Vivir, matar, revivir al padre | Letras Libres
artículo no publicado

Vivir, matar, revivir al padre

Si en Las guerras culturales de Octavio Paz (Colibrí, 2002; Colmex, 2014) Armando González Torres había hecho una revisión minuciosa de la figura pública del Nobel mexicano y sus controversias con los representantes de diferentes generaciones, su volumen más reciente extiende el análisis y evalúa el impacto que ha tenido en estos veinte años una obra todoterreno, que “va desde la teoría literaria hasta la historia, la antropología y la política, pasando por la crítica de artes plásticas”.

 

González Torres ha querido mostrar en su segundo libro dedicado al poeta “la influencia y los pujantes signos vitales de Octavio Paz en la cultura contemporánea”. Este rastreo incluye los inicios de Paz (su niñez, sus primeras amistades, su primer amor), sus rasgos de personalidad (dominada por ideas estéticas y opiniones políticas), sus afinidades más íntimas (sor Juana Inés de la Cruz, Albert Camus), su labor como “polemista político”. El autor toma como punto de partida los libros y artículos que se han escrito sobre Paz desde su muerte en 1998 (e incluso su aparición como personaje en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño) para emprender un profundo análisis de esas huellas. En las últimas décadas no ha habido otra figura en México como la de Paz, nos advierte González Torres, alguien que haya tenido un “éxito notable en la tarea de crear un estilo literario y de pensamiento, así como de establecer una identidad y un capital cultural”.

 

La bibliografía que rodea al Nobel mexicano parece inacabable y no deja de crecer. Sin embargo, en Los signos vitales el lector podrá encontrar un recuento puntual y condensado de gran parte de esos libros, en un estilo que combina la reflexión crítica con el rigor y que no tiene concesiones al momento de abordar tanto la obra de Paz como lo que de ella se ha escrito. Entre los títulos que trata este volumen se encuentran Las sendas perdidas de Octavio Paz, de Evodio Escalante, Octavio Paz. El poeta y la revolución, de Enrique Krauze y Viaje de Vuelta. Estampas de una revista, de Malva Flores.

En “Padres e hijos”, el segmento dedicado a la vida del poeta, González Torres traza una genealogía que permite entender el ascenso del hijo de Josefina Lozano y Octavio Paz Solórzano, un escritor, político y periodista, que fundó el Partido Nacional Agrarista y fue secretario de Gobierno del estado de Morelos. A su vez, “Afinidades y querencias”, la parte centrada en las influencias de Paz, examina su faceta de “pensador ecléctico, abierto a todas las ramas del saber, cuyas influencias no siempre hizo explícitas y acaso a veces ni siquiera conscientes”. En el último apartado, “El poeta y el pugilista”, se aproxima a las polémicas de Paz y también a los malentendidos alrededor del hombre público. Convencido de que las figuras intelectuales sufren una deformación en la percepción general debido al “bronce del elogio fácil” o el “lodo de la maledicencia”, González Torres asegura que en México “la asimilación y discusión seria de la obra y la figura pública [de Paz] pasó a segundo plano una vez que el escritor se convirtió en un polo del debate ideológico”.

Una vez que ha discutido los pormenores biográficos, los atributos de su obra y la labor de Paz como editor y fundador de Plural y Vuelta, en la recta final de su libro González Torres se adentra en su propia relación con el poeta: “No sé si me acerqué al poeta amoroso [...] o descubrí asombrado al poeta en prosa [...] o, simplemente, vi en un programa de televisión al tan irascible como deslumbrante expositor.” Es también aquí donde el autor sugiere que su generación, aquella que nació en la década de los setenta, fue la última que vivió la plenitud polémica de Paz, una aseveración que todavía está por corroborarse.

Más que realizar una serie de brillantes comentarios a la bibliografía crítica de uno de los más grandes escritores hispanoamericanos, González Torres honra en este libro los siguientes versos de Paz: “Yo no escribo para matar al tiempo / ni para revivirlo / escribo para que me viva y reviva.” Esta renovación traspasa fronteras porque la poesía y los ensayos de Paz siguen cosechando frutos que todavía falta recoger. La más reciente entrega de González Torres es un recordatorio de que el “fenómeno de la posteridad” de Octavio Paz necesita de lectores críticos: “su obra está llena de enigmas”, nos dice el autor, “cuyo desciframiento requiere [...] un sano parricidio”. Los signos vitales es, primordialmente, el testimonio abierto de un Octavio Paz para el futuro. ~


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