Español y otras palabras peligrosas | Letras Libres
artículo no publicado

Español y otras palabras peligrosas

Han pasado casi treinta años. En 1985, Francesc Betriu dirigió la adaptación cinematográfica de una de las mejores obras del escritor Ramón J. Sender (Chalamera, 1901-San Diego, 1982), Réquiem por un campesino español. El libro se había publicado por primera vez en México en 1953 con el título de Mosén Millán. El nuevo título, que contó con la aprobación del autor, es el de la edición que apareció en Estados Unidos en 1960. No sería el último problema que tendría con el nombre esta parábola precisa, intensa y estremecedora sobre la Guerra Civil, ambientada en una aldea “cerca de la raya de Lérida”, donde “los campesinos usaban a veces palabras catalanas”.

El director de la película había dirigido la adaptación de La plaça del diamant de Mercé Rodoreda. El filme contaba con una subvención del Ministerio de Cultura (de veintiocho millones de pesetas, el 40% del presupuesto); la televisión pública catalana, TV-3, compró los derechos de antena por dieciocho millones de pesetas. Llevar al cine la novela de Sender era un proyecto antiguo. El novelista ya había enviado algunas instrucciones a los adaptadores, que publicó la revista Andalán en 1985. Sender explicaba, por ejemplo: “La melodía que tocan con flautas de caña los campesinos debajo del monumento de Semana Santa la pueden obtener en Tauste (Zaragoza), donde se mantiene esa costumbre.” Recomendaba: “Si hay dificultades que hacen imposible meter un caballo en la iglesia, pueden hacer uso de alguna de las aldeas aragonesas despobladas por la emigración.” Y expresaba una preocupación por “huir del baturrismo”: “Lo más que puede hacerse en cuanto a baturrismo es bailar una jota en la boda de Paco. Nada más.” La película se rodó en el 85, en varios pueblos de la provincia de Zaragoza: Antonio Ferrandis interpretaba a Mosén Millán, Antonio Banderas a Paco el del Molino, Terele Pávez a la Jerónima, Fernando Fernán Gómez a don Valeriano. La música era de Antón García Abril. José Antonio Labordeta hacía de pregonero.

Poco antes del estreno de la película en el Festival de Venecia, el diario El País informaba de que Betriu había terminado la obra, “pero a pesar de tan clara inspiración y de lo obvio del título, la cinta, seleccionada para el Festival de Venecia, aún no tiene nombre definitivo. Responsables de TV-3, la televisión catalana, entidad que ha invertido una importante cantidad en el filme, han sugerido que la cinta perdiera la última palabra del título de Sender y fuera presentada como Réquiem por un campesino”.

Tres días más tarde, la directora general de Instituto Nacional de Cinematografía, Pilar Miró, declaraba al mismo diario que la película Réquiem por un campesino español no recibiría ayudas estatales para su presentación oficial en el festival si los productores cambiaban el título eliminando la palabra. Contaba Miró en El País: “Vino al ministerio Ángel Huete, el productor de la película, a hablar con Domingo Rueda, uno de los subdirectores del Instituto. Este me dijo que, entre otros asuntos, había venido a decirle que la película de Betriu Réquiem por un campesino español se llamaría ahora Réquiem por un campesino. A esto yo no le di al principio importancia.” Más tarde, dice Miró, “caímos en la cuenta de que este cambio era raro e inexplicable”. Añade que, tras leer la noticia, “pedí a Carmelo Romero, otro subdirector del Instituto, que llamase a Ángel Huete y le dijese que en España estrenasen la película con el título que quisieran, pues ese es su derecho, pero que a Venecia debe ir como Réquiem por un campesino español o, de lo contrario, los gastos de copia, de subtitulaje, de publicidad, de viajes y, en general, de inversión para acudir a Venecia correrían por completo a cuenta de ellos y no del Ministerio de Cultura. Que el Estado español dé dinero para un asunto así no se entiende”. En el mismo texto dice Enric Canals, director de TV-3: “Este título lo puso la productora. A mí me parece un título aceptable y más que correcto, puesto que es el que nos propusieron. Creo que es un título apropiado para esta película. Lo que no entiendo son las ganas de la directora general de forzar un cambio de título.” Otra “persona vinculada al canal TV-3 y al director del filme” aventuraba otra posibilidad: “probablemente, la idea es hacer dos versiones de la película; una, en castellano y titulada Réquiem por un campesino español y otra en catalán, titulada Rèquiem per un camperol (mossèn Millán)”.

El 7 de agosto El País informaba de que el título conservaría la palabra “español”. Aunque no todo el mundo estaba satisfecho. Canals señalaba que el contrato hablaba de Rèquiem per un camperol (mossèn Millán). El director “ha negado que la intención de suprimir la palabra español estuviese motivada por ningún tipo de nacionalismo catalán, que no tenían ningún inconveniente en respetar el título de la novela y que lo mantendrían encantados”. Al día siguiente, en un artículo de Rosa Mora, Betriu se responsabilizaba del intento del cambio con argumentos peculiares: recordaba que La familia de Pascual Duarte había pasado al cine como Pascual Duarte y nadie había protestado. También explicaba: “Me pareció reiterativo poner el título completo. Todo el mundo sabe que el filme está hecho aquí, que la acción ocurre en España y que los actores y el equipo técnico son españoles.”

En ABC, Ovidio trató el tema el 11 de agosto: le parecía molestar que se hubiera “orquestado” en algunos medios “aquejados de un insólito ataque de patriotismo” una campaña contra la película. Acusaba a “cierta Prensa” de “buscar brujas donde no las había” y argumentaba que todo se debía a un pique entre Televisión Española y TV-3, o quizá a “cierta ojeriza del PSOE a Convergencia y Unión, uno de los partidos que han logrado derrotar a los socialistas en las urnas. Pero que juega a veces a un patriotismo catalán en conflicto con el adjetivo de la película”.

En Andalán, José-Carlos Mainer escribió que se trataba de “un ademán de la cicatería catalanista con su habitual acompañamiento de masoquismo e hipocresía”. Luis Izquierdo se preguntaba: “¿De dónde será el campesino? ¿Será un campesino abstracto, la quintaesencia del agro, lo campesino sin más?”. Román Gubern escribió en El País: “la escaramuza por el título del filme de Betriu es una pequeña batalla que no pasará a la historia del cine, pero me interesa como reveladora de algo que está ocurriendo en la Cataluña que aprobó mayoritariamente la Constitución de 1978 y el Estatut de Autonomia. Cuando el español del año pasa a ser en Cataluña hombre del año, y cuando Antoni Ciurana, presidente de Convergència en Barcelona, afirma que Cataluña debe ser un país monolingüe, creo que ha llegado improrrogablemente la hora de las clarificaciones políticas acerca de la identidad de la ciudadanía catalana y de la ciudadanía española”.

La polémica también apareció en La Vanguardia, que publicó una crítica brillante de José Luis Guarner. El 14 de septiembre Bru Rovira escribió la crónica de la première en Zaragoza. “El estreno –contaba Rovira– tuvo carácter de fiesta ciudadana y a él asistieron las autoridades locales, así como algunos de los protagonistas de la cinta encabezados por el director Betriu.” Hubo focos y discursos que “destacaban las raíces aragonesas de Sender”. También, cuenta el cronista, se tomó un “vino español”.~