Cloud Atlas | Letras Libres
artículo no publicado

Cloud Atlas

Cloud Atlas no es una película perfecta pero sí una obra interesante que reta al público, forzado a adentrarse en un lienzo de inmensa proporción. 

El engranaje del cine comercial en Hollywood siempre se ha nutrido de grandes producciones capaces de entretener a las masas y de sostener al estudio que las produce. Con el éxito en taquilla de una de esas mega-producciones se costean varias películas de mediano o bajo presupuesto. La cinta que marca el regreso de los hermanos Wachowski, creadores de la saga The Matrix, tiene el perfil de uno de esos impresionantes productos fílmicos. La ambición de Cloud Atlas (2012) es admirable. El resultado, sin embargo, arroja números rojos y una crítica irregular: hay quienes la admiran al nivel de obra maestra, y hay quienes la toman como el rotundo fracaso de un proyecto pretencioso.

La complejidad de la trama la hace difícil de sintetizar en un solo párrafo. Contada a lo largo de seis diferentes épocas, uno de los temas principales es la reencarnación del alma. En 1849 un joven abogado hace arreglos para la compra-venta de esclavos negros. En 1936 un músico homosexual se emplea como asistente de un gran compositor. En 1973 una periodista investiga el encubrimiento de un crimen en una planta nuclear. En 2012 un editor literario acaba encerrado en un asilo para ancianos después de meterse en problemas con los colegas criminales de uno de sus clientes. En 2144 una trabajadora de un establecimiento de comida rápida se da cuenta de la esclavitud en la que vive, convirtiéndose así en una iluminada a quien se le rinde culto casi dos siglos después. En 2321 una arqueóloga visita una comunidad rural post-apocalíptica en busca de un santuario capaz de comunicar a la Tierra con vida extraterrestre. La película termina en 2346, en un lugar lejano. Hay distintos hilos conductores entre las historias, que se entrelazan gracias a un diario, un intercambio epistolar, un libro o un testamento filosófico grabado en video. Además, cada miembro del elenco interpreta de tres a siete personajes distintos. El tamaño de la historia es sin duda seductor.

Basada en la novela homónima de David Mitchell, Cloud Atlas está dirigida y adaptada por tres directores: Tom Tykwer, Andy y Lana Wachowski, quien, dicho sea de paso, hasta hace poco se llamaba Larry, antes de someterse a una operación de cambio de sexo. Entre los papeles que interpreta el reparto hay varios en los que una mujer juega el papel de un hombre y viceversa. Una de las ideas que maneja la cinta es que los límites están ahí para transgredirse, una analogía con la vida privada de Lana.

La voluptuosidad del argumento tiene sus recompensas. Las seis historias se mueven con agilidad mientras se unen en el montaje, con subidas y bajadas emocionales que conducen al espectador como en una montaña rusa. Las tramas y subtramas son fáciles de seguir. Los personajes reaparecen constantemente, la estética de cada época es inmediatamente reconocible y los hilos que tejen el entramado narrativo se mezclan de manera natural y evidente. En realidad la película parece más intrincada de lo que es, con sus dos horas cincuenta de duración y sus múltiples escenarios. Además tiene un elenco de primer orden: Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Hugo Weaving, Susan Sarandon y Hugh Grant son los más conocidos.

Hay secuencias de la película que desentonan, demasiado teatrales o incluso inverosímiles aún dentro del imaginario que la recubre, sin embargo creo que los aciertos son superiores a los errores. La megalomanía del proyecto está bien llevada, aunque tiene sus debilidades. Las actuaciones varían en calidad, y algunas tramas sobresalen entre las demás. Una de ellas, la que sucede en 2144, es idéntica a The Matrix pero sin la pasión y la sorpresa de ésta última. La levedad de la trama contemporánea del editor enclaustrado en un asilo desentona con la épica de las demás: pretende ser cómica y tropieza. Algunas secuencias de acción dejan mucho qué desear, mientras que otras funcionan al poner al espectador en un estado de alerta. Aunque tiene grandes momentos y un ritmo que hace llevadera su duración, sus imperfecciones dañan el producto final.

No es una película perfecta pero sí es una obra interesante que reta al público, forzado a adentrarse en un lienzo de inmensa proporción. El costo original de producción era de 170 millones de dólares, una cifra que Warner descartó por ser demasiado alta para una cinta de este perfil. Finalmente se produjo por 101 millones, en parte gracias a que el elenco aceptó cobrar menos de lo normal. Después del estreno a fines de octubre de 2012, hasta enero de 2013 Cloud Atlas recaudó 85 millones, es decir que los 15 millones necesarios para no perder dinero tendrán que salir de las ventas en video y televisión, un escenario desalentador. Ni el éxito previo de los tres directores ni la fama mundial de las estrellas que coronan la producción lograron atraer al público que requiere un producto de este tamaño. Es por ello que la industria hollywoodense tiende a no arriesgarse demasiado, sobre todo en proyectos de costos tan elevados. El financiamiento para el siguiente proyecto de los Wachowski enfrentará más resistencia.

Cloud Atlas falló en taquilla por ser una película tan dispareja. No merece alabanzas pero sí pide ser vista; pocas son las películas de semejante proporción. Aunque la ambición de la meta fue superior a la capacidad de los realizadores, la experiencia que implica Cloud Atlas vale la pena.