AMLO y el arte del autogol | Letras Libres
artículo no publicado

AMLO y el arte del autogol

Los autogoles de AMLO ocurren alrededor de ciertos temas principales, como el de la democracia interna y, muy especialmente, las múltiples dimensiones del combate a la pobreza. 

Pocos políticos en la historia de México han sido tan atacados como Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, también es cierto que menos dirigentes aún han tenido su capacidad para convertir campañas que van dirigidas en su contra en elementos que jueguen a su favor. Por ejemplo, tras los llamados video escándalos de 2004, López Obrador consiguió enfocar la atención pública en la trama de complicidades entre sus adversarios políticos para la difusión de los videos comprometedores y, de esta manera, evitó ofrecer una explicación seria y convincente acerca de los niveles de corrupción que involucraban a, por lo menos, dos de los funcionarios de su primer círculo. Y ni qué decir del fiasco foxista del desafuero. Es innegable que el talento político de López Obrador y su enorme apoyo popular en ese entonces le permitieron forzar la retirada temporal de los adversarios y salir más fortalecido de esas batallas.

Por ello, siempre es muy sorprendente ver la facilidad con que Andrés Manuel López Obrador se puede hacer daño a sí mismo. No son pocas las veces en que López Obrador juega abiertamente para sus críticos y confirma con sus respuestas o actos lo que supuestamente está tratando de desmentir. Durante la campaña de 2012, las pocas interacciones que tuvo el candidato presidencial de la coalición de izquierda con comentaristas de Televisa terminaron fortaleciendo el relato de su afición por la denuncia fácil del complot y la conspiración y sus tendencias “mesiánicas” (por ejemplo, aquí a partir de 1:01:10).

Sin embargo, es en sus cada vez más frecuentes desencuentros con simpatizantes y potenciales aliados donde se revela la falta de juicio de López Obrador para abordar y procesar interrogantes, críticas, cuestionamientos y propuestas, y así asestarse duros golpes a sí mismo. Durante las dos últimas semanas, el excandidato presidencial se ha embarcado en una serie de anuncios de candidaturas adelantadas para varios puestos de elección popular que estarán en disputa en 2015. Aunque su partido político, MoReNa, aún no recibe oficialmente su registro electoral, varios militantes y simpatizantes distinguidos han sido ya presentados por como “opciones” o “enlaces” para irse “posicionando” de cara al proceso electoral del próximo año (incluyendo a Layda Sansores en Campeche, Yeidckol Polevnsky en Naucalpan, María Núñez en Michoacán, y casi todas las delegaciones del Distrito Federal).  Cuando el periodista Julio Hernández López, de La Jornada, cuestionó en Twitter (y posteriormente en su columna) si dichos anuncios constituyen ejemplos de “dedazos” o el resultado de procesos de consulta abierta entre las bases, la respuesta del dirigente no pudo ser más autodestructiva: en menos de 140 caracteres reveló su visión maniquea del periodismo (partidarios vs. opositores), y recurrió al plural mayestático “nosotros” para responder a una crítica dirigida a su persona, y le colgó al periodista el sambenito de “conservador”. Mejor argumento a favor no podría haber hallado el crítico del personalismo.

Las críticas a ese estilo de liderazgo no son nuevas ni todas provienen de adversarios políticos; han sido una constante incluso dentro del movimiento que él López Obrador. No son pocos los lopezobradoristas que reconocen y deploran en corto la tendencia del dirigente a arrogarse decisiones que en teoría deberían ser colectivas y su falta de apertura para considerar otras alternativas. Los miembros de MoReNa de quienes he escuchado estas críticas suelen atemperarlas con una reflexión acerca de la enorme capacidad de convocatoria del dirigente, el peso de su liderazgo en la unidad interna del movimiento y, sobre todo, su incuestionable honestidad en comparación con una clase política que abunda en ejemplos de verdadera depredación al estilo del “Negro” Durazo. Es, perdonando el anglicismo, un necesario tradeoff: personalismo por honestidad, “democracia” asamblearia (en el mejor de los casos) por unidad, etcétera.

Lo que los miembros de MoReNa necesitan entender, en mi opinión, es que la inmensa mayoría de votantes potenciales del nuevo partido no militan en él y, por lo tanto, no comparten el mismo cálculo de los pros y contras de un liderazgo como el de su presidente. Estas semanas han sido pródigas en imágenes que presentan a López Obrador como uno de los mayores exponentes en la actualidad de la cultura priista del dedazo, imágenes que fueron creadas y apuntaladas por él mismo y algunos de sus seguidores. No sólo ha continuado la pasarela de candidatos en medio de la controversia, sino que el discurso empleado es una calca de las viejas formas priistas y parece elaborado especialmente para contradecir la pretensión de apertura y consulta democrática de sus enunciadores. Este ejemplo, tomado de una carta dirigida por el dirigente de MoReNa en Naucalpan a Hernández López, es, parafraseando al destinatario, de antología: “El licenciado Andrés Manuel López Obrador, intérprete puntual de los propósitos de los miembros de Morena, toma sus voces para dar a conocer sus inquietudes.” Es el Supermán Marín metiéndose autogol con el brazo o Darío Verón cabeceando sobre la salida de Bernal.

Los autogoles del presidente de MoReNa ocurren alrededor de ciertos temas principales, como el de la democracia interna, que ya vimos y, muy especialmente, las múltiples dimensiones del combate a la pobreza. Esta mañana nos despertamos con la noticia de que López Obrador no entiende en absoluto la relación entre pobreza y desigualdad de género al declarar que él priorizaría el “combate” a la pobreza” por sobre el derecho de las mujeres a decidir. Ignora el dirigente de un partido que se pretende constituir como esperanza para los pobres que la pobreza afecta desproporcionadamente a las mujeres debido a un entramado de mecanismos de subordinación que inician desde la cancelación el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Bien podría informarse López Obrador -antes de sabotearse a sí mismo frente a los colectivos de mujeres por el derecho a decidir- acerca de los estudios que muestran que las mujeres que no tienen acceso a la interrupción legal del embarazo tienen mayores probabilidades de vivir en la pobreza.

Yo, pese a haber votado por él, siempre he pensado que el conservadurismo de López Obrador es un lastre que le impide ver la relación entre empoderamiento social y combate a la desigualdad. Debo agradecerle haberme proporcionado un sólido argumento a favor de mi punto de vista. Los miembros de su nuevo partido deben tomar nota y movilizarse internamente para impedir la autogoliza que el dirigente se propina.