Alexia de la Morena, relacionista pública | Letras Libres
artículo no publicado

Alexia de la Morena, relacionista pública

Quinta y última entrega de la serie "Pasiones fuera de la redacción".

(Foto: Milagros Checarelli)

“Si algo me puede definir, es que soy muy buena para unir a la gente”.

Alexia de la Morena es una periodista polifuncional: ha trabajado en cadenas nacionales de televisión en España, en agencias de noticas como Colpisa, Efe o Notimex, y en diarios. Actualmente trabaja en una agencia de modelos y azafatas para eventos. Pero su verdadera vocación es la cooperación y la ayuda. Espera algún día poder vivir en China, donde pasó algunos meses el año pasado.

Además del periodismo y de la organización de eventos, también te has dedicado a la cooperación. ¿Cómo es que tenías una ONG y que la tuviste que cerrar?

Sí, estuvimos cinco años trabajando, haciendo proyectos con huérfanos, con centros de menores, con inmigrantes... El problema es que por mucho empeño que pongamos, y a pesar de que la Comunidad de Madrid y la Unión Europea nos han dado ayudas cada vez que las solicitamos, mi equipo y yo no podíamos seguir con tanto trabajo. Entonces, ofrecí mi puesto de presidenta de la ONG a varias personas, para que siguieran con ella, porque ya tenía un pequeño nicho de mercado abierto, un cierto renombre. Pero nadie quiso seguir con ella. Yo en ese momento me estaba dejando la salud, y la cerré hace un año porque no podía más. Tomé la determinación de seguir con mi carrera profesional, con mi formación y seguir trabajando con ONGs de otra manera. Ahora hago de intermediaria para organizaciones más grandes. Me contactan para darme materiales, mantas, cepillos de dientes, y otras cosas, y yo los uno a otras personas que les pueden dar un destino útil. Hoy, creo que si algo me puede definir, es que creo ser muy buena para unir a la gente para trabajar por un fin. Veo siempre perspectivas de ayuda, de sinergias. En el fondo, creo que esa es mi vocación y supongo que en algún momento volveré a dedicarme solamente a ello.

¿Y viniendo de mundos como el periodismo y la cooperación, cómo es que te gusta estar en una agencia de modelos y azafatas?

Sobre todo porque trabajo mucho con equipos. Me gusta mucho ver cómo funciona la psicología aplicada al trabajo con equipos, y ver cómo todo va saliendo. Al trabajo en los medios lo tengo un poco apartado, pero en el fondo todo es un complemento. Aunque si hay algo negativo que decir sobre los medios, es que muchas veces no me dejan hablar de lo que yo quiero. Hay tanta censura que a lo mejor me estoy apartando un poco para, cuando vuelva, hacerlo con más fuerzas. Tengo esa necesidad, ¿sabes?

¿Te ha pasado mucho, en medios, que te hayan dicho “Esto no se puede decir”?

Muy pocas veces he podido hablar de las injusticias sociales, y yo estudié periodismo con la idea de poder hablar de ello. Lo he intentado mucho, y muchas veces me han parado reportajes: no se puede hablar por el anunciante, o porque esto no da audiencia, o porque hablar, por ejemplo, de prostitución, no da buena imagen... No es agradable estar siempre detrás de los intereses del medio, del editor... Así que sigo con mi formación y con algo que me permite desarrollarme como profesional y cambiar de ambiente.

¿Cuánto tiempo llevas en la empresa de eventos?

Llevo seis años, pero siempre lo he compaginado con otro trabajo, porque lo hacía como freelance fuera del horario de oficina. He sacrificado mis fines de semana para poder complementar dos trabajos y resolver una necesidad de esta empresa. No me desconecté de ella porque tengo muchas satisfacciones y beneficios, no en el tema económico, pero sí en trabajar con muchos equipos y ver que eres una gran ayuda para ellos. Además, en esta empresa me dedico a crear ideas. Si un cliente me dice que lo que tiene que vender es esto, yo hago un brain storming puro y duro, como agencia de eventos le creo una idea, y si a él le gusta, la llevamos a cabo.

¿O sea que haces de creativa, también?

Hago de todo: de creativa, de gestora de recursos humanos, llevo un departamento de calidad. Hago todo esto porque es una empresa muy pequeña, pero lo bueno es que me permite moverme de un sitio a otro, conocer mucha gente, estar en relaciones públicas y comunicaciones en todo momento. Eso me encanta.

Supongo que el trabajo con modelos también tendrá cosas malas...

Una empresa como la mía, lógicamente, se lleva un tanto por ciento por el trabajo que hacen las chicas, porque tú le has conseguido ese trabajo. Pero ellas después quedan expuestas a todo tipo de cosas, y algunas chicas son muy vulnerables, muy jóvenes, y hay clientes muy listos y muy astutos. Nosotros sólo hacemos de intermediarios para trabajos, pero a lo mejor si a raíz de ahí hay un contacto, o se la invita a una fiesta, nosotros no tenemos nada que ver. El problema es que es un mundo muy viciado y con muchísima competencia. Entre las modelos existe la frase "Siempre hay una más guapa y más joven que tú". La mayoría sabe que a partir de los 35 no las van a llamar mucho. Entonces, algunas entran en una carrera sucia, de mucha ambición. Algunas tienen carencias y creen que irse con un tío rico les puede dar el amor, el dinero, la felicidad... Pero son casos muy puntuales. También hay chicas súper profesionales, que ahora con la crisis tienen muchísimo menos trabajo.

¿No crees que quizás el modelaje es un mundo muy viciado, pero se ve todo más claro y quizás es menos hipócrita que el de las ONG o del periodismo?

Yo creo que el mundo no es hipócrita, sólo hay gente hipócrita y gente viciada, ¿no? En el mundo del periodismo estamos, sin querer, siendo parciales en todo momento. Es muy difícil ser objetivo: depende del interés de tu medio, depende de cómo tú entiendas esa noticia, es muy difícil encontrar el equilibrio. En el mundo del modelaje, no son las modelos las que hacen ese mundo, es la gente que tiene el poder, que al final termina arrastrando a algunas como víctimas, pero también a otras que para nada son víctimas.

¿Cómo fueron esos meses que pasaste en China?

Tenía muchas ganas de ir a vivir a China, llevo estudiando chino desde hace dos años, y para mí es un país fascinante, con un montón de prohibiciones, límites y con unos derechos humanos que no existen. Eso tiene que ir cambiando poco a poco. Tuve la gran suerte de vivir allí, aprender de los chinos y conocer un poco su cultura. Sobre todo, conocer la cultura tibetana, y aprender por qué hay tanta discriminación hacia los tibetanos. Pero también aprendí la poca educación que tienen los chinos. Su acceso a la educación es mínimo, solamente para unos pocos privilegiados. La televisión nacional consta de cinco canales, todos del partido gobernante, y la manipulación es constante. Ellos piensan que son la primera potencia del mundo y que llegarán a repoblar el mundo: sencillamente, que son el centro del universo. Necesitan una apertura y seguir invirtiendo en educación, porque también tienen aspectos muy positivos. Es una cultura muy agradable y hospitalaria. Si tuviera que definir a los chinos en una palabra, te diría que son curiosos. Tienen una curiosidad increíble por todo, además de ser grandes trabajadores.

- Feliciano Tisera