El Sueño de Lú | Letras Libres
artículo no publicado

El Sueño de Lú

El sueño de Lú ofrece al espectador una noción de un terrible rincón humano. 

El sueño de Lú (2011), escrita y dirigida por Hari Sama es una trinchera ante los pesares que la vida puede poner frente al ser humano, en particular a la mujer, la madre. Cada plano de la cinta es desconsolador y, sin embargo, quienes la hicieron supieron encontrar belleza aún dentro de ese pozo oscuro y triste.  

El único tema es lo que implica para una madre la muerte de un hijo. De eso trata toda la película, dividida en tres momentos en orden cronológico que comienzan con la recuperación de un intento de suicidio hasta la reconstrucción de una vida que se hizo añicos tras la pérdida. El hijo de Lucía muere de un aneurisma cerebral cuando apenas es un niño. Al ser madre soltera está completamente sola en el duelo, por más que su madre y su familia cercana la acompañen. Acude regularmente a terapia de grupo con otras madres en situaciones semejantes. Al parecer, según la terapeuta, no hay palabra para designar ese dolor en ningún idioma. A quien pierde a un esposo se le llama viuda, quien pierde a los padres, huérfano, pero el pesar de perder a un hijo es tan hondo que no tiene nombre. Lucía atraviesa ese calvario.

La interpretación de Úrsula Pruneda es sutil y al mismo tiempo profundamente dramática. No sobra un solo gesto. Encarna al personaje a flor de piel. El espectador se debate entre la angustia de atestiguar la aflicción y el placer de una actuación fuera de serie. Lo mismo sucede con la cámara; la sencillez de cada plano subraya la delicadeza con la que fue filmada. La luz es siempre justa.

En realidad la actriz se interpreta a sí misma. La historia verdadera detrás de la pantalla es similar a la que cuenta la trama. Úrsula y Hari tenían una hija que murió en un accidente automovilístico —a aquella niña está dedicada la cinta—. Él director, ella actriz, al paso de los años llevaron su historia al cine, si bien los cambios al escribir el guión fueron mayúsculos. Los hechos reales fueron sustituidos por otras situaciones, solo queda el duelo por parte de la madre. Úrsula, como Lucía, perdió una hija. Su interpretación, entonces, es mezcla del talento y la experiencia, la más terrible experiencia por la que puede uno pasar. El valor de recrear el sufrimiento a partir del cine es una proeza. La obra de ficción por sí sola es un canto de dolor que se vuelca hacia la vida; la unión con la vida real hace del acto de expiación una verdad poética.

Mientras la experiencia de Pruneda en teatro y en cine es capaz de explicar este resultado, el trabajo previo de Sama hace de El sueño de Lú una hazaña aún más sorprendente. Años de dirigir comerciales de publicidad para televisión, un par de cortometrajes y una película, la olvidable Sin ton ni Sonia (2003), son lo que hay detrás. El paso de la publicidad al cine suele tener resultados disímiles, ahí está el caso de Malos hábitos de Simón Bross o Sobrenatural de Daniel Gruener. El uso frecuente de lentes telefoto que separan las caras del fondo fuera de foco es el único vestigio de esas imágenes hechas para vender productos que suelen colarse al cinematógrafo: tomas preciosistas, excesiva iluminación artificial y movimientos de cámara gratuitos. El sueño de Lú es discreta y moderada tanto en la cámara como en el drama, porque no solo Pruneda lo hace bien. El elenco en su conjunto la acompaña con esmero, lo cual también es su acierto, pues fue una de las responsables de escogerlo.

El sueño de Lú logra dibujar el abismo, ofrece al espectador una noción de ese terrible rincón humano. Por más que sea una noción vaga y distante dada la dificultad de imaginar lo que ese dolor significa, es un acercamiento, un esfuerzo por hacernos partícipes de lo innombrable. El ojo del público se asoma a la mirilla de la puerta para atestiguar por un momento ese caudal de emociones fuertes, y descubre que entre las tinieblas hay breves destellos de luz. Al final de la cinta no queda más que agradecer el empeño titánico de sus realizadores. La rareza de una película como esta es un milagro en un mundo que brilla por su indiferencia.