Entrevista con Miquel Berga: Orwell y Auden en España | Letras Libres
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Entrevista con Miquel Berga: Orwell y Auden en España

Miquel Berga es profesor de literatura inglesa en la Universitat Pompeu Fabra. Ha prologado ediciones de obras de George Orwell como Orwell en España (Tusquets, 2003) y ha editado el relato autobiográfico Un hotel en la Costa Brava (Tusquets, 2013). Su ensayo más reciente es Cuando la historia te quema las manos. Auden y Orwell entre dos guerras (Tusquets, 2020).

Cuando la historia te quema las manos es una mezcla de crítica literaria y ensayo biográfico, sobre la experiencia de Orwell y Auden en la guerra y sus consecuencias. ¿Cómo nace el libro, por qué escoge la figura de Auden?

La idea del libro parte de la evidencia de que Auden y Orwell han quedado como voces singulares en torno a la Guerra Civil española, los dos con profunda lealtad a la lucha contra Franco y el fascismo, pero al mismo tiempo con visiones inicialmente antagónicas en cuanto a la percepción de la hegemónica política soviética del momento y la naturaleza del estalinismo. Chocan frontalmente a propósito del influyente poema de Auden “Spain”, pero la corriente de la historia les obliga a perfilar sus posiciones políticas y sus proyectos políticos. En la década siguiente sienten respeto mutuo y su visión de las polémicas sobre España, en esencia, es coincidente. Para ambos 1939 es un año crucial en muchos sentidos, en lo político, lo literario y lo personal. Pongo el foco en el año 1939 porque la crisis general ante la inminencia del estallido de la Segunda Guerra Mundial obliga a encontrar salida a las tensiones entre voz privada y voz pública. Escojo la figura de Auden porque –sin que tuviera el coraje físico que Orwell acreditó en el Frente de Aragón– comparte con el autor de 1984 su coraje moral, o lo que es muy parecido, un compromiso sincero con la honestidad intelectual.

¿Cuál es el enfrentamiento entre los dos? ¿Hay una nueva divergencia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial?

El choque central tiene que ver con el concepto de “asesinatos necesarios” que Auden había usado en el poema “Spain” y sobre el que he escrito extensamente en el capítulo 4 del libro. El inicio de la Segunda Guerra Mundial también les encuentra con posiciones muy distanciadas: Auden se ha marchado a Nueva York en una decisión que muchos, desde Inglaterra, interpretan como una “deserción” de una figura, en aquel momento, emblemática de la generación de escritores jóvenes de izquierdas. Por su parte, Orwell regresa de su estancia en Marrakech por motivos de salud dispuesto a participar, como sea, en el esfuerzo bélico de su país. Ante la amenaza de Hitler, Orwell renuncia a sus posiciones pacifistas y asume por patriotismo la respuesta militar del gobierno de su país, a pesar de estar en las antípodas ideológicas de lo que representan Churchill y el gobierno conservador.

Ha editado Orwell en España, que es un título de referencia. La experiencia de Orwell en España fue decisiva para su obra y su concepción del totalitarismo. Algunos, como Paul Preston, son críticos con Orwell, dicen que no entendió bien lo que sucedía; otros reprochan su influencia, que se convierta en un texto de referencia cuando es un relato muy peculiar de un testigo también muy particular. ¿En qué le marca y qué opina de esas críticas?

Paul Preston es una gran y distinguido estudioso de la Guerra Civil, pero no sé exactamente por qué parece olvidar que el libro de Orwell no es un tratado de historia, o un libro de historiador: es el testimonio de un escritor que cuenta sus experiencias directas en Cataluña y el frente de Aragón y que nunca deja de advertir al lector de su propia posición política o de las limitaciones de su experiencia. No se puede descalificar al testimonio (o a la víctima) por falta de perspectiva histórica o falta de análisis globales sobre la contienda cuando es evidente que su relato describe las tensiones de su personal participación en los hechos, en un lugar y circunstancia. Otra cosa sería criticar a los que utilizan el testimonio de Orwell de manera sesgada para sus propios intereses políticos o académicos. En el fondo, el problema de Orwell para los historiadores de la Guerra Civil es que –por circunstancias muy peculiares– su libro sobre la Guerra Civil española (Homenaje a Cataluña) le ha convertido, al cabo de los años, en el testimonio directo más “escuchado” sobre el conflicto, y su experiencia personal ilumina alguno de los temas centrales de la guerra pero, por supuesto, no pretende explicar las complejidades de la Guerra Civil en su conjunto.

Su ensayo es un libro sobre la guerra y el compromiso, y a la vez es un libro sobre el amor. Son importantes las visiones de las relaciones. Por ejemplo, el primer matrimonio de Orwell. Y también la idea del amor en Auden. Es interesante lo que dice de la fidelidad, por ejemplo, o su admiración por el matrimonio (en una época en la que los homosexuales no podían casarse). ¿Por qué decide escribir sobre “The more loving one”?

En este libro busco constantemente la retroalimentación entre lo privado y lo público, entre lo político y lo personal. En este sentido intento que se produzca un cierto juego de espejos que surja implícitamente. La relación de Orwell y Eileen, por ejemplo, me sirve para dar protagonismo y visibilidad a una mujer extraordinaria que dice mucho de los valores que compartían y que explica, indirectamente, la personalidad poliédrica del escritor. En el caso de Auden es evidente que el tema central de su poesía es el amor. El amor erótico y el amor leal, el amor como celebración y como obligación moral y solidaria. Me refiero con detalle a “The more loving one”, no solo por ser uno de los poemas más memorables de Auden, sino también porque encarna –poéticamente– su adopción de la fe cristiana como una fórmula de conciliación entre eros y ágape.

 

Subir a por aire, una novela que Orwell escribe poco después de estar en España, y quizá una de las mejores, parece más relevante ahora que hace unos años.

Sí, lo comparto plenamente. Leída hoy, Subir a por aire resulta un alegato (por otra parte muy divertido) contra los excesos y la irrelevancia de la sociedad de consumo y sobre la necesidad de preservar los recursos naturales del planeta y los pequeños placeres a escala humana. Por otra parte, es la novela de Orwell donde aparece más claramente su esperanza en la decencia básica del hombre común. El típico antihéroe orwelliano (aquí George Bowling) puede parecer vulgar y limitado, pero siempre resulta más lúcido de lo que parece y con capacidad de resistencia, aunque sea en su intimidad, para conservar su humanismo esencial.

Es curiosa la actualidad de Orwell. Hemos hablado de él (y en el libro aparece) con respecto a la posverdad. Escribió, a raíz de la experiencia en España, que temía que desapareciera el concepto de verdad objetiva. Es algo que podría aplicarse a la posverdad, y también a la sensación de que no hay un marco compartido de referencia en muchos debates actuales: por ejemplo, en la polarización en Estados Unidos o el Brexit, en el conflicto catalán, cada vez más en la política española.

No es arriesgado afirmar que Orwell estaría hoy contra los que propugnaron el Brexit en su país (él vino a España a luchar por Europa y su propio país). También está claro que sería implacable (¡y eficiente!) en el combate contra las fake news: contra las que propagan los otros y (quizás más ferozmente) contra las que propagan los suyos. Diversos lectores me han comentado que el último capítulo del libro, aunque hable de Orwell y su concepto de la verdad, les ha resonado constantemente como un texto de “rabiosa actualidad”. Quizás por eso se dice que los clásicos nunca mueren. ~


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