Blitzreisetagebuch. Diario de viaje. 2 | Letras Libres
artículo no publicado

Blitzreisetagebuch. Diario de viaje. 2

(Última de dos partes)

Comilona propia de quien ha cruzado el desierto. El presunto autor y su amigo comparten exquisitas “paleta” y “pierna”, orden de guacamole y frijoles a la charra. Refrescos de cola, nada de alcohol. Aún así, el presunto autor vuelve a la carga y se pone otra vez cursi. “Amor a primera vista” es lo único que le provoca la sobriedad.

3:08 pm, parada obligada para refaccionar la cartera antes de salir de Monterrey, es decir escasos minutos después del cierre en Wall Street, tiempo del Este. A estas alturas, el presunto autor se había olvidado de la crisis financiera internacional, hasta que observó junto a “Odisea” un letrero con el tipo de cambio del día. 12.62 pesos por dólar a la compra y 13.32 a la venta. La cosa huele mal.

3:59 pm. Otra vez en el camino, dirección sur cruzando el vasto y en apariencia luminoso país.

4:23 pm. Parada en el libramiento “Ojo Caliente - El Carbonero”: no es país para viejos.

El presunto autor toma el volante de “La Odisea” y no lo soltará hasta llegar a San Luis Potosí, 8:00 pm. De hecho, continuará manejando hasta el día siguiente, cuando el punto de destino sea alcanzado si todo sale bien (No siempre pasa así. Hace casi cinco años, el presunto autor sufrió un accidente para cagarse de miedo mientras conducía sobre la autopista 401, a la altura de Kingston, Ontario, más allá del Norte, en el llamado país del invierno).

Paso por San Luis Potosí, ciudad capital, sin pena ni gloria. En el cuarto de hotel, los noticieros reportan algo que francamente apesta. Los mercados cerraron a la baja: Footsie 100, -8.85 por ciento; Dow Jones -1.49 y Nikkei -9.6. La crisis ya está aquí.

El presunto autor (que lo mismo escucha a Dumaine Jackson que a Gil Evans, a Cyro Monteiro que a Celso Piña, lo mismo a Atto & The Majestics que a Interpol y a Julieta Venegas) se permite la exquisitez de irse a la cama escuchando las Variaciones de Goldberg, en la olvidada versión de James Friskin. El teléfono timbra desde la recepción a las 6:00 am. Time to go.

Almuerzo a las 10:15 am en el célebre Parador de San Pedro, “isla de la amistad en los caminos nacionales”. Siguen otros veinte minutos de entretenimiento y sana distracción en preparación para emprender el último tramo de la ruta.

Tras el dilatado arribo a la ciudad de México, que llevó al menos dos horas vía Periférico Norte e incluyó un intento de extorsión por parte de la policía del H. Municipio de Naucalpan de Juárez, el supuesto autor se halla de nuevo en casa. Pasaron poco más de veinticuatro horas y el intento de escribir el diario de viajes más breve que se conozca al día de hoy. El supuesto autor toma una siesta y un baño. Celebra su regreso leyendo un tumultuoso cuento de su admirado William Saroyan, “What a World, Said the Bicycle Rider”. Nada de lo ocurrido hasta ahora lo ha vuelto menos incrédulo, pero sigue creyendo en el viejo Bill: vamos todos en el mismo barco, por decirlo de alguna manera, o en la misma bicicleta, carrereando entre el tráfico pesado en dirección hacia cierto lugar, y luego hacia el siguiente, de ida y vuelta para terminar en el punto de partida.

- Bruno H. Piché