Australia y The Adventures of Priscilla | Letras Libres
artículo no publicado

Australia y The Adventures of Priscilla

La sociedad australiana a través de una de sus más famosas cintas.

Sidney, principios del siglo XXI. Un zapato colosal con un tacón de aguja de más de un metro resalta afuera del estadio donde se celebra la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos. Los turistas, algunos perplejos y otros participativos, observan como alrededor de este ícono cinematográfico se expande el espíritu del Mardi Gras, uno de los festivales más importantes del orgullo LGBT, celebrado en la ciudad australiana.

La imagen del tacón plateado coronando un camión modelo Ford Denning 1980 conserva tanta fuerza que, años después, inspiró un musical en el Star City Casino en Sidney, y luego, la marejada de vestuarios extravagantes llegó a Broadway con tal arrojo que incluso hoy, The Palace Theater en Nueva York continúa tomado por las drag queens originarias de la película que marcó un hito en la cinematografía australiana: The adventures of Priscilla. Queen of the desert.

Desde Some like it hot, mejor conocida en español como Una Eva y dos Adanes, hasta la adaptación cinematográfica de La cage aux folles y Tootsie la combinación de comedia y transformismo ha rendido jugosos frutos. Pero el éxito de The adventures of Priscilla —que luego Hollywood quiso inútilmente replicar con el remake To Wong Foo, Thanks for Everything! — no sólo se debió a que plasmaba un tema, para algunos, transgresor y ni siquiera porque mostraba el rostro cosmopolita de Australia.

El éxito de The adventures of Priscilla se logró gracias a una suma de elementos que incluyó un espléndido diseño de vestuario —ganador de un Oscar en esta categoría—; una banda sonora que comprendía, al igual que el otro éxito cinematográfico de la época Muriel's Wedding  (P. J. Hogan, 1994), canciones del fenómeno musical más importante de Australia, la ABBAmania; una fotografía impactante a cargo de Brian J. Breheny; y, sobre todo, una serie de aventuras y adversidades, propias del road movie, así como un catálogo de diferentes maneras de ser transgénero, es decir, de definirse más allá de los roles convencionales de hombre/mujer, sin que eso signifique necesariamente una cirugía de reasignación de sexo o cierta preferencia sexual.

Desde el enfoque del género,The adventures of Priscilla es interesante porque su director, Stephan Elliott, se siente lo suficientemente cómodo con el tema, como para no caer en el reduccionismo ni en la corrección política. Al contrario, Elliott se siente libre para plasmar diferentes tipos de transgéneros y de comprender —como diría Bernadette, uno de sus personajes— que “being a man one day and a woman the next day is not a easy thing to do”. Pero también lo suficientemente holgado para satirizar las excentricidades de las drag queens o las teorías que sostienen que ciertas preferencias sexuales y de género provienen de un trauma de la infancia.

En The adventures of Priscilla, sus protagonistas —Anthony/Mitzi (Hugo Weaving), Adam/Felicia (Guy Pearce) y Bernadette (Terence Stamp), cuyo nombre de nacimiento no revelaré pues es uno de los secretos en la película— tienen encuentros y desencuentros. Algunos idolatran a ABBA y otros lo odian; unos son protagonistas de la cultura del drag queen y otros detestan hablar de pelucas, penes, vestidos y bustos, pues si bien todos son transformistas y homosexuales, cada uno tiene una personalidad propia y una historia personal que poco a poco se van revelando en la película.

De cierta manera, la relación de Mitzi, Felicia y Bernadette puede entenderse como un desarrollo del transformista al transexual, sin que este sea el destino sine qua non que deben de seguir los transgéneros: Felicia/Adam, el más joven de los tres, es una drag queen, exagerada, imprudente y fetichista (recordemos el souvenir que obtiene de su ídolo Agnetha en un baño después de un concierto), cuyo sueño es travestirseen medio del desierto.

Mitzi/Anthony es un transformista de unos cuarenta años que tiene que enfrentarse con su pasado técnicamente heterosexual, y, finalmente, Bernadette es una drag queen retirada del espectáculo, plenamente asumida como mujer, transexual, que ha dejado atrás la vestimenta estrafalaria para transformarse, en palabras coloquiales, en “toda un dama”.

Pero más allá de la trama GBT, The adventures of Priscilla es entrañable por la forma en la que aborda Australia. La historia comienza en un bar de Sidney donde Mitzi y Felicia tienen un espectáculo. Mitzi es invitado —¿o debería decir invitada?—a presentarse en un hotel de Alice Springs, una pequeña ciudad ubicada en las entrañas más profundas de la nación australiana. Tras la muerte de su compañero, Bernadette decide unirse al viaje que Mitzi y Felicia realizarán por el desierto en un camión bautizado como Priscilla.

De este modo, The adventures of Priscilla también plantea el choque entre el espíritu cosmopolita de Sidney y la provincia conservadora, pasando por el encuentro con los aborígenes de la zona, quienes en los años noventa —época en la que se desarrolla la película—, poco tienen que ver con el esteriotipo del cazador-recolector de tiempos de James Cook, sino con los nativos occidentalizados que conservan, a pesar de ello, algunas de sus tradiciones y particularidades como el ambiente festivo y una actitud (por lo menos en la película) tolerante hacia la otredad, especialmente hacia el transformismo.

Con un repertorio de majestuosos vestuarios que provocaría la envidia de María Antonieta, Mitzi, Felicia y Bernadette recorren kilómetros de desierto y diversos bares de pequeñas ciudades mineras —como Broken Hill y Coober Pedy— mostrando su espectáculo y enfrentándose a la intolerancia de los lugareños, pero también quedando perplejos frente a la escandalosa diversión —incluso para el trío de transformistas— que Stephan Elliott, el director, plantea en la escena más controversial de la película cuando una ex prostituta filipina lanza pelotas de ping-pong desde su vagina.

Irónica y desparpajada, The adventures of Priscilla es una obra con grandes dosis de belleza y sátira social.