El oficio del guionista, III | Letras Libres
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El oficio del guionista, III

Sabrina Dhawan nació en Inglaterra, fue criada en Delhi y actualmente vive en Nueva York. Su primer guión en llegar a la pantalla grande, Monsoon Wedding, dirigida por Mira Nair, obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia 2002 y una nominación al Globo de Oro por Mejor Película Extranjera. Además de su trabajo con Nair, Dhawan participó en 11.9.01, un cortometraje sobre los ataques terroristas del nueve de septiembre para Canal Plus. Es también la coescritora de Kaminey e Ishiqiya y la coproductora de Bollywood Hero. Ha trabajado para 20th Century Fox, HBO y Disney Animation. Dhawan ha dado clases en Columbia University y en varios laboratorios de guionistas alrededor del mundo. Es la cabeza del área de guionismo en la Tisch School of the Arts, New York University. Actualmente trabaja en la adaptación musical para Broadway de Monsoon Wedding y en la adaptación fílmica del musical Bombay Dreams.

¿Crees que el trabajo de los guionistas es menospreciado?

Sin duda alguna. Cuando la gente piensa en sus películas favoritas generalmente recuerda a los actores estelares y al director, pero rara vez saben el nombre del escritor. A diferencia de las obras de teatro, las películas no son conocidas por la persona que las escribió.

Por lo menos desde los años sesenta, el cine ha sido, a veces de manera injusta, considerado un medio que le pertenece al director. Y aunque el director suele estar involucrado por un lapso mayor de tiempo con el guión y con la cinta, el proceso no comienza con él. El proceso comienza con el escritor. Comienza con una hoja en blanco.

Hay ciertos directores que suelen ser muy particulares con respecto a las películas que hacen. Martin Scorsese ha trabajado muchísimas veces con Paul Schrader. Así que el tono de las cintas en las que colaboraron le puede pertenecer a Scorsese o a Schrader. Con Spike Jonze sucede algo similar. Ha trabajado en repetidas ocasiones con Charlie Kaufman –un guionista con una sensibilidad muy peculiar– así que es difícil determinar si las cintas en las que colaboran deben su tono al director o al escritor.

¿Qué piensas de los directores que decretan la autoría de una cinta al poner su nombre debajo del crédito “Una cinta de…”?

No te puedo explicar lo desagradable, narcisista y molesto que me resulta ver a una persona adjudicarse la propiedad de algo tan complejo que requiere del esfuerzo y el trabajo de cientos y cientos de personas para ser creado. El único director que puede decretar que una cinta es sólo suya es Woody Allen, porque produce, dirige, escribe y protagoniza sus películas. Si hay alguien que puede usar ese crédito es él. Y no lo hace.

¿Alguna vez has tenido que explicarle tu profesión a alguien que no tiene idea en qué consiste ser guionista?

Sí. Alguna vez escuché a un conocido decir que el público cree que los actores escriben sus propios diálogos y que solamente la gente culta sabe que eso no es cierto: porque ellos saben que realmente es el director el que los escribe.

En lo que a la audiencia se refiere, a veces la gente no está consciente de que hay un escritor detrás de lo que ven en pantalla. Y si tienen una noción de ellos, entonces es una idea vaga de lo que es un guionista. Es decir, piensan que el escritor sólo se encarga de los diálogos. Lo que no saben es que el diálogo es el elemento menos importante dentro del proceso del guión. Lo más difícil del guionismo es imaginar a tus personajes, pensar en lo que hacen; imaginar una estructura coherente en la que las escenas encajen unas con otras; y, sobretodo, pensar en términos dramáticos: ver qué incrementa la tensión narrativa.

Ahora que la gente sabe más del oficio del guionista, es mucho más común escuchar a alguien que no es escritor decir que tiene una magnífica idea para una película. ¡Todo mundo tiene una gran idea para una película! Y mi respuesta cuando me dicen eso es siempre la misma: “Si te parece tan sencillo, ¿por qué no escribes una?”

¿Qué talentos y habilidades consideras indispensables para un guionista?

Las habilidades varían dependiendo del escritor. Sin embargo, hay una habilidad que es imprescindible en un buen guionista: instinto dramático. Y no me refiero al melodrama sino a aquello que es interesante ver en pantalla. ¿Qué hace que una escena funcione? Sólo alguien con instinto dramático puede saberlo. Desgraciadamente, eso no se enseña.

A la mayoría de los grandes escritores les interesa observar el comportamiento humano. Por lo tanto deben tener la habilidad de ser perceptivos y captar cosas que el resto de la gente pasaría por alto. Por último: un buen guionista debe ser un buen narrador. Debe saber cómo contar una historia.

¿Qué tan involucrada has estado en la producción de tus guiones?

Estuve muy involucrada en la producción de Monsoon Wedding. Es más fácil formar parte de cintas de bajo presupuesto porque hay menos personas involucradas en el proceso. La creación de la película se siente como una empresa más colaborativa, y la gente que trabaja en ella suele hacerlo porque cree en el proyecto más que por un interés financiero. Estuve en el set de Monsoon Wedding todo el tiempo, trabajé con Mira Nair en las sesiones de casting y de musicalización, así como en las primeras juntas con los actores. Vi todos los cortes de la película antes de su estreno.

Dicho lo cual, mi experiencia con Mira fue única. En general, a los directores no les gusta contar con la presencia de los guionistas durante la filmación. Como escritor ciertamente disfrutas estar en el set y contribuir en lo que puedas. Y en la mejor de las circunstancias, puedes ser de una enorme ayuda. A los actores, por ejemplo, les gusta hablar de sus personajes para entenderlos, y no hay una sola persona que pueda responder mejor sus preguntas que el guionista. No obstante, el motivo por el que esto tiende a no funcionar es porque el cine es el arte que requiere de mayor esfuerzo colectivo. Una vez que terminas de escribir una cinta, debes dejarla ir. Si no sabes cómo dejarla ir no puedes formar parte de este negocio. Y es muy difícil perder el control de lo que has escrito porque el producto final siempre será distinto al que tenías en mente. A veces será mejor y a veces será peor.

El motivo principal por el que a los directores y a los productores no les gusta que el escritor esté en el set es porque los guionistas rara vez estamos conformes con la manera en la que se lleva nuestra visión a la pantalla. Estamos ahí, vemos cómo cambian la estructura de nuestro “bebé”, y nos molestamos o irritamos por lo que está ocurriendo. Y esto, por supuesto, socava la autoridad del director en el set. Y durante la filmación el director es el capitán que mantiene el barco a flote.

Una vez que culmina la filmación de una película, ¿te sientes apartada del proceso?

Constantemente. Cuando vas a festivales, sin importar que tu película haya sido exitosa, jamás te entrevistarán tanto como al director.

Ser guionista significa ser tolerante. Es una profesión que tiene elementos injustos que no dejan de lastimarte. Simplemente hay que aprender a manejar ese dolor. Es importante recordar que la gente que está involucrada en el negocio de hacer cine –es decir, la gente que eventualmente te contratará– sabe que tú escribiste la película. Por lo tanto, si a la cinta le va bien, a ti te va bien.

Israel Horowitz fue el encargado de dar el discurso de graduación en el departamento de guionismo (NYU). Y recuerdo que recalcó lo importante que es el anonimato para un guionista. A un escritor no debe de importarle la fama porque en el instante en el que su rostro es reconocido pierde la capacidad de vivir una vida normal. Y es de ahí de donde mana la inspiración: de la habilidad de observar sin ser observado.

Dicho lo cual, sí hay un momento en el que los escritores nos sentimos como estrellas: cuando los productores quieren que firmes un contrato. En ese instante te conviertes en un objeto deseable porque ellos saben que sin un guión, no van a conseguir a ningún actor ni director para el proyecto. Pero la adulación acaba cuando levantas la pluma. Los productores se van después de haberte usado.

Te voy a platicar de una fantasía que le robé a William Goldman. Hace tiempo, Goldman declaró que sueña con el día en el que pueda responderle a un productor que desea hacer cambios en su guión: “¿Sabes qué? Soy demasiado viejo y demasiado rico para tolerar tanta chingadera. Me voy”. Estamos hablando de un escritor que ha ganado el Óscar en dos ocasiones y que, en efecto, debe de tener millones de dólares en el banco. Así que no son sólo los escritores de medio pelo los que se enfrentan a productores necios. Todos los guionistas tienen que lidiar con eso.

En el teatro y la televisión, los escritores parecen tener la propiedad de facto del material. ¿Por qué en el cine es diferente?

En medios distintos del cine el escritor es dueño de la obra. En el cine el escritor vende los derechos de su obra, de tal manera que cuando uno firma un contrato vende los personajes y la mercadotecnia relacionada con su cinta en todos los medios de la galaxia. Una vez que obtienes dinero, no eres dueño de absolutamente nada.

¿Alguna vez has considerado un cambio de profesión?

La respuesta correcta sería: no. Es como una de esas cosas que la gente dice con respecto a la actuación: si puedes pensar en algo más que hacer, hazlo. Porque actuar, como escribir, es una carrera teñida de rechazos. Es muy difícil arrancar como escritor.

¿Qué le dirías a tu hijo si en quince años te dijera que quiere ser guionista?

Le diría: “Pero por supuesto que no. Vas a ser doctor y se acabó”. Y eso fue exactamente lo que me dijeron mis padres cuando era niña. Y por supuesto que no les hice caso.

-Olga de la Fuente