Albert Camus, caso revisado | Letras Libres
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Albert Camus, caso revisado

En Meursault, caso revisado, el periodista argelino Kamel Daoud reescribe El extranjero de Camus desde el punto de vista árabe.

Albert Camus ha excitado a menudo la imaginación de otros escritores. Berta Vias Mahou se inspiró en sus últimos días para escribir Venían a buscarlo a él, Charles Pepin tomó elementos de El extranjero en su libro La Joie y el actual ministro de comunicación de Argelia, Hamid Grine, publicó en 2011 Camus dans le narguilé, sobre un hombre que cree ser hijo del autor de La peste. Otros escritores argelinos como Boualem Sansal, Yahia Belaskri o Maïssa Bey también han escrito sobre él.

En Meursault, caso revisado (traducción de Teresa Lanero, Almuzara, 2015), el periodista Kamel Daoud (Mostangame, Argelia, 1970) retoma la trama de El extranjero (1942). El volumen, publicado en francés en Argelia por Barzaj y por Actes Sud en Francia, fue finalista del Premio Goncourt y obtuvo el Goncourt de Primera Novela, así como el premio de novela François Mauriac. El punto de entrada es lateral y provocador: El extranjero contaría un caso real. Meursault habría escrito su historia en un libro (“El otro”) de gran éxito, “donde se cuenta un asesinato con la genialidad de un matemático inclinado sobre una hoja muerta”. El árabe anónimo que Meursault asesina en la playa es el hermano del narrador, Haroun, que dirige un largo monólogo, repartido en varios días y puntuado por el alcohol, a un interlocutor silencioso, que prepara una tesis universitaria. Daoud emplea frases de Camus, glosa el texto y realiza variaciones con escenas y metáforas. Frente al laconismo de El extranjero, Meursault, caso revisado presenta un narrador torrencial, enfático, aparentemente deslavazado.

La primera parte de la novela trata de invertir la perspectiva: “Hoy, M’ma [mamá] sigue viva”, comienza. El hermano de la víctima de un crimen absurdo y confuso, quizá deliberadamente embellecido por el perpetrador, toma la palabra. Esa recuperación del relato es un procedimiento clásico de la escritura poscolonial, y probablemente esté entre las razones de la buena acogida que Meursault, caso revisado ha tenido en el provinciano mundo literario anglófono. “Por esa razón aprendí a hablar esta lengua y a escribirla, para hablar en el lugar de un muerto, continuar un poco sus frases. El asesino se ha vuelto célebre y su historia está demasiado bien escrita para que yo tenga intención de imitarla. Era su lengua. Por eso voy a hacer lo que se hace en este país desde su independencia: tomar una a una las piedras de las antiguas casa de los colonos y construir con ellas una casa para mí, una lengua mía”. Daoud muestra la tara duradera, la herida que deja en los supervivientes que sufren o hacen que los otros hereden el rencor. La relación entre el narrador y su madre es uno de los temas centrales de la novela. Funciona a nivel literal pero también alegórico.

Haroun habla del valor del lenguaje (y del idioma francés) y el poder de la palabra escrita: “La lengua francesa me fascinaba como un enigma más allá del cual residía la solución a las disonancias de mi mundo”, dice: “Una lengua se bebe y se habla, y llega un día que te posee; entonces, empieza a apoderarse de las cosas en tu nombre, se adueña de la boca como la hace la pareja en la voracidad del beso.” Uno de los motivos que le impulsan es darle un nombre a su hermano, y hay un pasaje divertido y cervantino cuando la aparición de una estudiante hace que Haroun y su madre descubran, tras años de pesquisas sobre el crimen, que está contado en un libro célebre.

Meursault, caso revisado elabora una reflexión elíptica sobre la historia de Argelia desde la independencia hasta ahora, donde el absurdo desempeña un papel importante. Cuando Haroun, obsesionado por la venganza, mata a un francés en julio de 1962, el problema para las autoridades es que lo ha hecho después de la obtención de la independencia, cuando asesinar a un europeo es un engorro y no un acto de resistencia. También por cuestión de tiempo, no está claro que Moussa, el hermano de Haroun, fuera un mártir o solo una víctima. Se cuentan dos asesinatos y se describen sus consecuencias, pero también aluden a los cientos de miles de muertos de la guerra de la independencia y en la guerra civil de los años noventa. El narrador dice: “El único versículo del Corán que resuena en mí es este: ‘Si matas a un ser humano es como si hubieras matado a toda la humanidad.’”

Haroun, en cierto modo, es un extranjero en la nueva Argelia. No siente nostalgia de la dominación francesa, pero tampoco entiende bien lo que significa “ser árabe”, y lamenta cómo la religión ha ganado terreno y recortado libertades. “La religión para mí es un medio de transporte colectivo que nunca tomo. Me gusta ir a pie si es necesario, pero no en un viaje organizado”. No solo eso: “La fe, en nosotros, fomenta cierta desidia íntima, permite cada viernes una espectacular dejadez, como si los hombres se dirigieran hacia Dios desaliñados y descuidados”. El viernes “no es el día en que Dios descansó, es el día en que decidió huir y no regresar jamás”. La belleza está relacionada con el lenguaje, y una de las desgracias de la religión es que ha limitado la sensualidad. Sobre Meriem, la estudiante que investigaba el libro de Meursault, dice: “Pertenece a un tipo de mujeres que hoy en día han desaparecido en este país: libre, triunfadora, insumisa y consciente de que su cuerpo es como un don, no como un pecado o una vergüenza.”

Poco después de que Daoud declarase en un programa de televisión francesa que “Mientras Dios sea tan importante, el hombre será secundario”, un imán emitió una fetua pidiendo al gobierno argelino que lo condenara a una ejecución pública. Daoud, que protagoniza un amplio reportaje publicado en el número de septiembre de Letras Libres, es crítico con el gobierno y el fanatismo en sus artículos periodísticos y ha dicho que su novela no es ofensiva para los musulmanes, pero que podría serlo para los islamistas. “Les ofende nuestra vida, la diferencia, las mujeres, la risa. Aman la muerte, no la vida. La amenaza es seria, pero no para mí sino para todos: para mí, para usted, para el caricaturista, el bailarín, la mujer, la estudiante nigeriana.”

Kamel Daoud no se limita a ensayar una respuesta a El extranjero. Meursault, caso revisado es una novela llena de duplicidades y paralelismos, que dialoga con ese libro y con otros textos de Camus, y comparte con el autor de El mito de Sísifo un impulso humanista, un compromiso moral pero también cívico, y un reconocimiento de la complejidad contradictoria de la experiencia y los sentimientos.

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