El policía caníbal: entre la ilegalidad y la inmoralidad | Letras Libres
artículo no publicado

El policía caníbal: entre la ilegalidad y la inmoralidad

Todo estaba previsto y, sin embargo, a pesar de que las fechas que se habían propuesto para cometer los crímenes pasaron, nunca cometieron ninguna acción real. Todo parecía transcurrir dentro de sus cabezas.

En The Minority Report, Philip K. Dick imaginó un mundo en donde la justicia había llegado a su punto ideal: prevención; un mundo donde los delitos habían sido abatidos gracias a la ayuda de tres mutantes, conocidos como “precogs”, quienes predecían los crímenes antes de su ejecución.

Eso es justo lo que parece haber acontecido en el caso de Gilberto Valle, un oficial de policía norteamericano, que actualmente es acusado de planear el secuestro, violación, homicidio e ingesta de víctimas femeninas, entre ellas su esposa, quien, por cierto, es testigo en el juicio.

La historia empezó así: un día de septiembre del año pasado, la esposa de Valle ingresó a una de las computadoras compartidas que ambos tenían y notó que su esposo visitaba frecuentemente un sitio para fetichistas. Le dio clic y se encontró con la foto de una mujer muerta. Preocupada, instaló un programa espía para vigilar las actividades de su esposo. Entre otras cosas, descubrió un historial de conversaciones donde Valle y otros compañeros comentaban sus planes macabros, se ufanaban de lo sorpresivos que estos serían para las víctimas, relataban lo divertido que sería acallar sus gritos mientras escurrían chorros de sangre por sus cuerpos violentados, mismos que después disfrutarían en una deliciosa barbacoa. También planeaban montar una rosticería humana en medio de un lugar solitario. Ciertamente, el horror descrito en los planes de Gilberto Valle parece extraído de alguna película gore o snuff.

Fantasía o no, su escandalizada esposa decidió dar parte al FBI para que hiciera una investigación. Les dio acceso a su computadora e intervinieron su cuenta de correo electrónico: los “precogs” cobraron vida. Dicha investigación derivó en un juicio convertido en un verdadero show mediático (ahora Valle es conocido en los diarios como el "policía caníbal") que se debate entre el ideal de justicia preventiva y el fetiche norteamericano relativo a la libertad de pensamiento.

En Estados Unidos, es posible detener al delincuente cuando se encuentra preparando la comisión de un delito, aun sin que realice acción material alguna. Usualmente se utiliza para justificar detenciones preventivas relacionadas con los delitos de terrorismo, traición, sabotaje y conspiración. Ahí, la conducta reprochable la constituye el daño que se pretendió causar.

En nuestro país, la conducta de Gilberto Valle no llegaría siquiera a una tentativa, ya que esta se castiga únicamente cuando el delincuente pone en marcha todos los medios de ejecución y por una fuerza ajena a su voluntad no lo ejecuta. Si el delincuente decide interrumpir la ejecución, no hay delito y, por tanto, no hay castigo.

En este caso, la precisión en los planes de Gilberto Valle constituye el punto determinante para el argumento del fiscal: el acusado y sus cómplices parecían tener todo calculado para lograr su cometido: nombres, fechas, direcciones. Todo estaba previsto y, sin embargo, a pesar de que las fechas que se habían propuesto para cometer los crímenes pasaron, nunca cometieron ninguna acción real. Todo parecía transcurrir dentro de sus cabezas.

Si se considerara punible una fantasía por la precisión en sus detalles, se estaría pasando por alto que uno de los elementos torales de la fantasía es saberse y planearse como si fuera real.

La parte acusatoria ha pedido a los miembros del jurado que utilicensu sentido común para determinar que Gilberto Valle es culpable de haber cruzado la línea entre sus “fantasías masturbatorias” y un verdadero intento criminal. En ese contexto, parece que la finalidad del juicio es castigar fantasías por inusuales e inmorales, entendida la moralidad como la forma de comportamiento socialmente aceptada en un determinado momento histórico.

Por su parte, la defensa alegó que las de su cliente son fantasías, pervertidas o desviadas, pero fantasías al fin y al cabo que no han hecho ningún daño físico a nadie. En este sentido, la clave para determinar la existencia del delito yace en distinguir la diferencia entre lo que ocurre en la realidad tangible y lo que ocurre dentro de la cabeza de Gilberto Valle, quien, según las transcripciones del juicio, se ha mantenido incólume durante todo el proceso, sin mostrar siquiera enojo o vergüenza.

No se debe perder de vista que el castigo a la planeación de actividades antes de que estas se realicen, es típico de los delitos políticos,  tales, como traición a la patria, espionaje, rebelión y terrorismo, cuya descripción es tan amplia que a su sombra se pueden realizar verdaderas cacerías ideológicas, y de sobra sabemos que dan demasiada manga ancha para detenciones arbitrarias.

Cabe recordar que la existencia de la ley, como toda creación humana, es concebida en un determinado contexto socio-histórico que la dota de utilidad. Pero,  bien sabemos lo mucho que la ley tarda en adaptarse a los cambio sociales, lo que nos lleva a reflexionar: ¿qué podría considerarse una fantasía siniestra punible?, ¿es deseable una justicia que castiga el mero pensamiento?, ¿ese tipo de castigo no anularía dicha libertad?

La regulación y castigo de fantasías de cualquier tipo equivale a normar el pensamiento, y ello constituiríauna involución legal que traería de vuelta a la justicia inquisitorial.