El espectáculo de la filosofía | Letras Libres
artículo no publicado

El espectáculo de la filosofía

Está claro que cuando se dice que hay que sacar la filosofía de las aulas y llevarla a las calles no necesariamente se está diciendo que hay que sacar a los filósofos de las aulas y llevarlos a las calles. Eso, sin embargo, es lo que hace la documentalista Astra Taylor (Winnipeg, 1979) en Examined Life (2008). Justamente eso: invita a ocho pensadores contemporáneos a andar por los espacios públicos de algunas ciudades y los filma mientras andan y hablan. Tan sencillo como eso: Peter Singer camina por la Quinta Avenida, en Nueva York, y expone una ética del consumo; Slavoj Žižek va y viene en un basurero londinense y dispara contra la ideología ecologista; Judith Butler recorre algunas calles de San Francisco y reelabora sus ideas sobre el género y los cuerpos. Además: Avital Ronell pasea en un parque neoyorquino, Martha Nussbaum deambula alrededor del lago Michigan, Michael Hardt rema en Central Park, Kwame Anthony Appiah circula por el aeropuerto de Toronto y Cornel West viaja abordo de un coche a través de las calles y avenidas de Manhattan.

Ya se sabe: el cine no es el medio más apropiado para filosofar. Desde luego: menos todavía si se obliga a los filósofos, como se hace aquí, a exponer sus ideas rápidamente, en un lapso de no más de diez minutos. Aparte: no solo deben pensar y resumir y hablar y andar; deben hacer todo ello fotogénicamente, en un lenguaje transparente, sin referirse al contexto en que se inscriben sus ideas ni dejar ver el aparato crítico que las sostiene. No es una sorpresa, pues, que varios de ellos tartamudeen y tropiecen –Appiah simplifica groseramente, Nussbaum nunca se enciende y Hardt balbucea dos o tres obviedades sobre el concepto “revolución” al tiempo que intenta mantener a flote una lancha en el lago de Central Park. Hay, sin embargo, un par bastante conciso y efectivo (Žižek y Singer) que opta por ilustrar una sola idea, y otros dos (Ronell y West) que toman la ruta contraria –la divagación, el flujo casi libre de ideas y referencias– y vaya que convencen. Pero ¿es solo mi opinión o es obvio que Judith Butler se roba la película? Hay que verla: pantalones holgados, chaqueta negra, un cuerpo delgadísimo del que se han borrado muy deliberadamente los rasgos “femeninos”. Hay que seguirla mientras acompaña a Sunaura Taylor, hermana mayor de la directora y quien emplea una silla de ruedas, en un paseo por el Mission District de San Francisco. ¿De qué charlan? Del acto mismo de caminar. Los lectores de Butler pueden anticipar el argumento: es la repetición de ciertos hábitos la que ha terminado por naturalizar una forma de caminar, un modo de bambolear el cuerpo, y por excluir otros andares, otros cuerpos.

Ahora bien: quien se acerque a este documental en busca de grandes revelaciones o, peor, de consejos prácticos para mejorar fácilmente su vida se llevará un chasco. Lo que hay aquí son solo ocho conversaciones, además brevísimas, con ocho pensadores. Esa es, de hecho, la virtud de la película: es modesta, no pretende hacer de todo esto un espectáculo. Es, en realidad, tan sobria que alcanza a esquivar elegantemente los peligros más obvios a la hora de divulgar filosofía. Por ejemplo: no confunde el pensamiento teórico con los tratados de superación personal; al contrario: ya en la primera conversación se rechaza toda posibilidad de arribar a un significado trascendente y se postula la ansiedad como el verdadero humor filosófico. Tampoco se sugiere que exista una unidad en el pensamiento contemporáneo y que este marche tersamente hacia alguna parte; al revés: se alumbran ocho discursos distintos, a veces discrepantes, y se deja que cada uno entre en tensión con los otros. Mejor: en vez de sumergirse en abstracciones metafísicas, Taylor (que en 2005 estrenó Zizek!) ofrece sencillamente un atisbo al muy materialista campo teórico de hoy –un campo ya irreparablemente atravesado por la sociología y la estética y la política.

El trailer de la película, aquí. Allí mismo, en YouTube, se pueden ver los ocho paseos, oír las ocho conversaciones.

-Rafael Lemus