En el camino: It Happened One Night | Letras Libres
artículo no publicado

En el camino: It Happened One Night

La hemos visto hasta cansarnos: la historia de un hombre y una mujer que son polos opuestos; se conocen en una situación adversa y se odian, pero las circunstancias los obligan a estar juntos hasta que terminan por enamorarse. Es la premisa de innumerables comedias románticas. La película responsable de este cliché se llama It happened one night, y es extraordinaria. Inspirada en un cuento de Samuel Hopkins Adams y dirigida por Frank Capra, fue la primera en llevarse los cinco Oscares principales (producción, dirección, guión, actor y actriz principal). Solo otras dos películas han logrado este mérito: One flew over the cuckoo’s nest (1975), y The silence of the lambs (1991).

La historia comienza en Miami. Es el año de 1934, y mientras el resto del país vive los rezagos de la Gran Depresión, la pobre niña rica Ellie Andrews (Claudette Colbert), encerrada en el camarote de su yate, amenaza con no volver a probar bocado. Y todo porque su padre la ha separado de –según ella- el amor de su vida: un hombre con el que se casó por pura rebeldía. Egoísta y malcriada, Ellie está harta de que su padre dicte su vida. Si es una “idiota testaruda”, como su padre la llama, no es culpa de ella. “Provengo de una larga línea de idiotas testarudos,” exclama Ellie antes de lanzarse un clavado al mar y escapar a la estación de camiones. Su destino: Nueva York. Ahí la espera el susodicho.

En el camión conoce a Peter Warne (Clark Gable), un periodista sin trabajo que promete ayudarla a cambio de un reportaje exclusivo del escándalo de su boda y su escape a Nueva York. Después de todo, la protagonista es una famosa heredera que figura en las planas de sociales. Y así comienza un largo viaje lleno de incomodidades. Los protagonistas pierden el camión, el dinero y las maletas. Por si eso no fuera suficiente, Ellie y Peter se detestan y pasan la mayor parte del tiempo peleando. Para ella, Peter no es más que un oportunista arrogante con un ego colosal. Para él, ella es una niña malcriada que pretende arreglar todo con dinero. Tienen razón. Pero es gracias a sus defectos que estos dos personajes resultan entrañables. Clark Gable, al no ser todavía el galán establecido de Lo que el viento se llevó (1939), le brinda una cualidad brusca al personaje. El tipo es encantador, aunque no es un príncipe azul que cumpla con los parámetros del cuento de hadas tradicional. Por su lado, Colbert interpreta a Ellie como una mujer inteligente, segura y tenaz. Pero lo hace sin perder el toque de inocencia que la hace tan cautivadora a los ojos de su contraparte.

It happened one night es una película cándida, con diálogos ingeniosos y escenas que exploran los placeres simples de la vida. Mi favorita: Ellie y Peter desayunan en un motel y discuten sobre la técnica apropiada para sopear una dona en el café. La más famosa: Peter explicando las diferentes formas de pedir aventón con la mano; un intento inútil hasta que Ellie levanta su falda, enseña la pierna y consigue parar en seco al siguiente conductor.

Es verdad que la cinta contiene algunas situaciones ilógicas. ¡Quién creería que a Ellie le bastaría con cambiar su peinado y desabrocharse un botón para que los detectives de su padre no la reconozcan a medio metro de distancia! Pero la historia sobresale por su capacidad para mantener una tensión cargada de erotismo hasta el final. No hay un gramo de sexo entre los protagonistas. Vaya, no nos regalan ni un beso. Cuando se ven obligados a compartir el cuarto de un motel, Peter cuelga una manta que divide sus dos camas individuales. La “Pared de Jericó”, la llama él, “una pared que el sonido de ninguna trompeta logrará tirar” y el símbolo perfecto de la tensión sexual que viven los personajes. Al final de la película, el padre de Ellie recibe un telegrama que dice así: “la pared de Jericó se tambalea.” Inmediatamente después en un motel, suena una trompeta y cae una manta al suelo. Adiós, tensión.

It happened one night evoca el encanto de una época más simple, cuando la naturaleza de un romance era más ingenua, y la gente cantaba a la menor provocación. Es el carisma de Gable, la clase de Colbert, y Capra en su mejor momento.

- Olga de la Fuente