y recursos narrativos que George Lucas y su equipo, liderado por el director Irvin Kershner y el fotógrafo Peter Suschitzky, emplearon en esta película.

Las tomas aéreas y panorámicas al inicio de The empire strikes back nos trasmiten la amplitud de ese “monstruo de hielo” mientras que los tonos azulados y la escena en la que Han Solo corta a un tauntaun (criatura bípeda usada como bestia de carga por los rebeldes en el Episodio V) para que Luke Skywalker pueda calentarse entre sus vísceras y no morir congelado nos ambienta en ese entorno glacial, prácticamente inhabitable para la especie humana.  

Al igual que otros recursos narrativos de Star wars, esta escena tiene cierta similitud con la obra de Akira Kurosawa (a quien Lucas admiraba e intentaba emular), en este caso, con la  toma de Dersu Uzala—película traducida al español como El cazador y estrenada unos años antes, en 1975— en la que sus protagonistas, el capitán Vladimir Arseniev y Dersu, un cazador nómada de origen asiático, son atrapados por una ventisca en la taiga siberiana. Confundidos y asustados por el crudo y traicionero paisaje, el capitán Arseniev y Dersu comienzan a preparar un refugio con ramas secas para pasar la noche, pero el capitán cae y Dersu tiene que arrastrarlo al refugio para salvarlo.  Tanto en esta escena como en la que Han Solo salva a Luke Skywalker hay elementos que concuerdan: la paleta de colores, el viento frio soplando con tal fuerza que impide la visibilidad, el vínculo amistoso entre el salvador y la víctima, y por supuesto, un clima extremadamente gélido y peligroso.

Para recrear este mundo de fantasía, George Lucas no sólo se benefició de las virtudes del paisaje y de las bondades de Finse, la estación más grande del complejo ferrocarrilero de  Noruega,  sino que también utilizó toda clase de efectos especiales. Por ejemplo, para plasmar la entrada a la Base Eco, el refugio secreto de los rebeldes,  utilizó un montaje inspirado en los bocetos del artistaRalph McQuarrie que luego fueempalmado a las tomas del glaciar, mientras que el movimiento de las máquinas y naves enemigas se realizaron por medio de maquetas y de las limitadas técnicas de animación que se conocían a principios de los ochenta.

También, para filmar las escenas donde el wampa, una especie de Yeti intergaláctico, atrapa a Luke Skywalker se utilizaron diversos artilugios: por un lado, se empleó una botarga y  las extremidades de una marioneta para dar la idea de confrontación entre ambos personajes y por otro lado, las tomas fueron complementadas con tomas de estudio ambientadas con un excelente diseño de audio que le valió un Oscar de la Academia para dar la sensación de que el wampa estaba dentro la cueva donde se encontraba prisionero Luke.

George Lucas no ha sido el único cineasta que ha visto en los parajes noruegos mundos de fantasía.  También la saga de Harry Potter —que de cierto modo es un homenaje al cine británico pues emplea en la mayoría de sus películas actores nacionales y locaciones ubicadas en las islas británicas— no pudo escapar de la tentación de utilizar el paisaje escarchado de los fiordos noruegos para filmar las escenas invernales de Harry Potter and the half-blood prince (2009).

Situado a 574 metros de altura, no es casualidad que David Yates, el director que llevó a la pantalla el sexto libro de esta saga, haya elegido a Bjorli y al tren de Rauma para completar las locaciones de Harry Potter, ya que este trayecto que inicia en Bjorli y desciende hasta el fiordo de Romsdalsfjordjusto a nivel del mar, permite contemplar la belleza invernal y paisajes de ensueño como el  Trollveggen, la pared montañosa vertical más alta de Europa, y el impresionante Kylling Bridge.

 

 

No obstante, a pesar de estos dos ejemplos de la cinematografía mundial, Noruega continúa siendo un territorio poco explorado como locación. Ciertamente, en los últimos años las producciones noruegas han aumentado y películas como Zero Kelvin de Hans Petter Moland, El otro lado del domingo de Berit Nesheim e Insomnia de Erik Skjoldbjærghan competido en los principales festivales internacionales, pero en comparación de su país vecino, Suecia (que además de una larga tradición en el séptimo arte cuenta actualmente con  importantes centros cinematográficos como Trollywood, la provincia de Escania y Estocolmo), Noruega es todavía una región poco vista en la pantalla grande que ofrece interesantes escenarios.