Casi | Letras Libres
artículo no publicado

Casi

Puestos así, no me parece ni bien ni mal que a menudo un poeta se frene en seco, se salga de lo suyo (“Nemoroso, me ausento con retraso”) y se fije, no sé, aunque sea un tantico y de reojo, en esas comprensibles expresiones orales que, desencadenadas justo después de una desgracia, rápidamente se transforman, al ir y pretender dar cuenta de ella, en mensajes que tienen, hasta para el oído mejor pensado, una comicidad involuntaria.

 

        Véase como digna ilustración el caso de Javier Muñoz, vecino de la localidad madrileña de Tres Cantos, que, en la madrugada del miércoles 23 de junio de 2006, fue víctima de un robo mientras dormía a pierna suelta en la cama, situada ésta en el interior (lo aclaro al pormenor y en este instante por lo muy caluroso de la época) del dormitorio de su propia casa.


        Horas más tarde, todavía con el susto en el cuerpo, halló las suficientes y adecuadas palabras para decir en público lo mismo que por dentro sentía que pensaba: “Es muy fuerte que se metan casi en tu cama y que no puedas hacer nada”.


        Lo que ocurre a continuación, una vez desleídas las descabelladas sonrisas (“oye, me sabe mal”), es que en tal testimonio, aireado con signos de experiencia medio forzada entre el querer y el poder, alcanzamos a percibir que tanto la impotencia como la salvación no dependen en absoluto de la Naturaleza maltratada ni tampoco de un Hacedor antojadizo, menos aún de uno mismo o de los otros mortales, sino sólo de un nimio casi, eso sin pertenencia fija –que, si azar fuera, yo lo llamaría azar, pero no– y que ese amanecer de finales de junio, ¡lo que cambian las horas de un potencial difunto!, andaba dando tumbos por Tres Cantos en lugar de acudir y centrarse (“a ti no hay quien te entienda”) en la bronca estructura de un poema más


        o menos. ~



Como tantos que no lo confiesan, este poema no es tal; pero puede llegar a serlo, a lo menos en este ejemplo, por remitir de lleno a su ausencia: "de afectos puros, lícita jactancia / mental". Por otra parte, Jacques Lacan también pensaba, aunque con menor crudeza que el pintor-escritor José Gutiérrez Solana, que, por el simple hecho de hablar de las cosas, ya las cosas no son ni sombra de lo que son.  


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