Coppola, Sigismondi y las adolescentes | Letras Libres
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Coppola, Sigismondi y las adolescentes

Cecilia, la hija menor de la familia Lisbon, yace en la cama de un hospital después de un intento fallido de suicidio. “¿Qué haces aquí, cariño? No tienes edad para entender lo dura que puede ser la vida”, le dice el doctor. “Obviamente, Doctor, usted nunca ha sido una adolescente de trece años.” Así comienza -después de una breve secuencia que presenta a la familia Lisbon y revela el intento de suicidio de la adolescente- The virgin suicides (1999) de Sofia Coppola, anticipándonos una historia de angustia y desesperanza de la adolescencia femenina.

The runaways (2010) de Floria Sigismondi, comienza con una imagen que rara vez se ve en pantalla: la menstruación. La cámara descubre una minifalda y unas piernas desnudas. Una mancha de sangre cae sobre el pavimento. Se escucha una voz que con desdén exclama: “¿Y ahora que voy a hacer?” Es así como conocemos a Cherrie Currie (Dakota Fanning) quien más adelante se convertirá en la vocalista del conjunto de rock del mismo nombre que la película. Esta escena establece el tono de la cinta: obscena y sin tabúes; así como el proceso de transformación que Currie está por vivir.

Cuando hablamos de Sofia Coppola y Floria Sigismondi, hablamos de dos cineastas casi opuestas. El cine de Coppola es sutil y delicado. Sus imágenes evocan el estado de ánimo de los protagonistas mediante el uso de cámara subjetiva, lentes largos, y cámara en mano para los momentos de mayor libertad. Sus historias son dulces, románticas, con un ligero toque de humor. Su estilo es, en una palabra, elegante.

Por su parte, la canadiense Sigismondi, directora de videos musicales (Marylin Manson, The White Stripes, David Bowie, The Cure y Björk por nombrar sólo algunos), tiene un estilo franco, hiperrealista, cargado de sexualidad, y lleno de enojo. Las imágenes están saturadas de color y sus personajes están despojados de todo glamour. Basta con ver el video de "The Beautiful People" de Marilyn Manson, para entender el estilo de cámara en constante movimiento de la directora. A pesar de sus diferencias, Coppola y Sigismondi se parecen en su habilidad para retratar la adolescencia femenina.

The virgin suicides, adaptada de la novela homónima de Jeffrey Eugenides, cuenta la historia de cinco hermanas adolescentes -las Lisbon- que se suicidan en un suburbio de Michigan en los años setenta. Coppola crea una metáfora de la sensación de aislamiento en la adolescencia al encerrar literalmente a las adolescentes en su casa, después de que sus padres las sacan de la escuela y les prohíben salir a la calle. Lo anterior es un tema recurrente en el cine de Coppola. Mujeres encerradas: Scarlett Johannson en un hotel en Tokio, Kirsten Dunst en Versalles, y las Lisbon (con Kirsten Dunst, también) en su casa.

Floria Sigismondi hace su debut como guionista y directora con The runaways. La película, basada en las memorias de Cherrie Currie, cuenta la historia de la primera banda de rock de mujeres en los años setenta, y se centra en la relación de Currie con la guitarrista Joan Jett (interpretada sorprendentemente bien por la heroína de la saga Twilight, Kristen Stewart). Currie –que apenas rebasa los 15 años- es la encarnación de la rebeldía. Su manager (un genial Michael Shannon) la define como “la hija ilegítima de David Bowie y Brigitte Bardot, con una expresión que dice: ‘Le podría partir la cara a un camionero.”

Los filmes exploran –cada uno a su manera- la sexualidad adolescente. Sigismondi juega con el deseo femenino. Jett se siente atraída por Cherrie cuando la ve por primera vez en un club nocturno. Y Cherrie, un poco por rebeldía y un poco por placer, coquetea con ella. Pero es Jett quien seduce a Cherrie cuando las chicas tienen sexo por primera vez. En una secuencia posterior, otra de las adolescentes (que no es Jett ni Currie) se masturba en la regadera mientras fantasea con Farrah Fawcett. Hemos visto niños masturbándose en el cine muchas veces, pero la imagen de una adolescente masturbándose mientras piensa en otra mujer no se ve muy seguido. Sin embargo, The runaways es una película que hace hincapié en la autonomía femenina. Si los niños se masturban en pantalla, ¿por qué las niñas no podrían hacerlo? Una pregunta similar surge cuando Joan insiste en tocar la guitarra eléctrica en su clase de música. “Las niñas no tocan la guitarra eléctrica”, dice el maestro. Pero Joan conecta su guitarra al amplificador y demuestra sus habilidades ante el gesto de horror del maestro.

The virgin suicides expresa el despertar sexual de las niñas de una manera más sutil. Coppola recurre –también- al tema de la menstruación, cuando un niño invitado a cenar a casa de la familia Lisbon abre el closet del baño de las niñas y encuentra asombrado un estante lleno de tampones.

Coppola supo alejarse de los estereotipos de las teen movies. No se puede decir lo mismo de Sigismondi. Su película acaba cayendo en los clichés de las películas de rock: sexo, drogas y la caída después del éxito. The runaways no cumple con las expectativas que crea. Existe una ambivalencia entre la historia familiar sentimentaloide de Cherrie y la historia con Joan. Parece que la directora nunca se decidió entre enfocarse en una u otra.

Las adolescentes de las dos películas tienen mucho en común. Joan, Cherrie y el resto de las integrantes del grupo son marginadas tratando de salir de sus hogares destruidos. De cierta manera, las hermanas Lisbon también son marginadas. El hecho de que sus padres las obliguen a vivir bajo reglas ridículamente estrictas, les impide ser parte de la sociedad de una manera saludable. La gente que ve a las adolescentes desde fuera (los fans, en el caso de The runaways, y los vecinos en el caso de The virgin suicides) tiene una perspectiva completamente diferente. Para los de afuera, las vidas de las Runaways y las hermanas Lisbon son fascinantes. Para las protagonistas, en cambio, sus vidas son dolorosas. El trabajo de Sigismondi y Coppola sobresale por su capacidad para transmitir la frustración de las adolescentes.

-Olga de la Fuente