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artículo no publicado

BAII: el nuevo jugador de la economía mundial

La entrada del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura al escenario de la economía mundial es el resultado de fricciones que se pueden datar desde 1944 con los acuerdos de Bretton Woods.

Rudolf Kjellén, fundador de la geopolítica, decía que un Estado tiene que crecer, extenderse o morirse dentro de fronteras vivientes*. China ha seguido esta fórmula salvo la parte de mantener esta expansión en el llímite de sus fronteras, prueba de ello es la apuesta que desde el año pasado hizo por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII). La noticia, previsiblemente, cimbró a los principales jugadores de la economía mundial. Pero, este mes de marzo, Alemania, Francia e Italia anunciaron su acuerdo para unirse al nuevo Banco, después de que el Reino Unido decidiera adherirse como miembro fundador, aportando capital para incrementar la base inicial de 50 billones de dólares con la que arrancaron China e India.

La existencia del BAII no tenía nada contento a Washington puesto que representa un rival para Banco Mundial (BM) y del Banco de Desarrollo Asiático (BDA), encabezado por Japón, quien junto con Estados Unidos cuenta con 31% de las acciones (las capacidades negociadoras conjuntas de China e India apenas suman el 13 % de las acciones del BDA), pero tras las recientes adhesiones europeas, Obama no ha tenido más remedio que ceder y proponer al BAII una asociación con el BM y el BDA. Oferta que por cierto no ha tenido respuesta.

La entrada del BAII al escenario de la economía mundial no es una total sorpresa, al contrario es el resultado de fricciones que se pueden datar desde 1944 con los acuerdos de Bretton Woods y el establecimiento de un nuevo orden económico internacional que perseguía dar estabilidad a las transacciones comerciales a través de un sistema monetario internacional, con tipo de cambio sólido y estable fundado en el dólar americano. En esa misma época se crearon el BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se consideraba que para mantener la paz tenía que existir una política de libre cambio que facilitara las relaciones con el exterior pero que también mantuviera, paradójicamente, el control centralista de los financiamientos a países en vías de desarrollo, por lo que, adherirse a los criterios de dichas instituciones resultaba ser lo políticamente correcto. Sin haber sufrido las destrucciones de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos adquirió suficiente fuerza para posicionarse como la economía más poderosa del mundo, viviendo un rápido crecimiento industrial y una fuerte acumulación de capital. Su industria manufacturera, la venta de armas y el financiamiento a otras naciones impulsaron su crecimiento a tal punto que el país llegó a concentrar la mitad de la producción mundial.

Durante la crisis de julio de 1997 de los tigres asiáticos y el urgente llamado para rediseñar las estructuras financieras de Oriente, China argumentó una falta de sensibilidad del FMI para entender la crisis. Así, las relaciones tirantes han resultado, finalmente, en un deslinde y la creación del BAII.

En 2014, el volumen de la producción de China ocupó el segundo lugar mundial de acuerdo al FMI. Además, no hay que perder de vista que las reservas internacionales (oro + divisas) de China son las más grandes del mundo. China juega un papel importante en la negociación de acuerdos de libre comercio no solo con sus vecinos, como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático + 3 (que agrupa a Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei, Vietnam, Laos,Birmania, Cambodia, India, Australia y Nueva Zelanda), sino también con países africanos y, ahora como ya vemos, con las potencias europeas. Más aún, el BAII no es la única iniciativa de este tipo. Shanghai es sede del Banco para el Nuevo Desarrollo de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). China también, encabeza la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (New Silk Road Initiative) que pretende llevar a cabo proyectos de infraestructura para la construcción de caminos, oleoductos, gasoductos, autopistas y puertos a lo largo de sus fronteras.

A diferencia de los fundamentos ideológicos del BM y del FMI, el BAII parece que tendrá un fuerte componente de subsidiariedad, es decir, impulsar la coparticipación entre el Estado y las comunidades más vulnerables, lo que se traducirá en proyectos que incorporarán nuevas formas de negociar, nuevos métodos de medición, y expectativas sobre su impacto con enfoques tal vez más regionales y locales. En contraste, el BM y el FMI son instituciones con siete décadas de antigüedad, formuladas bajo una lógica universal y que han creado un know-how basado en soluciones para problemas locales desde un enfoque global, y fundamentado en principios de libre mercado y economías abiertas.

Pero más allá del impacto inmediato que pueda tener el BAII, lo cierto es que su relevancia política moverá el fiel de la balanza hacia una nueva era económica. Según el mismo FMI, a fechas actuales China cuenta con 1,176 toneladas de oro, la sexta reserva de oro más grande del mundo. Sin embargo, se especula en los mercados bursátiles que la cifra real es mucho más elevada; es un secreto a voces en el mundo financiero que China mantiene una doble contabilidad, la que reporta al FMI y la propia. China está acumulando tanto oro que no sería sorpresa que el yuan se convierta en divisa internacional de reserva. Aún no sabemos ni el día ni la hora en que el dólar palidezca, de lo que estamos seguros es que las trompetas del nuevo orden político mundial ya están tocando.

 



* Para Rudolf Kjellén las fronteras de los países van más allá que los bordes que las delimitan de sus vecinos. Se refiere a aquellos límites dinámicos que se construyen en la política y la economía mediante alianzas, instituciones, acuerdos, desacuerdos. Aquellos límites que delinean la personalidad y el poder de las naciones y que configuran la geopolítica, los equilibrios de fuerzas entre los actores más relevantes del mundo.