Mary McCarthy y las alegres y snobs chicas de Vassar | Letras Libres
artículo no publicado

Mary McCarthy y las alegres y snobs chicas de Vassar

Mary McCarthy

El grupo

Traducción de Pilar Vázquez

Madrid, Impedimenta, 2021, 464 pp.

¿Qué ocurría en Estados Unidos entre 1933 y 1939? O más concretamente: ¿cómo era la vida íntima, pero también cotidiana, de las chicas de clase alta que habían ido a la universidad y que se adentraban en la vida adulta en esos años? ¿Pensaban en la política? ¿Querían tener hijos? ¿Qué pensaban del sexo? El grupo, novela de Mary McCarthy publicada en 1963, que recupera ahora Impedimenta, responde a todas esas preguntas. El grupo de chicas son ocho, funcionan como una unidad pero conservan su individualidad. A lo largo del libro, el narrador pone el foco en casi todas ellas –también en alguna que no es del grupo, pero que funciona como antagonista–, que comparten el protagonismo de esta novela coral sobre las relaciones y sobre un tipo muy concreto de chicas: las de clase alta, en su mayoría progresistas, pero que apenas toman las riendas de su vida, hasta las que no se casan renuncian a sus anhelos y a sus sueños. El caso más claro es el de Kay: abandona su sueño de ser directora de teatro para que sea su marido, un prometedor dramaturgo, el que pueda intentarlo mientras ella trabaja en Macy’s.

Cada una de las chicas lleva su vida independiente de las demás, pero se van reuniendo a lo largo de los seis años que cubre la novela por diferentes motivos: a veces en subgrupos, a veces, todas al completo. Hasta la más snob y caprichosa en sus afectos, Lakey, aparece al final, cuando regresa de una Europa en guerra. Las otras siete van a recibirla: “Cuando la vieron descender por la pasarela, con su paso ligero y seguro, la barbilla alta, vestida con un traje de chaqueta violeta y sombrero, un neceser verde en una mano y un paraguas de seda verde en la otra, se sorprendieron de lo joven que parecía. Todas ellas se habían cortado el cabello y se habían hecho la permanente, pero Lakey seguía llevándolo largo y recogido en un moño bajo, lo que le daba un aspecto muy juvenil, y además no había perdido su espléndida figura.”

Esta novela, de la que McCarthy dijo que le había arruinado la vida, fue acusada de ser superficial, pero no lo es: lo son muchos de los personajes. McCarthy evita crear un personaje que se empodere: sus mujeres son más bien pasivas, hasta las más transgresoras, pero no es tanto una cuestión de género como de clase. Al final, se comportan como se esperaba. Todas son frágiles y vulnerables. Pueden ser también crueles y las relaciones entre ellas son complejas y no siempre iguales, los afectos y la cercanía cambian con el tiempo y las circunstancias.

La novela varía de tono en función de lo que cuente. Hay sátira cuando habla del mundo editorial, por ejemplo: “Ella se imaginaba que los editores se comportaban como reyes (o reinas): daban recepciones rodeados de sus cortesanos mientras quienes acudían a suplicar sus favores aguardaban en la antecámara ansiosos, y los lacayos (es decir, los botones) iban y venían con los recados. Y, al igual que los reyes, tenían en las manos el poder de dar la vida o quitarla”. Hay también una especie de sociología de la sexualidad femenina a través de la relación con el sexo de las chicas, se cuenta la primera vez de una de ellas, que a los pocos días va a por un irrigador vaginal y un DIU que abandona en un banco en el que se sienta a llorar porque sabe que no puede esperar nada del chico con el que se ha iniciado; otra se masturba con culpa, otra odia el sexo. Hay cierto humor cuando una de las chicas que sale con un tipo separado que acude al psicoanalista va reconociendo en ella los síntomas de la posible enfermedad de su novio. Cuando una de ellas sufre un intento de violación, McCarthy usa ese episodio para mostrar la hipocresía de la chica en lugar de para convertirla en víctima.

Ninguna de las chicas es encantadora, todas tienen un punto de mezquindad, interés, frialdad, inocencia o falta de reacción. Pero en eso McCarthy es también muy hábil porque no lo anticipa: enseña primero la parte encantadora y generosa de cada una de ellas y se guarda el secreto para después. Otra cosa que destaca de la novela es que el relevo en el peso de esta historia coral se hace de manera fluida y natural, y también diversa, de algunas historias se conocen diferentes versiones, añadiendo así perspectivas diferentes que destapan el gusto por el engaño de algunos de los personajes y las altas cotas de crueldad que pueden alcanzar.

Hay en la novela una voluntad de captar el espíritu de una época, eso incluye desde la fascinación por el psicoanálisis a la guerra civil española, que aparece como escenario de las luchas entre trotskistas y estalinistas; como ensayo de lo que sucederá unos años después: la Segunda Guerra Mundial. Incorpora debates sobre la crianza de los hijos y la lactancia, sobre la imposición de horarios estrictos o sobre el control de esfínteres. Pero también está el New Deal, la amenaza del fascismo en Europa y los anhelos de estas chicas que tienen la mala suerte de crecer como hijas de la Depresión del 29.

McCarthy va tejiendo las vidas de todas ellas en el transcurso de unos años oscuros, pero esa no es la única razón de que el libro tenga un poso de tristeza o pesimismo: es sobre todo una novela sobre la insatisfacción y las expectativas frustradas, no solo de las chicas, sino de casi todos los protagonistas. ~


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