Terrario | Letras Libres
artículo no publicado

Terrario

Yo sé de la pobre abeja
que luego de ver la flor
por dentro siente el horror
del instante que se aleja.

Yo sé del ojo del perro
que lagrimea de humano
y del cadáver lozano
que llega tarde a su entierro.

Yo sé que el pez no sospecha
que el anzuelo tiene vida
y que la bala perdida
solo hiere a quien la acecha.

Yo sé que el pájaro mudo
es más feliz que el cantor,
ese pequeño impostor
clavado a su sobreagudo.

Yo sé de la mariposa
que revolotea dentro
de mí cuando me concentro:
no halla jardín sino fosa.

Yo sé que el sol hace muecas
cuando el hombre lo escudriña
y que hay aves de rapiña
dentro de las bibliotecas.

Yo sé de la caracola
que huye del ruido del mar
y advierte, no sin pesar,
que el sexo se le amapola.

Yo sé que la mosca reza
a los penates de casa
y mientras duermo me pasa
la mano por la cabeza.

Yo sé que el agua se asoma
a sí misma a cada rato
y ve las plumas de un gato
donde hubo una paloma.

Yo sé de la polvareda
que persigue al colibrí
para derribarlo. Sí:
el polvo nos deshereda.

Yo sé por qué las arañas
no desperdician el hilo
pespunteándose un estilo:
les sale de las entrañas.

Yo sé por qué alrededor
de mí chillan las gaviotas:
soy un bando de alas rotas
y una marea interior.

Yo sé de la fruta verde
que se impacienta en la rama:
prefiere, al sol que la ama,
el gusano que la muerde.

Y sé del grillo que espera
que otro grillo le responda
mientras la noche se ahonda
dentro de mi calavera. ~