Clash of the Titans | Letras Libres
artículo no publicado

Clash of the Titans

Épica en todo el sentido de la palabra, Clash Of The Titans (Desmond Davis, 1981) permanece como un hito cinematográfico por más de una razón: su reelaboración de un mito griego (nadie debe espantarse por eso: los griegos mismos fueron especialistas en hacer covers y remakes de otros mitos que les eran ajenos) resultaba adecuada a los tiempos y más que ingeniosa, sin contar el hecho por todos conocido de que se trata del último trabajo del gran Ray Harryhausen; uno de sus proyectos soñados de toda la vida.

Clash Of The Titans (Louis Leterrier, 2010) es su remake, adaptado a los dosmiles. Como la gran mayoría de los remakes de las últimas dos décadas, esta cinta funciona como un mero vehículo de lucimiento para sus protagonistas – Sam Worthington, quien estelarizó Avatar, de James Cameron, el cover run to the hills de Pocahontas para el nuevo siglo – y a manera de muestra del más impresionante trabajo de CGI de lo que va del año. Leterrier, más experimentado en el más ramplón cine de acción que en trabajos pretendidamente épicos (dirigió anteriormente las dos entregas de The Transporter y sus dos cintas más relevantes han sido Danny The Dog y el Hulk del 2008), está al mando de esta producción. Y al igual que otros covers fílmicos de años recientes, Clash Of The Titans cojea del mismo pie que el resto: una insustancialidad inaudita, un vacío discursivo que casi espanta.

En 1984, de George Orwell, el Ministerio de la Verdad opera reescribiendo y maquillando la historia a conveniencia de El Partido. El cine de alto presupuesto hollywoodense, de manera paulatina, se ha convertido en una instancia similar: con su cine úsese-y-tírese, dispuesto a reescribir ad infinitum las historias que otros nos han contado, desarmando el espíritu de la narrativa original y extrayendo su esencia, colocándola frente a nosotros como un mero divertimento, simples juguetes blockbuster. Punto y aparte es la auto censura de la que es víctima: al igual que en sus épicas antecesoras Lord Of The Rings o Avatar, en Clash Of The Titans la sangre brilla, sí, pero por su ausencia.

Mucho difiere esta Clash Of The Titans, con todo y sus estéticamente impecables reconstrucciones digitales de sitios clásicos de la mitología griega y sus monstruos diseñados por computadora (a pesar de su Kraken tan feo, con ecos innegables de aquel Cloverfield de J.J. Abrams), de aquella cinta original a la que pretende sustituir en el imaginario pop colectivo. El objetivo de esta cinta es comenzar una franquicia que dure años (y hay varios que por allí van soltando los tiros, desde Avatar de Cameron hasta una hipotética Wizard Of Oz, en torno a la que ya se comienza a especular), algo que le urge a Warner ahora que su campeón Harry Potter está por terminar.

El imperio de las grandes productoras cinematográficas está llegando a un punto en el que su zona de confort se hace insoportable para los espectadores que buscan un entretenimiento más sustancioso. Las mega producciones, vaciadas de toda narrativa, están reciclando cine ya visto para entregarlo, apenas digerido y regurgitado, a las grandes audiencias. El cine mainstream, convertido en un agente de la galaxia McDonalds, toma toda la sustancia de los grandes mitos, pop y clásicos por igual, y los convierte en simple fast food fílmica.

Afortunadamente, siempre tendremos nuestras versiones originales en DVD, listas para ser vistas y quitarnos el mal sabor de boca.

-Luis Alberto Reséndiz