Cada quien su estatua | Letras Libres
artículo no publicado

Cada quien su estatua

La cabeza parlante /1

Los sombríos viejos de una aldea remota llegaron a consultar a la Cabeza Parlante.

—Sabia Cabeza, en nuestra aldea todos nos vemos con el ceño fruncido, no nos aguantamos y quisiéramos volver a la ancestral concordia.

Habló la Cabeza:

—Levantad una estatua a cada habitante. Con lo cual, a la vez, levantaréis los ánimos.

—Demasiado caro para la comunidad, sabia Cabeza.

—Entonces levantad en la plaza un solo pedestal grande y suntuoso si es posible, y cada día ha de instalarse en él uno de vosotros, y cuando todos hayan cumplido su día de pedestal, volved a comenzar, y sea esto costumbre gratuita y obligatoria...

—Pero, sabia Cabeza, eso será un tormento para el estatuado, y encima hará reír a los demás.

—Precisamente -dijo la Cabeza, cerrando los ojos en señal de despedida.