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Voy a explotar, de Gerardo Naranjo

Tras debutar con la polémica Dramamex, el cineasta mexicano Gerardo Naranjo entrega un nuevo trabajo que despierta el entusiasmo por diversos motivos: es una cinta bien narrada y emotiva que, a pesar de tocar un tema recurrente en la filmografía contemporánea –la rebeldía y el vacío de los jóvenes frente a un mundo que no los comprende-, se las arregla para ser original. Las actuaciones son notables, incluida la de Rebecca Jones, una actriz acostumbrada al acartonamiento telenovelero. Por su parte, Daniel Giménez Cacho se nota cómodo en un papel secundario y, por momentos, se roba la película encarnando a un politicucho de cuarta. La historia de dos adolescentes que deciden huir de todo y de todos y esconderse en la azotea de la casa de uno de ellos, es una poderosa metáfora de la incomunicación afectiva que asola nuestros días.

Arrástrame al infierno, de Sam Raimi

El director de la saga de Spiderman vuelve con esta película al cine que le vio nacer: el de terror de bajo presupuesto, con dosis de humor negro y situaciones tan escalofriantes como ridículas. Un divertimento personal, antes de que se ponga a filmar la cuarta parte del arácnido más famoso. Aunque Arrástrame al infierno no es tan extrema como su trilogía de El despertar del diablo (Evil Dead 1 y 2 y Army of Darkness), tiene ese espíritu de horror desparpajado que caracterizó a esos primeros filmes. La cinta es entretenida y cuenta con dos secuencias inolvidables, ambas relacionadas con la lucha a muerte desatada entre la protagonista, una ambiciosa prestamista, y la gitana diabólica que la maldice tras sentirse humillada (una ocurre dentro de un auto y la otra, en una fosa). Los amantes del género no se sentirán decepcionados.

Enemigos públicos, de Michael Mann

El director estadounidense Michael Mann nos tiene acostumbrados a entregar buenas piezas de cien comercial, en las que hace una efectiva mezcla de acción y contenido. Sus escenas de balaceras han dejado escuela, como en Fuego contra fuego: le gusta filmar a los que disparan por encima del hombro, muy cerca de donde van saltando los casquillos y del sonido atronador. En Enemigos públicos se da vuelo con estas secuencias, mientras nos cuenta la historia de John Dillinger, el asaltabancos de la era de la Depresión que se creía invencible y se convirtió en un ídolo popular. Un antihéroe que robó bancos burlándose descaradamente de la policía, hasta que lo traicionó una mujer. Johnny Depp y Christian Bale hacen mancuerna de lujo, y la presencia de la inquietante Marion Cotillard (La vida en rosa) complementa un entretenimiento de principio a fin.

- Bernardo Esquinca