Barack Obama y la mística Kennedy | Letras Libres
artículo no publicado

Barack Obama y la mística Kennedy

El día anterior a las elecciones primarias de Carolina del Sur, el New York Times publicó un par de columnas editoriales en las que apoyaban, para el resto de la contienda, a dos candidatos, uno demócrata y otro republicano: Hillary Clinton y John McCain, respectivamente. En Carolina del Sur, sin embargo y por un margen alto, el ganador del bando demócrata fue Barack Obama. Al día siguiente de su victoria, el New York Times publicó una nueva columna editorial, firmada por Caroline Kennedy, hija de JFK, cuyo título era “A President Like My Father” [Un presidente como mi padre] y concluía con las siguientes palabras:

I have never had a president who inspired me the way people tell me that my father inspired them. But for the first time, I believe I have found the man who could be that president — not just for me, but for a new generation of Americans.

[Nunca ha habido un presidente que me inspire del modo en el que la gente me dice que mi padre la inspiró. Pero por primera vez, creo que he encontrado al hombre que podría ser tal presidente, no sólo para mí, sino para una nueva generación de norteamericanos.]

Además, ese mismo domingo, apareció en el mismo diario una nota que anunciaba la próxima declaración de apoyo a Obama por parte del senador Edward M. Kennedy, otro de los sobrevivientes del clan del Camelot político americano, quien se pronunció a favor del senador de Illinois al día siguiente. Y no sólo eso. El New York Times también rescató, del mismo modo, una declaración de Ethel Kennedy, viuda de Bobby, hecha durante la celebración del 80 aniversario del nacimiento de su marido, a la cual fue invitado Obama a rendirle homenaje:

[N]ear the end of Mr. Obama’s first year in the Senate, Ethel Kennedy asked him to speak at a ceremony for her husband’s 80th birthday. At the time, she referred to Mr. Obama as "our next president."

"I think he feels it. He feels it just like Bobby did," Mrs. Kennedy said in an interview that day, comparing her late husband’s quest for social justice to Mr. Obama’s. "He has the passion in his heart. He’s not selling you. It’s just him."

[Hacia el final del primer año de Obama en el senado, Ethel Kennedy le pidió que hablara en una ceremonia para conmemorar los 80 años de su esposo. En ese entonces, se refirió a Obama como "nuestro próximo presidente".

["Creo que él lo siente. Lo siente así como Bobby lo sintió", dijo la señora Kennedy ese mismo día, comparando la lucha por la justicia social de su esposo con aquella de Obama. "Tiene un corazón apasionado. No nos está engañando. Él es así."]

Así las cosas, resulta cada vez más obvio que el cambio se impone a la perpetuación de un statu quo cada vez más desgastado. O bien: Hillary no es, por más que éste asome su enrojecida y redonda nariz a la cámara, heredera de Bill, cuyos dos periodos presidenciales, un paréntesis entre los mandatos de Bush padre e hijo, son un lapso grabado en un monolítico, irrepetible y, sí, luminoso pasado, aunque dicha luz, dicho fuego, ya esté consumido ahora.

Ya veremos si la mística Kennedy con la que fue ungido Barack Obama le sirve de amuleto, y de influencia en el electorado, para imponerse a su agresiva, irredenta rival (ojo con el búmerang de los ataques al senador de Illinois: siempre terminan regresando a ella con mayor fuerza de la que fueron lanzados) este próximo súper martes electoral del 5 de febrero. Yo, como democrat abroad, votaré por él, sin lugar a dudas.

– David Miklos