Aforismos | Letras Libres
artículo no publicado

Aforismos

La caída y el vuelo son sensaciones casi idénticas en todo, salvo en el detalle final. Debemos recordarlo al ver a esos hombres y mujeres que parecen enamorados de su propia caída.

 

El tiempo de mi vida adulta que he vivido en el momento presente no sumaría más de un día. Si tan solo hubiera vivido ese día; este habría derramado su luz sobre todos los otros como un brasero en una galería oscura. En cambio, sigo mi camino iluminado por chispas y por lo que estas brevemente hacen visible.

 

Terrible descripción, hoy, en el periódico, de una mujer que vio a su hijo caer, fatalmente, desde una gran altura. Fue como si todo se pusiera en cámara lenta... No, el tiempo no se detuvo; ella dudó. El verdadero horror es que nuestro espíritu humano primero contempla y luego actúa. ¿Puedes imaginar a una leona en esa parálisis del espectador?

 

No hay furia más justa que la de un pecador acusado del pecado erróneo.

 

A pesar de que adquirimos un aire de inviolada religiosidad cuando estamos solos, nada nos vuelve menos humanos que una soledad interrumpida, específicamente, la triple y monocorde obscenidad de la obertura de Guillermo Tell en el teléfono móvil del tipo frente a mí en el tren; sus enormes gafas rojas, su proclamada bonhomie... Me descubro a mí mismo rezando para que su próxima llamada le traiga la noticia de la muerte de su madre.

 

Casi todo en este cuarto te sobrevivirá. Para este cuarto, tú ya eres un fantasma, una cosa blanda y patética que va y viene.

 

Una suerte, supongo, que todo acabara. Una intimidad más profunda entre nuestras respectivas anatomías habría implicado el asesinato.

 

Ningún email durante una hora. Los cabrones.

 

Todo lo que se mueve es fantasma.

 

Hay escritores para quienes ninguna forma existe: demasiado listos para la novela, demasiado escépticos para la poesía, demasiado verbosos para el aforismo. Lo único que les queda es el ensayo –el medio menos apropiado para ser escarnecidos–. Terminan de críticos.

 

Nunca logro ser lo bastante breve. Siempre me pierdo en el lado equivocado del silencio.

 

W. calculó mal. Pensó que se estaba dejando ver demasiado, cuando quería ser apreciado por sus raras apariciones. En menos de un año ya lo habían olvidado.

 

El tiempo nos cura tan bien que nos borra. Somos sus heridas.

 

Los poemas verdaderos son fugitivos, avergonzados de su humana procedencia.

 

El estilo es una estrategia de evasión.

 

El arte puede ser definido como la práctica de resolver problemas científicos sin usar el método científico. La distancia entre las estrellas es atravesada solo por la imaginación artística; el ave del paraíso planea hacia la vida en las manos de un marinero aburrido. La trisección del ángulo, empleando solamente una regla y compás, es, de acuerdo con la prueba irrefutable de Wantzel, perfectamente imposible; la solución, por supuesto, es descartar los instrumentos y hacerlo a mano.

 

Las cosas más eróticas que puedan ofrecerte son las que impulsa el más puro egoísmo de tu amante. La caridad, por otra parte, es el gran antiafrodisiaco.

 

Estuve abatido durante horas, en posición fetal y agonizando de aburrimiento, porque (me lo ha hecho saber mi madre) habían sacado mis libros al darse cuenta de que mandarme a mi cuarto no era para nada un castigo. Los próximos veinte años los pasé acumulando más libros de los que podría leer. Ahora, en dos vidas no los terminaría, ni cuatro camiones podrían llevárselos, ni cien mamás. Esa revelación fue suficiente para disuadirme de buscar la raíz de mis otras manías.

 

El infierno es una soledad forzada; el cielo, una voluntaria.

 

En el arte, el único crimen por ignorancia es el redescubrimiento del cliché. La flor del genio, por otra parte, es su renovación; una revelación de que no sabíamos lo que siempre supimos.

 

Ella no estaba a gusto con la idea de dejarlo solo en su casa, menos por los secretos que él podría descubrir que por la falta de los mismos. Esa carencia era, de hecho, su peor secreto.

 

Siempre que volvemos con algo de música de nuestros sueños, conserva su belleza; un verso hermoso, sin embargo, se oxida al exponerlo a la luz del día, y se vuelve una tontería ante nuestros ojos. No hay mejor prueba de que la música se mueve en lo más profundo del inconsciente. La poesía es la música de la conciencia.

 

Nos convertimos en nuestras profecías: la simple incomodidad de confesar que dejaremos a nuestro amante nos da el valor para hacerlo. Este ejemplo evoca un sistema más profundo desde las sombras. Debemos abrir la brecha antes de seguirla, el aire estancado con demasiada frecuencia se solidifica contra nosotros; en esas ocasiones, el dios que nos habita se adelanta, y nosotros seguimos el vacío de su paso en busca de la salvación. He ahí por qué la transición suele sentirse como un abandono.

 

El mundo me decepcionó tan pronto como llegué a él. Estoy orgulloso de no haber perdido tiempo.

 

El sexo anal, a despecho de su graciosa reputación de bestialidad, es para la mayoría de las parejas muestra de civilización, incluso de refinamiento. Como la mayoría de los refinamientos –foie gras, Webern, Buñuel– luce mejor en perspectiva y mejora inmensamente con la adición imaginaria de una voz en off que te recuerda la decadente sofisticación que ambos están disfrutando.

 

Me consideraba inmune contra las sirenas del suicidio hasta una mañana en que, de alguna manera, logré percatarme de un doloroso cambio radical; la idea se me ocurrió por casualidad. A partir de ese momento, me he atado al mástil de mí mismo.

 

Cualquier cosa que provoque un asentimiento inmediato solo ha reconfirmado un prejuicio.

 

El aforismo es una breve pérdida de tiempo. El poema es una completa pérdida de tiempo. La novela es una monumental pérdida de tiempo.

 

¿Por qué tantos aforismos sobre el aforismo? Solo una hormiga puede corregir los modales de otra hormiga. ~

_____________________

Versiones de Ernesto Hernández Busto.