¡Bravísimo, don Marcelo! | Letras Libres
artículo no publicado

¡Bravísimo, don Marcelo!

BICICLETÓMONOS TODOS

Hace unas semanas, tras desmontar de la ya casi legendaria bicicleta ejemplarizante con la que el primer lunes de cada mes ejerce el pedal y la fibra desde su domicilio hasta la Plaza Mayor, el Zócalo (donde en nombre del Perredé cumple sus funciones de jefe de gobierno del Deefe), don Marcelo Ebrard, al parecer despreocupándose momentáneamente de la Torrísima del Bicentenario, inauguró, allí, en el mero corazón del Centro Histórico, la primera de las biciestaciones que implantará en Esmógico City, y a continuación manifestó a los desmañanados reporteros de la fuente su intención de seguir promoviendo la bicicletización de esta ciudad capital. Para lo cual, dijo, entre otras medidas por tomar, se cerrarán ejes viales, se instalarán más biciestaciones, se abrirán cuatrocientos kilómetros de bicipaseos o ciclopaseos que permitirán a los ciudadanos transportarse por la ciudad y de paso adelgazar (cosa que, todo sea dicho, a muchos nos hace falta por razones tanto de salud como de estética). Además, don Marcelo anunció el retorno de los tranvías movidos por la nocontaminante energía eléctrica (¡ah, aquellos bonitos tranvías, ¿de hace cuántas décadas?, que hubieran provocado nostálgicas lágrimas y parrafadas de prosa lírica a don Manuel Gutiérrez Nájera, el autor de "La novela del tranvía" sintetizada en tres cuartillas de periodismo literario!). Y, yo...

Y yo, sin ironía, debo decir que ese plan iniciado por don Marcelo me parece plausible aunque ya veremos si posible. Como la ciudad ya no puede más de estar semiparalizada, semiasfixiada, semisecuestrada por el exceso de automóviles, autobuses, camiones y otros vehículos automotores con su gran número y sus gases y su ruido, he aquí que el uso masivo de las ligeras, las gráciles, las silenciosas y no contaminantes bicis, más el de los románticos, los chisporroteantes, los novelescos tranvías, acaso podría aportarnos alivio y hasta aliviane a nosotros, los esmogicanos de a pie, que sólo tenemos un insuficiente y sobrecargado metro para trasladarnos de aquí para allá y viceversa.

Así que por esta vez, y esperemos que en adelante por muchas veces más, aplaudo y profiero:

¡Bravísimo, don Marcelo!

Y va de veras, conste.