A 30 años de The Empire Strikes Back | Letras Libres
artículo no publicado

A 30 años de The Empire Strikes Back

Un enorme y amenazador Executor se traslada sigiloso a través de la negrura infinita del espacio sideral. Su sola presencia ominosa es una señal del camino que seguirá la cinta que apenas comienza. Es 1980, y el filme se llama The Empire Strikes Back. Cientos de miles de niños y adolescentes asistirán a los cines a contemplar boquiabiertos la cinta que continúa las aventuras de Luke Skywalker y su grupo de rebeldes.

Tres años después del inicio de una saga como ninguna otra, George Lucas, el geniecillo que había entregado ese estudio del Estados Unidos rural llamado American Graffiti, volvía a la carga con una cinta sin precedente en la historia del cine.

Secuela de Star Wars: A New Hope, The Empire Strikes Back se estrenó bajo la batuta de Irvin Kershner, en su trabajo, por mucho, más relevante. El efecto no se hizo esperar: desde su despliegue de efectos especiales que aún a años de distancia – y 3D, CGI y software de punta de por medio – llaman la atención, hasta su desfile de personajes memorables, de diálogos irrepetibles y su giro de tuerca inesperado, esta cinta rompió ese viejo axioma popular que dice que las ‘segundas partes nunca fueron buenas’.

El presupuesto no fue lo único que creció entre la primera de la saga a The Empire Strikes Back. Todo –desde el número de planetas visitados hasta la música de John Williams- pareció crecer a la par de las ambiciones de Lucas. Con un guión trepidante e inteligente que incluía el romance entre Han Solo y Leia, y con la introducción de personajes como Yoda y Lando Calrissian, Lucas creó esta, la más grande de las secuelas desde The Godfather Part II, templete contra el que se medirían todas las segundas partes de ahí en adelante. La fuerza de The Empire Strikes Back radica en cómo amplió el lienzo con el que George Lucas trabajó en la primera entrega. El guión de Lawrence Kasdan ahonda en las relaciones entre los personajes y profundiza el conflicto. Con su secuela, Star Wars dejó de ser una clásica historia del bien derrotando al mal para convertirse en algo infinitamente más complejo: la historia de un padre y un hijo destinados a batallar entre sí, en donde la victoria del primero implica la muerte para ambos y la victoria del segundo, como ya sabemos, significa la salvación, no sólo de ellos dos, sino de esa galaxia que está lejos, muy lejos de la nuestra.

En 1980 se hablaba poco de secuelas. La era del Blockbuster moderno había iniciado cinco años antes con Jaws, y los estudios desconocían el potencial monetario y narrativo de una segunda parte. The Empire Strikes Back inició –para bien y para mal- el concepto de franquicia que ahora abunda en las salas de cine: cintas concebidas como inicios de sagas, personajes que son creados para durar más de 120 minutos. Es por eso que, a pesar de que Star Wars es conocida como el parte aguas en el cine norteamericano (el punto final a esa época de oro que fueron los setenta), el honor –dudoso o no- realmente le corresponde a su secuela.

-Luis Alberto Reséndiz