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artículo no publicado

Asunto meramente administrativo

La prestigiada revista Science, 4 de septiembre (vol. 325, num. 5945) narra aquí la forma en que el neurofisiólogo Reinaldo Di Polo (1943) fue despedido de su puesto como investigador emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) por haber tenido –dice la versión oficial- unas faltas de asistencia entre enero y junio.

El Dr. Di Polo, formado en Harvard y Johns Hopkins, tenía 40 años de experiencia en su ramo y más de 4 mil citas a unos 180 artículos. Uno de ellos, aparecido en 1986 en Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos, marcó el rumbo de sus investigaciones recientes sobre los mecanismos bioquímicos y biofísicos de la transmisión del impulso nervioso y la bioquímica del calcio (de ahí su fama también como parasitólogo, pues una estrategia para combatir parásitos es inhibir sus mecanismos de interacción con el calcio, que son diferentes a los de los humanos). Estos estudios hicieron al Dr. Di Polo merecedor del Premio Nacional de Ciencias venezolano en el año 2000.

El director del IVIC, el Dr. Ángel Viloria (que parece ostentar colita de caballo) dijo que el despido era “meramente administrativo” y acusó a la prensa de “politizarlo”. Agregó que Di Polo “no fue despedido. Se retiró en 1997. Se gastó todo el presupuesto y no se presentó a trabajar. No sabemos si todos esos artículos que dice haber escrito (sic) fueron realizados en otra parte”.

Science dice que el Dr. Viloria no quiso tomar una llamada para hablar sobre el asunto. La opinión general es que Di Polo y los investigadores veteranos del IVIC no eligen como director a los recomendados del Teniente Coronel Hugo Chávez y son ideológicamente incompatibles con una idea bolivariana de la ciencia.

El Dr. Di Polo, al igual que otros 24 investigadores, participaba en el programa PLI (Permanencia en Labores de Investigación) que permite a los científicos en retiro continuar con su trabajo a pesar de cumplir 60 años de edad (cuando una mente preparada suele ser muy productiva). El 20% de los investigadores del IVIC se acogen a ese programa y son responsables del 50% de los artículos publicados.

El inefable Dr. Viloria desdeña los artículos de Di Polo: “No podemos otorgar preponderancia a índices de citas académicas creadas por consorcios comerciales”, dijo, “tendremos que evaluar qué sentido tiene, para el futuro de la patria, continuar contando publicaciones y premios”.

El pasado mes de mayo, el C. Presidente de Venezuela, Sr. Teniente Coronel Hugo Chávez, ordenó al C. Secretario de Ciencias, Tecnología e Industrias Intermedias, Sr. Teniente Jesse Chacón, que “apretara las tuercas” a los científicos improductivos y dispuso que los proyectos científicos posean “aplicaciones prácticas directas” (según narra Science en su número del 29 de mayo de 2009). El Dr. Viloria -que es especialista en taxonomía de las mariposas (en serio)- acató la orden y declaró: “No podemos seguir dando financiamiento prioritario a asuntos que no son del interés del Estado”. En la misma ocasión anunció que el PLI es un régimen especial que posiblemente vaya a desaparecer. Esto, desde luego, supone el despido de los 24 investigadores.

Por su parte, los investigadores del IVIC publicaron una carta resaltando los logros de su Instituto en la lucha contra el dengue, la malaria, el SIDA, el mal de Chagas y la tuberculosis, entre otras enfermedades. Su principal temor es que el gobierno de Chávez tenga la intención de eliminar de una buena vez a las “ciencias burguesas”. El presidente de la Academia Venezolana de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Dr. Claudio Bifano, opinó que los científicos venezolanos están “tratando de defender principios y valores de la ciencia y la educación universalmente aceptados”.

Habrá muchas universidades en el mundo que se honrarían por contar con alguien como el Dr. Di Polo. Pero quizás no dejaría de considerar a las de otro país latinoamericano. Uno en el que a ningún investigador se le exige apartarse de las “ciencias burguesas”; en el que a ninguno se le exige aplicar sus conocimientos a problemas que sean “del interés del Estado”; en el que los investigadores no se retiran a los 60 años de edad si no quieren; en el que a ningún investigador se le miden las asistencias ni las puntualidades (no sólo eso: si al llegar a su instituto firma una hojita y suma un porcentaje de asistencias mensuales, le pagan un “estímulo” extra).

Y en el que la simpatía de muchos universitarios con el Teniente Coronel Hugo Chávez y su “revolución bolivariana” no incluye, desde luego, su actitud ante la ciencia...

El teniente Jesse y el Dr. Viloria