Borders nunca jamás | Letras Libres
artículo no publicado

Borders nunca jamás

El libro sobrevivirá. Esto lo han dicho y repetido en más de una ocasión Mario Vargas Llosa, Umberto Eco, Alberto Manguel y probablemente cientos de miles de lectores que en algún momento del día, sin moverse de su sitio, parten a otro lugar y a otra vida mientras sostienen un libro entre las manos. Apenas me inmuté al escuchar hace algún tiempo que la cadena de librerías Borders se encontraba en serios problemas financieros, pero el día que me enteré del cierre definitivo de su sucursal en la avenida Michigan, la arteria comercial de Chicago también conocida como la Milla Magnificente, temí no solo por la sobrevivencia de las librerías como puntos de venta del commodity llamado “libro impreso”, sino del registro de lugares que, a la manera de efímeras huellas en la arena, conforman mi propia memoria vivencial.

En otras palabras: el 7 de enero de 2011 desapareció de la faz de la tierra la librería Borders ubicada en el número 380 al norte de Michigan esquina con Pearson, justo a un lado del agradable jardín donde también se halla la célebre Watertower, sitio en el que cualquier habitante de la ciudad o turista de paso se ha dado cita al menos una vez en la vida. Esto no pretende ser una necia evocación del mundo de ayer, pero ese día de infamia un boquete de dimensiones obscenas se abrió en el centro exacto de mi corazón. Ese día acusé un golpe semejante al de dos amantes que un día cualquiera se despiden sin saber que jamás volverán a reunirse. Como el melancólico y un poco enloquecido vizconde de Chateaubriand, ese día intuí que, en ciertas zonas de mi memoria, todos mis días son adioses y que en mi próxima visita a la ciudad de los Anchos Hombros no volveré a poner el pie en ese templo del libro, nunca más.

A dos calles de ahí, en Delaware, viví un par de meses digamos que poco gratos. Cuántas veces encontré en la ahora extinta Borders un refugio acogedor en las semanas siguientes a mi llegada a una ciudad en la que no conocía a nadie. Cuántas veces salvé el pellejo al traspasar sus puertas giratorias huyendo del viento helado de Chicago, ese cazador de cabezas —como le llama Saul Bellow en su novela Dangling Man— que avanza implacable desde las orillas del lago Michigan y barre con violencia la ciudad entera.

Todo fue puesto a remate en las horas previas al fatídico desenlace. Según los reportes del Chicago Tribune, la mayoría de libros en súper rebaja eran auténticas porquerías. Dos ejemplos de los títulos ofertados hasta agotar existencias: El asesor del Presidente, de Alberto Gonzales, el primer Procurador General de origen latino, y Desnudo Frontal Completo, de Harry Hamlin, un lamentable actor de la siempre lamentable década de los ochenta. De alguna manera, este dato me confirmó que son las librerías, no el libro, las que están en verdadero peligro de extinción, incluso antes de que cierren sus puertas para siempre.

Un rápido recuento de los libros que adquirí en Borders de la Milla Magnificente (que por primera vez en su historia no cuenta con una librería) a lo largo de cuatro años y dos meses:

• Hugh Thomas, The Spanish Civil War

• Peter Ackroyd, Albion. The Origins of the English Imagination

• W. G. Sebald, Campo Santo, The Emigrants, On the Natural History of Destruction y Vertigo

• Herman Melville, The Complete Shorter Fiction

• Vasily Grossman, Life and Fate

• Alberto Manguel, Reading Pictures y The Dictionary of Imaginary Places

• A. N. Wilson, The Victorians

• John Fante, Wait Until the Spring, Bandini

• Robert Capa, The Definitive Collection

• Francisco González-Crussi, There is a World Elsewhere

• Saul Bellow, The Adventures of Augie March

• Joseph Ellis, Founding Fathers. The Revolutionary Generation

• Martin Amis, Experience

• J. M. Coetzee, Stranger Shores. Literary Essays

• Guías de viaje Fodor’s de Rio de Janeiro, Sao Paulo, Buenos Aires, Portugal y Japón

• Charles Bukowski, Tales of Ordinary Madness

• Stephen Spender, World Within World

• Henry Fielding, Jonathan Wild the Great

• Robert Richardson, Emerson. The Mind on Fire

• Thomas Wolfe, You Can’t Go Home Again

• Denis Johnson, Angels

• Bob Dylan, Chronicles Volume One

• Peter Burke, Eyewitnessing. The Uses of Images as Historical Evidence

• David Foster Wallace, Infinite Jest y A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again

• John Lewis Gaddis, The Cold War. A New History

• Heraclitus, Fragments

• William McNeill, The Pursuit of Power. Technology, Armed Force, and Society since A.D. 1000

• Paul Whitelaw, Belle and Sebastian. Just a Modern Rock Story

• Paul Johnson, A History of the American People

• Christopher Hitchens, Why Orwell Matters, Love, Poverty and War y Letters to a Young Contrarian

• Niall Ferguson, Virtual History. Alternatives and Counterfactuals

• Thomas Carlyle, The French Revolution

• Sherwood Anderson, Death in the Woods and Other Stories

• Jonathan D. Spence, To Change China. Western Advisers in China

• Samuel Johnson, The Major Works

• Haruki Murakami, Norwegian Wood

• John Dinges, The Condor Years. How Pinochet and His Allies Brought Terrorism to Three Continents

• Donald Richie, The Inland Sea y The Japan Journals

• Susan Sontag, Regarding the Pain of Others

• Mark Lilla, The Reckless Mind. Intellectuals in Politics

• Norman Mailer, The Spooky Art

The Encyclopedia of Chicago

Si reviso los libros, CDs y DVDs que durante ese tiempo compré por internet, no puedo evitar sentirme cómplice del hundimiento de la que fuera una importante catedral del libro. ¿Cómo sabes, cómo puedes estar seguro de que no te despediste antes de tiempo?

- Bruno H. Piché


Tags: