Arte de conducta: una entrevista con Tania Bruguera | Letras Libres
artículo no publicado

Arte de conducta: una entrevista con Tania Bruguera

Una conversación con la artista visual cubana.

“Gracias Che por tu ejemplo”, rezaba el primer espectacular que apareció durante el trayecto del aeropuerto hacia el hotel donde me hospedaría. Su aspecto oxidado y derruido era una señal que me negaba a interpretar. Las lecciones sobre marxismo y la Revolución Cubana habían llegado a mí ya muy masticadas y no estaba interesada en dejar que mi visita fuera de antemano desabrida. Mi objetivo era entrevistar a Tania Bruguera, artista cubana detenida a mediados del año pasado en su casa en la Habana Vieja, por realizar una lectura en voz alta desde su ventana, con megáfono, de Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt, a unos días de empezar la Bienal de arte de la Habana.

Yo creo que lo que sucedió en Cuba el año pasado es mi mejor performance, estoy muy orgullosa. Como ser humano me fue muy difícil pero quisiera hacer una analogía –no quiero que la gente me vea como víctima, yo vengo de la tradición del performance, donde hay gente que se ha disparado en el brazo, donde hay gente que se ha cortado o donde hay gente que se ha marcado dándose golpes; yo vengo de una tradición donde los límites del cuerpo son parte de un diálogo que sigue sucediendo en esa práctica— mi cuerpo es el cuerpo social, no es el cuerpo personal. Entonces, en ese sentido, para mí todo lo que sucedió fue un performance.

Los barrios de la Habana no dejan de ser heterogéneos. Basta una caminata desde El Vedado hasta la Habana Vieja para encontrar construcciones y estragos del tiempo de todo tipo. Las placas de las nuevas mezquitas, centros de enseñanza de la Alianza Francesa y tiendas, que se construyeron en menos de seis meses, están a la vuelta de la cuadra, en zonas donde es necesaria una nueva viga de madera para que el edificio no se caiga a pedazos.

Yo puse el sonido a un volumen súper alto, se oía a dos cuadras alrededor. Fue muy lindo porque hubo gente que leyó en la madrugada. Tenía la puerta de mi casa abierta. Mi barrio no es un barro bien, yo vivo en un barrio popular y había gente que tenía miedo de que de noche hubieran aprovechado para hacerme alguna cosa. Y fue muy bello porque hubo mucha solidaridad; hubo mucha gente que vino a quedarse en la noche a asegurarse de que no pasaba nada. Fue increíble, vinieron más de 100 personas en un momento –y ésta es la parte importante– en el que era altamente nocivo estar cerca de este proyecto. Eso para mí fue fantástico.

Su casa en la Habana Vieja, que ahora es el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, hace unos días cerró la campaña gracias a la que consiguió los fondos necesarios para echar a andar nuevos proyectos, a través de la plataforma de kickstarter. La casa se encuentra tan solo a unas cuadras del Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, que en febrero de 1983 abrió sus puertas. Además de promover la obra del pintor, el centro organiza la Bienal de la Habana, que fomenta obras de artistas de distintos países y organiza exposiciones en su galería. El año pasado y hasta mediados de enero de este año, para celebrar 25 años exposiciones, se podían encontrar instalaciones de Ai Weiwei, Daniel Buren, Carlos Garaicoa, Subodh Gupta, Anish Kapoor, Michelangelo Pistoletto y otros nueve artistas.

Te decía que todo fue un performance por la respuesta del Estado cubano. Cuando yo empiezo a leer, dicen “cómo podemos pararla; legalmente, no podemos; está lo de la bienal, hay un escándalo y ya han pasado muchas cosas”. Ellos habían desgastado su imagen y mandan una brigada con estos martillos eléctricos a romper la calle. Fueron tan poco sutiles que rompieron exactamente desde donde empieza hasta donde termina mi casa. El resto de la cuadra estaba sin romper. Dos días después se dieron cuenta de que era una ridiculez y la gente empezó a criticarlos. Yo incluso hablé con el hombre, que era como el jefe de la brigada, “no lo hagan, eso se va a ver mal, yo estoy haciendo un performance”. “Ah, son órdenes”. No pararon y estuvo perfecto. Fue un performance en el que logré que el gobierno entrara en diálogo conmigo, en mi campo de batalla. Imagina un artista que se ha metido 25 años o 20 años —tengo que sacar la cuenta— trabajando sobre poder, trabajando primero para entender qué es el poder, después tratando de entender cuáles son las herramientas del poder, apropiarme de ellas, virarles esas herramientas para crear un diálogo y de pronto son ellos quienes me hablan en mis propios términos. Si lo hubiera planeado no me hubiera salido.

Durante el viaje conocí a algunos estudiantes de la Universidad de la Habana, algunos de filosofía y otros de letras, todos con capacidades notables para discutir ideas teóricas del marxismo al poscolonialismo. La mayoría con la claridad para ver sus alcances y limitaciones. Por la manera en que iban cerrando la boca al hablar, como si quisieran que cada vez entendieras menos lo que estaban diciendo, reconocí a uno que otro castrista recalcitrante. No defendían a la Revolución sino al gobierno de los Castro. Algunos hablaron de libertad, pero ninguno mencionó a la democracia.

La gente está tratando de entender qué es lo que está pasando, hay mucho espacio para la creatividad, nadie sabe cómo se van a resolver las cosas. Hay una pequeña posibilidad de experimentación y por eso tenemos que consolidar el Instituto en este momento. Nuestro proyecto dentro del Instituto en parte es una alfabetización cívica a largo plazo. No estamos esperando ver los cambios en dos meses. En Cuba ha habido una alfabetización desde 1960, la gente aprendió a leer y escribir, el problema es que no se puede leer lo que uno quiere ni escribir lo que uno piensa, por eso es una alfabetización cívica. Queremos que la gente que ya sabe leer y escribir pueda leer lo que quiera y escribir lo que piensa. Donde aprendan que tienen derecho a hacer preguntas incómodas, que tienen derecho a pedir a los que están en el poder que les rindan cuentas de lo que está sucediendo. Esas son cosas que en Cuba en este momento no funcionan. Este año es el 500 aniversario de Utopía, de Tomás Moro. Este proyecto también quiere jugar con la idea de la utopía, utopías realizables, no utopías inalcanzables.

En las calles de la Habana Vieja, con su olor a petróleo, que no es otra cosa que la contaminación de los moskvitch rusos o los almendrones estadunidenses, ahora suena reguetón. La Bodeguita del Medio, donde descubres que nada de lo que habías probado antes era propiamente un mojito cubano, la TeleRebelde transmite el partido del Levante contra el Espanyol. Durante los desayunos en el Hotel Riviera, donde Fidel Castro, en enero de 1959, dio una conferencia de prensa para defender el triunfo de la Revolución, se me ocurren desde los motivos ideológicos hasta el simple descuido para poder descifrar esa manera de preparar un puchero o unos hot cakes.

Pienso que este proyecto trata de rescatar algunas ideas de la Revolución que se han perdido, incluso por el mismo gobierno. El mismo gobierno es el primero que las está tratando de eliminar, como si no hubiera pasado nada. Hay ideas que ahora no existen, la igualdad social ya no existe, y como es nueva la desigualdad, es más violenta que en otros lados. Ya hemos visto pasar esto, ya pasó en todos los lugares, ya pasó en Rusia. Después de un espacio y un tiempo donde la gente siente que no puede decir lo que quiere, hay una confusión donde se niega absolutamente todo lo anterior y se empiezan a usar valores que uno mismo va a tratar de cambiar.. Yo creo que es el momento en el que el arte tiene que ser parte de la vida de la gente. No es tan importante ni tan interesante que cada persona sea artista. Rectificaría esa cita de Joseph Beuys: yo no diría que lo importante es que cada persona sea artista, sino que el arte esté en la vida de cada persona.

La Habana te deja la sensación de que aunque no entiendas nada, hay algo importante que rescatar ahí. Tienes la intuición de que hay algo valioso que preservar aunque no sepas bien de qué se trata. Es la encarnación misma de la nostalgia. No pude realizar la entrevista a Tania Bruguera a finales del año pasado, cuando tenía los fondos suficientes y el vuelo confirmado. Ella se encontraba en Nueva York, para ser la primera artista en residencia de la Oficina de Asuntos del Inmigrante de esa ciudad. Pude entrevistarla vía Skype.