La pandemia y la cultura | Letras Libres
artículo no publicado
Ilustración: Pamela Medina

La pandemia y la cultura

La Covid-19 ha afectado de forma severa a la cultura: ha revelado su fragilidad y su precariedad. Algunos sectores sufren más que otros, es difícil valorar qué cambios son decisivos y los poderes públicos muestran una estrategia vacilante.

Letras Libres reunió virtualmente a Elena Ramírez, directora de Seix Barral y directora de ficción internacional del grupo Planeta; a Raquel Vicedo, editora de Pepitas de Calabaza, traductora y parte del equipo gestor de la librería madrileña Cervantes y Compañía; y a Jaume Ripoll, cofundador y director editorial del portal de cine Filmin, para hablar de los efectos de la pandemia y la crisis en el sector cultural.

Lo que todos nos preguntamos es qué es coyuntural y qué será permanente.

Jaume Ripoll: No creo que volvamos pronto al estado de febrero de 2020, al menos desde el punto de vista de la exhibición cinematográfica. Para las salas será difícil que parte del público adulto que va al cine pierda el miedo si las medidas son las que uno intuye que pueden ser. Veremos si es rentable mantener una sala abierta con un aforo máximo de un tercio o la mitad y las condiciones sanitarias a las que te va a obligar el Estado. En esas condiciones muchas salas de cine no tienen intención de abrir a corto plazo. Y no sabemos cuándo habrá condiciones para el 100% de aforo, bien por la vacuna o por tratamientos que reduzcan el impacto de la enfermedad.

Elena Ramírez: Nos hemos acostumbrado a que se estrene antes en una plataforma que en un cine. Quizá no necesariamente vayan las ventanas de explotación en el mismo orden.

Jaume Ripoll: Precisamente creo que cuando reabran las salas de cine lo que más van a necesitar es la exclusividad. Porque si no, entre casa y cine, seguramente te vas a quedar en casa. Las salas van a exigir esa exclusividad. En Estados Unidos, dicen que la reapertura sería a mediados de julio con Tenet de Christopher Nolan, una gran superproducción de Warner: un gran acontecimiento que debes ver en sala. Quizá otras películas más pequeñas puedan convivir pero las salas van a exigir ese plus de exclusividad que ayudará a la gente a perder el miedo a volver. El espectador no está acostumbrado a pagar en casa lo que pagas en el cine. Son digamos 7 euros, una entrada de cine, con un 10% de iva. En tu casa lo ves con quien quieres, con un alquiler de 3,95 (eso si no es suscripción) y un iva del 21%. Desde el punto de vista de la exhibición es muy distinto.

También es muy distinto para la producción.

Jaume Ripoll: Para toda la cadena de derechos. Muchas películas necesitan el ingreso de la sala para tener un mínimo de rentabilidad. En internet mucha gente usa las plataformas pero pagando la suscripción. Alquilas pero en general tiras de suscripción. No todas las películas son lo suficientemente atractivas a priori como para pagar un alquiler especial por ellas. Y con el estreno en cine van ganando un público. El cine independiente necesita de esto pero no es el único. Los vengadores hizo creo que 2.000 millones de euros solo en salas de cine. Eso en internet es impensable. Pero luego, además, venía el estreno online. Para un distribuidor, es como ir en un trapecio y hay distintas redes de protección antes de chocar contra el suelo. La taquilla, el alquiler online, la suscripción, la venta a Movistar Plus. Si solo te queda una red de protección, te vas a dar en el suelo.

Elena Ramírez: Decían que los rodajes se van a encarecer mucho por tasas de riesgo, medidas de protección.

Jaume Ripoll: Y los seguros, el miedo de actores que quieran o no participar. ¿Quién va a pagar eso? Las plataformas no tenemos margen, las televisiones en abierto han tenido una caída de ingresos publicitarios por la situación del consumo y no parece que vaya a cambiar al menos en tres o cuatro meses. Hay una cuestión que no sabe nadie, ¿cuándo nos podremos recuperar?

Elena Ramírez: La vieja normalidad ya era muy precaria en muchas partes del sector.

Raquel Vicedo: Hablo como librera y editora. Soy socia con otros tres de una librería en Madrid. Desde el 15 de marzo hemos vivido una situación terrorífica. Hemos tenido nuestros costes de alquiler, de suministro, de personal. Hemos hecho un erte a una de nuestras empleadas, la otra ha seguido trabajando desde casa, también es socia. Teníamos otro problema, quizá es compartido. He visto un intento de reducir la cultura a consumo y apelar a la buena voluntad de los consumidores. Hemos visto en las librerías mucho afán de ir hacer crowdfunding, a editoriales y autores liberando contenidos gratuitamente, con campañas en Instagram, lecturas. No soy contraria, todas las iniciativas son buenas si sirven para dinamizar. Pero la tarea es dignificar la cultura, darle el lugar que debería tener en nuestra sociedad. Tenemos que empezar haciéndolo los profesionales de la cultura. Muchos vivimos de la cultura, no somos ricos, frente a esa idea de que somos unos privilegiados o de que hemos heredado fincas en Mallorca. Yo no y creo que muchos no. Veníamos de una situación muy precaria a nivel salarial y empresarial. Ni las librerías tenían grandes márgenes ni las editoriales ni muchísimo menos los autores, ilustradores, etc.

Elena Ramírez: Si pensamos en traductores o correctores, ahí no se puede hablar ni de margen.

Raquel Vicedo: Yo traduzco por amor al arte, la verdad. Veníamos de un sector muy precario, con márgenes muy bajos, y la recuperación va a ser muy lenta. Si nos limitamos a estas pequeñas iniciativas nos vamos a quedar en la superficie de las cosas. Tenemos que trabajar con paradigmas nuevos. La gente que veía cine y pagaba por hacerlo o leía libros lo va a seguir haciendo dentro de su poder adquisitivo, que no sabemos cuál será. Tenemos que trabajar para dignificar la cultura y conseguir que los poderes públicos, porque el Estado debe ser un pilar para ello, logren un lugar para la cultura que no esté separado de otros sectores. En este país siempre se ha privilegiado el sector turístico. Pues igual hay que pensar que la cultura también es una fuente de riqueza y debe estar unida a la economía, la ecología, la salud, no algo aparte, un lujo. La recuperación va a ser lenta pero si nos ponemos esas limitaciones no vamos a conseguir nada. Los más débiles de la cadena, las librerías, muchas editoriales pequeñas o muy pequeñas, porque ha habido una proliferación brutal, son las que van a caer. No digo que tenga que mantenerse todo. Igual había editoriales que no eran lo suficientemente buenas y tienen que caer por su propio peso.

Probablemente asistiremos a una concentración de poder. No sé si en el cine será lo mismo, pero en la cultura ciertas estructuras van a desaparecer y las estructuras más fuertes ocuparán el lugar de las más pequeñas. Tampoco tengo problema con eso siempre que no implique un empobrecimiento del pensamiento crítico.

Elena Ramírez: Lo implica necesariamente. Si caen o sufren editoriales más pequeñas, aumentará la polarización porque aumentará la cuota de las grandes. Pero muchas editoriales que han enriquecido y aportado una diversidad que no damos desde otros lugares surgieron en los peores años de la crisis. Que la infraestructura sea menor va a facilitar que ese tejido y esa riqueza se reconstruyan con más facilidad que si hubiera pasado mucho antes. No creo que las cosas que se han hecho durante el confinamiento sean el plan que nadie tiene para activar el tejido cultural. Las dos primeras semanas nos manteníamos en movimiento para no morir de terror. Si había que hacer un Instagram Live lo hacías, y luego tratabas de apoyar al librero. Hemos ido viviendo cada día un estado de perplejidad… Esas actividades, algunas magníficas, no eran tanto una acción cultural como un intento de sacar la cabeza para respirar.

Con respecto a la pregunta que hacías de si los cambios serán permanentes o no en nuestro sector, estos días ha crecido mucho el consumo digital y el e-commerce, porque España sigue siendo un país donde nos gusta ir a la tienda, tocar el tejido. Un pregunta interesante para mí es si lees en papel o en e-book, mejor en papel por esos márgenes y esas redes que comentábamos, y si lo haces yendo a un soporte o si lo haces yendo a tu librería. Para saber los hábitos de consumo a través de lo digital hay que ver si la gente compra devices. Madres y abuelas se han acostumbrado y a lo mejor podría desarrollarse otro hábito de lectura que antes era impensable. Hemos hecho un curso acelerado. El e-commerce es la clave. Igual que la red de editoriales independientes protege una mayor variedad y riqueza cultural, la de librerías independientes protege la diversidad de oferta, protege del canibalismo de precios. Es muy importante ver qué hábitos se quedan y cómo. Así veremos cómo es el ecosistema que queda, cuáles son los márgenes de beneficio. Todos estamos pendientes para ver cómo se estabiliza, cuál es la distribución.

Raquel Vicedo: Nosotros en la librería nos estamos poniendo las pilas con el e-commerce. Creo que no hay nadie que no se vaya a subir a ese carro, que por otra parte ya era hora. Me va bien comprar muchas cosas por internet, ¿por qué los libros no en mi librería de siempre?

Jaume Ripoll: En el caso de acostumbrarse a pagar por lo digital, primero fue la música, luego el cine o el cine y las series, y ahora en teoría es el turno de los periódicos o de los medios de información. La música fue relativamente fácil con un precio muy barato y contenidos casi infinitos, en el caso de Spotify o Apple Music. En el cine fue un poco más difícil, porque había que entender que no estaba todo, pero el público, sobre todo en los últimos meses, se ha ido acostumbrando a pagar por una plataforma, al menos en nuestro país. Este año debería ser el año en que nos deberíamos acostumbrar a pagar por los periódicos. No sé cómo va a afectar la crisis de la Covid-19 pero sin duda va a hacerlo. En cuanto a los libros, la lectura en digital de novelas, yo no creo que afecte, creo que se comprará más por internet pero aguantará el libro físico.

Elena Ramírez: Hay gente que no había probado a leer en digital y ahora lo ha hecho. Quizá no se quede leyendo en digital, pero una cosa que hacía poca gente o sobre todo los profesionales ahora lo ha probado mucha gente. Hay que ver si lo han probado y no les gusta, o les parece caro, o invita a otro tipo de opciones. Yo me he suscrito a muchas cosas por militancia o por gusto estos días: a tres periódicos, a varias plataformas. No estaba gastando en otras cosas. Ya veré luego, pero ya estoy ahí, así que ese cambio que iba a ser una cosa muy progresiva de pronto es un máster rápido de cómo organizar las cosas de otra manera. El teletrabajo era una cosa medio idealizada y hemos comprobado que de repente todos lo hacíamos. Esto ha acelerado un cambio tecnológico, algunas cosas permanecerán y otras no.

Raquel Vicedo: Quizá en circunstancias normales nunca habíamos intentado leer algunas cosas, mirar otras. Yo he hecho Instagram Live en este confinamiento. La primera vez estuve supertorpe, tres minutos y no sabía ni que me estaban viendo. Pero me parece una herramienta buenísima.

Son cuestiones obvias para cualquiera que piense un momento. Pero lo interesante es que nos ha permitido descubrir que nos gusta. Yo teletrabajaba. Sea teletrabajar, leer en digital, ver Filmin, nos abre horizontes y decisiones que podemos tomar sobre nuestra vida o nuestros negocios. Y si comprendemos que la economía no es el fin sino que es el medio para llegar a vivir como queremos vivir, a nivel medioambiental, laboral, pueden salir cosas buenas de todo esto. Una es el modelo en el que estábamos en novedades, sacando libros a tutiplén. Quizá si estás en una editorial grande puedes tener un departamento de marketing que se encarga de tu bebé cuando tú lo has parido, pero las editoriales pequeñas estamos haciendo cuarenta mil libros, cada uno en su fase y la que más sufre es la promoción. Parece que haces el libro y lo sueltas para que se apañe. Ahora podía pensar en los libros que estaban hechos sin el agobio de pensar que mañana hay que enviar otro a imprenta. Hemos seguido trabajando, los libros están listos. Hemos podido pensar cómo promocionar, en qué libros vamos a concentrarnos. Algunos decían: tenemos que hacer libros más fáciles, o tenemos que concentrarnos en los importantes. Debemos volver a nuestra esencia, pensar qué queremos como editorial, qué pretendemos transmitir, cómo queremos que dialoguen nuestros libros entre sí. Con menos podremos hacerlos y defenderlos mejor.

Elena Ramírez: Y defenderlos de otra manera. Porque si no contamos, ojalá me equivoque, con estar en la calle defendiendo esos libros hay que darles otro espacio porque el trabajo es diferente y no es en primera línea con contacto directo entre el autor y el lector.

Raquel Vicedo: A lo mejor nos pasamos el día en conference call.

Elena Ramírez: No, por dios.

Raquel Vicedo: Yo veo que la gente está deseando ir a por libros. Temía un miedo cerval. Espero que no sea una moda que se pase, quiero ser optimista.

Elena Ramírez: Mis vecinos pertenecen al mundo del teatro. Eso es un sector que ya viene con unos problemas tremendos, se les contrata hoy y se les suelta mañana. Ellos van sin red.

Jaume Ripoll: La pública. Es la única. El teatro además tiene un coste elevado y luego está, como en la música, la cuestión del aforo. No había márgenes apenas y tenías la dificultad de llevar adelante proyectos medianos. Un aforo del 40 o 50% significa ir a pérdidas seguro. El gobierno, administraciones públicas locales y autonómicas tendrán que hacer una apuesta muy clara.

Y no pueden ir fuera, como las películas, o con mayor dificultad. Cameron Mackintosh ha dicho que no espera que reabra el West End este año. Si un productor, que además tiene teatros, dice eso, imaginemos los demás. Es muy complicado hacer planes cuando tienes la niebla tan cerca. Vamos viendo con pocas semanas vistas. Yo dirijo el festival Atlàntida, que este año hemos aplazado un mes, se celebra del 27 de julio al 2 de agosto. En Filmin no hay problema, es online. Pero queremos celebrar los actos al aire libre que sean posibles. Para hacer algo al menos con cierta sensación de normalidad. Los debates habrían sido con cien personas e igual tienen que ser con treinta o cuarenta. Pues lo haremos si se puede.

Hay una parte de la cultura que es social. No solo en la música y en el teatro, también en la literatura, en cierta formación de comunidad.

Jaume Ripoll: Hemos celebrado el Festival D’A, que llevaba nueve años en Barcelona. Es la primera vez online. A nivel de público está superando nuestras mejores expectativas, es llamativa la cantidad de gente dispuesta a ver unas películas que a priori no son fáciles. Y se ha mantenido o trasladado ese sentimiento de comunidad al online, con gente recomendando ver o no ver películas. En ese sentido era como un festival y después estaba algo que en un festival no sucede, la posibilidad de descubrir tarde una película. En un festival muchas veces te dicen: ¿no has visto esto? Ahora puedes hacerlo. Yo no he visto todas las películas, pero el otro día vi My Mexican bretzel, una de las cosas más deslumbrantes del cine español en los últimos años y la vi de casualidad. La película ha ido ampliando su público a medida que el boca a oreja funcionaba.

Raquel Vicedo: Sí. Yo he visto varias del festival, en redes hay muchas recomendaciones.

Jaume Ripoll: Antes se decía: la gente solo quiere evadirse, no quiere cosas densas. Nosotros hemos visto un viraje. A principios de marzo la gente quería ver películas sobre pandemias, distopías, apocalipsis. Después vimos que la gente rehuía el apocalipsis y las últimas semanas hemos visto una vocación de ver películas largas. Estrenamos Shoah, que es la película menos alegre de la historia, y ha sido un éxito. Mucha gente ha visto siete horas de Shoah. Hay que tener un humor especial para ver La flor, que dura catorce horas. Hay una parte del público que ha aceptado cosas más densas.

Raquel Vicedo: ¿Habéis subido en suscriptores?

Jaume Ripoll: Se ha notado mucho el aumento de visionados, casi el doble. En suscriptores ha aumentado pero no exponencialmente. También veníamos de aumentar en los últimos meses. La gráfica es de subida pero tampoco ha cambiado tanto. Habrá que ver cuántos se quedan pasado este confinamiento.

Ajustar la producción permite concentrarse más. Pero también hay trabajo para menos gente.

Elena Ramírez: Si todo vuelve a la normalidad, el número de títulos del año que viene también, pero hay que ver cómo queda afectado el consumo, los hábitos, el funcionamiento. Es pronto para saber si esa reducción de títulos se mantiene. He leído sobre las previsiones y posibles salidas de la crisis, y me he mareado con tanta curva. En otros países han abierto ya, pero hay que ver país por país, en Alemania ha habido un efecto rebote grande que ha incluido las librerías, en Italia en algunos sectores también (no las librerías), pero hay que ver si este efecto es real o si es que si te ponen dos metros de distancia se produce una cola.

Se han anunciado las medidas del gobierno para el sector. Lo principal son las líneas de créditos blandos para las empresas. Hubo bastantes críticas a la respuesta del ministro Rodríguez Uribes. ¿Qué pensáis de estas medidas, os parecen bien, llegan tarde?

Raquel Vicedo: Nadie pensaba que iba a pasar esto. Yo me pongo en el 12 de marzo y no podía imaginar que esto podía ser así. El 7 u 8 estábamos bromeando, el 14 estábamos confinados en nuestras casas. También hay que hacer introspección. No se puede decir que el gobierno lo ha hecho todo mal porque el gobierno solo ha replicado los comportamientos de la sociedad. Nadie pensaba que esto podía ser así. ¿Que tenían que haber reaccionado antes? Claro. Hace años. Mucho antes del coronavirus. El sector cultural no podía sobrevivir así. Francia supuestamente es la panacea, pero Jack Lang, presidente del Instituto del Mundo Árabe, decía en Le Monde que son una vergüenza las condiciones en que trabajan los artistas en Francia. Decía que Conte lo había hecho bien en Italia. Todos querríamos coger lo mejor de cada país y montarnos el chiringuito lo mejor posible. Pero lo interesante es que estas medidas se queden y supongan un cambio de mentalidad a nivel de los poderes públicos y la sociedad. Se hablaba de la intermitencia de los actores, me sorprende que eso no estuviera ya.

Elena Ramírez: Es verdad que estas medidas son necesarias. Pero la eventualidad de la cultura en sí no tiene que ser algo para poner un parche, por bienvenido que sea, en la parte más precaria de ese hilo. Hay que entender que la cultura es intermitente porque es creatividad. En Alemania el sistema está concebido de forma que no se da una limosna al escritor sino que se entiende que un escritor puede tener un montón de ingresos en un momento dado y tener cuatro años sin ingresos, y durante esos años recibe del Estado porque cuando ha tenido ha aportado en proporción a unos ingresos mayores, pero después no se queda a dos velas, el Estado protege ese tejido. Se habla mucho de Francia pero en muchas cosas estamos en situaciones parecidas, en Alemania un amigo mío librero me decía que el primer día recibió un talón sin tener que responder ante nadie. No era un préstamo con un interés, era un: aguanta. No es tanto qué ayuda se da sino cómo cambiar una manera de entender la cultura como algo que no solo puede producir una buena facturación y crear un tejido económico importante sino que además facilite que haya gente que piensa mejor. Parece que siempre se habla de cosas flower power: la cultura nos hace ser mejores y todo eso. No, señores, la cultura hace que las cosas importantes se vean, la cultura te ayuda a ponerte en el papel del otro, te ayuda a enriquecer el tejido de pensamiento de toda una generación. Ahora se dice: se lee un 5% más. Son limosnitas.

Raquel Vicedo: Tiene que empezar desde la educación. El arte, la cultura, tienen que ser profesiones dignificadas. No hay que glorificarlas ni ponerles una pátina de sofisticación, pero es un trabajo digno y como tal hay que incentivar que exista. Y es necesario. Es la única manera que tenemos de enriquecer nuestro tejido social. Si no vamos a pensar todos de una manera uniforme. Las medidas no es que lleguen tarde sino que hay que hacer una inversión en la educación desde los más pequeños para que dentro de una generación esto sea distinto.

Jaume Ripoll: La cultura, tal como se muestra en España, es capricho, foto y frivolidad, los del cine van a la alfombra roja y a los festivales, los canapés, luego tienes a los cuatro actores famosos y politizados que dan la cara. Eso facilita que se quede en la epidermis. El hecho cultural está mal visto por una parte de la sociedad, que cree que los que se dedican a ella viven muy bien, en casas muy bonitas y con el sueldo asegurado. No es así. Se ha simplificado mucho y esto ha llevado a que el hecho cultural esté mal visto.

Y si no, está ese argumento que dice: No ganas mucho dinero pero te dedicas a traducir, estás en tu casa, no te quejes. Ha calado en parte de la sociedad. Hay responsabilidades a distintos niveles: la educación, como dice Raquel; pero también la responsabilidad política. Estas medidas se han tomado por necesidad y no por convicción. Si no, hace un mes y medio anunciabas medidas aunque tardaras en lanzarlas. Es lo que se esperaba, más allá de unas fotos. En fotos, hemos visto la de una compañía que no paga impuestos en España y da un millón de euros para hacer cine aquí. No sé cuáles serán las consecuencias. Creo que la ciencia y la investigación, y la sanidad pública, saldrán reforzadas a nivel de los presupuestos. La cultura no ha aparecido como elemento necesario. No se ha entendido que sea algo que se deba preservar. Ninguna instancia ha transmitido eso. Es verdad que después saldrán los medios de comunicación dándole el micro a las cuatro o cinco personas que les darán clics y tendrán declaraciones más o menos afortunadas pero no van a salir de su público de aplauso y su público de odio. No vamos a construir puentes sino guetos.

En materia de responsabilidades también está el propio sector. Estás defendiendo a un sector diverso y aparece un actor diciendo que la culpa es del neoliberalismo y de la derecha, que odia la cultura. Quizá es inevitable: los únicos que pueden captar la atención de los medios dicen cosas que ayudan a perpetuar esos tópicos.

Jaume Ripoll: Sí, esa politización, en vez de decir por qué es importante aquello que hacemos. Explicar por qué es necesaria y qué te da escuchar una canción o leer un libro. Es parte de la educación y también de la comunicación. Y a veces los agentes de la cultura hacen mal.

Raquel Vicedo: Si a los políticos les interesara más la cultura, su diálogo no estaría tan basado en la descalificación y el odio, eso está claro.

Elena Ramírez: Hablando del cambio climático, Jonathan Safran Foer decía que a pesar de ser un peligro explicado por los científicos, que lo sabemos, la falta de una inminencia absoluta sigue retrasando las reacciones. No dices: no cojo ese avión o no me como esa vaca. Quizá con la cultura pase un poco lo mismo. Estamos acostumbrados a la retribución inmediata, y si usas esas expresiones inconcretas, pueden ser verdad, pero es un discurso tan flower power que no se transforma en nada concreto. Hay que hablar de puestos de trabajo, de riqueza, de alegría, de un tejido social pero económicamente visible, y no digo monetizable, porque no creo que deba ser así siempre. Pero las declaraciones tan aéreas hacen que para un político sea como la clase de religión, medio etérea.

Jaume Ripoll: No es ni asignatura.

Elena Ramírez: Aunque sepas algo a ciencia cierta, es como si no te enteraras. Se habla estos días del buenismo de algunos frente al pesimismo de otros. Está claro que el ritmo de aceleración que llevábamos no es sostenible. El concepto del ocio no pasa necesariamente por coger siete aviones, no hace falta hacer cosas todo el rato desaforadamente. La gente ha pasado de no poder concentrarse a hacerlo, de la serie al largometraje. Si necesitamos desacelerar y dedicar más espacio y más tiempo a esto o a no hacer nada, que tampoco está mal, quizá haya un ámbito de importancia donde el cine y el libro y el teatro puedan tener una importancia, y eso sí mueve cosas. Al final he sido flower power, del lado buenista yo también.

Jaume Ripoll: Sobre la sobreabundancia de contenido, creo que estos días no ha cambiado. Han buscado otros sitios para seguir entreteniéndose. Algunos habrán usado el encierro para cierto recogimiento.

Elena Ramírez: Pero el frenesí de las dos primeras semanas ha bajado mucho. Yo decía: ¿la gente cómo hace tanto yoga, tantas tartas, tantas cosas?

Jaume Ripoll: Lectores no sé si han salido, pero panaderos muchos.

Elena Ramírez: Durante el confinamiento absoluto había una foto preciosa, en todas partes había gente tomando el sol y leyendo un libro.

Es curioso que se hablaba mucho de los relatos distópicos, y como siempre el futuro ha llegado por otro sitio. Supongo que ahora habrá una inundación de manuscritos del tema.

Raquel Vicedo: A mí me han llegado tres.

Elena Ramírez: A mí lo que más me llega son nuevos diarios del confinamiento. Pero es normal porque el confinamiento es una experiencia que se presta al recuento. Estoy segura de que habrá testimonios muy interesantes, tanto en forma de testimonio directo como en forma de ficción. De lo mucho que haya habrá que filtrar, pero sin duda alguna una experiencia tan fuerte para toda la humanidad, y vivida simultáneamente, producirá obras interesantes.

Jaume Ripoll: En los documentales que se hacen ahora les recomiendo que eviten sacar el tema… Todo va a ser muy cercano.

Elena Ramírez: Estamos hablando de esta experiencia como si fuera finita pero no sabemos si ha terminado o si tendrá segunda parte.

Jaume Ripoll: Al principio había una cierta claridad. Ahora estamos en un momento de desconocimiento, de descontrol, sin saber las reglas, salgo o no salgo, llevo mascarilla o no, es una situación mucho más peligrosa desde el punto de vista social. ~


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