Marcel Schwob, autor del Quijote | Letras Libres
artículo no publicado

Marcel Schwob, autor del Quijote

En la década del cincuenta el llamado giro lingüístico se viralizó como un cambio paradigmático en las humanidades, dando importancia al estudio del lenguaje y los discursos de las ciencias en sí mismos, resignificándolos como algo más que un mero vehículo de teorías y un condicionante tanto de la epistemología como de la historia y demás ciencias sociales. A fines del siglo XIX, un inquieto escritor francés ejecutaba en su obra culmen, Vidas imaginarias (1896), una vital renovación de la concepción del lenguaje literario. Una actualización de la tensión entre la verosimilitud y la veracidad que cuestionaba el predominio de la estética naturalista y costumbrista en la narrativa realista francesa decimonónica. Y lo hizo mucho antes de que el dispositivo teórico del estructuralismo y el posestructuralismo, impulsado por el giro lingüístico, asomara en el horizonte intelectual del siglo XX y creara las condiciones para pensar tal cambio en la mímesis literaria contemporánea.

Nacido en Chaville, un pueblo al norte de Francia, Marcel Schwob creció en una familia de ascendencia judía culta y adinerada, donde no fue el único personaje destacado. Su tío León Cahun fue un reconocido experto orientalista y autor de novelas históricas, que alentó su vocación libresca desde la infancia. Su sobrina Lucia Schwob fue una célebre artista surrealista y activista en el convulsionado París de entreguerras. Con su pareja en vida y obra, su medio hermana Suzanne Malherbe, dejaron un profílico legado de vanguardistas autorretratos creados bajo el pseudónimo Claude Cahún que todavía alienta arduas discusiones en los círculos artísticos contemporáneos.

Schwob fue un lector precoz: dicen que sus inquietudes literarias hicieron que con solo ocho años ya intercambiara correspondencia con sus admirados Julio Verne y Edgar Allan Poe. Una influencia, esta última, que se nota en el interés por lo fantástico y sus zonas fronterizas con el cuento extraño y el terror moderno en los relatos de Corazón doble (1891), dedicado a Alfred Jarry.

En medio de la efervescencia cultural parisina del siglo XIX, Schwob fue un escritor anfibio y sin descendencia inmediata en Francia: su obra se desplazó escurridizamente tanto de las etiquetas del decadentismo o el simbolismo. Quizás sería acertado considerarlo un antecedente del modernismo en su afán de recopilación enciclopédica de personajes del pasado, en la apropiación y reciclaje de ideas que narraba con una elocuencia admirable. Al estudio de los clásicos también se le suma su prolífica actividad como periodista y traductor devoto de la historia cultural de la vida canallesca y la poesía de Francois Villon.

En el prólogo de Vidas imaginarias cuestiona los métodos de los biográfos por creerse historiadores y por su imposibilidad de evidenciar la singularidad de las vidas que cuentan. La obra es un compendio de diez biografías de personajes tanto célebres como ilustres desconocidos (desde filósofos presocráticos, pasando por el pintor Paolo Ucello hasta una anónima encajera o Pocahontas), donde resta importancia al documento y al hecho “biografiable” para dar rienda suelta a su imaginación y de esa manera exhibir una erudición en tensión con la invención lúdica que no se preocupa siquiera por acariciar la objetividad de esa experiencia consensuada que llamamos realidad.

Al igual que el poeta simbolista Pierre Menard, hasta que uno no lee Vidas imaginarias sospechará que Marcel Schwob es un invento más de la mente maligna de Borges. De él dijo que creó un “método curioso”: Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de esta obra está en ese vaivén.” Un vaivén que se asoma como una influencia evidente en la obra paradigmática del autor argentino, Historia universal de la infamia (1954), así como en Historia abreviada de la literatura portátil de Enrique Vila-Matas (1985), La literatura nazi en América (1996) de Roberto Bolaño o No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016) de Patricio Pron, artefactos literarios que no podrían haber sido siquiera imaginados sin el antecedente de Schwob. ~


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