El camino hacia la unión fiscal | Letras Libres
artículo no publicado
Fotografía: Stephanie Lococq

El camino hacia la unión fiscal

En 1950, la Declaración de Schuman adelantaba: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho.” Schuman ya intuía el sistema de construcción de la Unión Europa, que responde a cada crisis con un paso adelante. Sin embargo, en ocasiones se generan inconsistencias colaterales que están en la base de problemas posteriores. Pues bien, la unión monetaria no puede sostenerse sin una unión fiscal, al igual que la zona Schengen, que garantiza la libertad de movimiento de personas, no puede convivir a largo plazo sin una gestión conjunta de las fronteras exteriores. El actual diseño de la eurozona o del área Schengen responde a problemas concretos que exigieron respuestas pragmáticas en su momento, pero ahora ambos compromisos necesitan una actualización.

No existe unión monetaria en el globo, ni en la historia, que haya sobrevivido sin un pilar fiscal, aunque no haya nacido a la vez que la propia moneda común. No olvidemos, por ejemplo, que Estados Unidos “necesitó” una guerra civil para mutualizar la deuda de las colonias o un crack del 29 para constituir un seguro de depósitos común.

En todo caso, y en el debate actual, la eurozona debe, en primer lugar, completar la unión bancaria con el objetivo de romper cualquier nexo entre el riesgo de las entidades de crédito y el soberano. La crisis financiera de 2007-2008 bloqueó los flujos de financiación internacional e intraeuropeos, dejando a los sectores bancarios de los Estados con una elevada deuda exterior ante una situación crítica. Algunas de esas entidades necesitaron respaldo público para evitar una crisis sistémica aún con peores consecuencias, elevando los déficits y la deuda pública, tensionando los tipos de interés y obligando, con ello, a una agenda acelerada de consolidación presupuestaria, en ausencia además de un instrumento presupuestario común.

En estos momentos, la regulación, supervisión y resolución ya están en manos europeas. Esto no garantiza per se una mejor gestión de los riesgos bancarios, pero sí debería evitar que una nueva crisis impacte con igual fuerza sobre los presupuestos nacionales. En todo caso, el fondo de resolución necesita un respaldo público de último recurso, que bien pudiera ser el Mecanismo Europeo de Estabilidad (mede), dada su reducida dotación relativa. El sistema necesita de un seguro de depósitos común, que corte definitivamente cualquier contaminación del soberano nacional ante una crisis bancaria, especialmente ahora que la regulación y supervisión ya es europea. Sin embargo, estas últimas dos reformas aún no tienen el consenso suficiente ni en el Parlamento ni en el Consejo.

Ciertamente, la creación de un respaldo al Fondo de Resolución que pudiera expandirse al Fondo de Depósitos abriría una vía para la constitución de un pilar fiscal, en la medida que configuraría un apoyo solidario de los gobiernos del euro ante crisis bancarias. Por ello mismo, está resultando políticamente muy difícil su tramitación.

Con todo, más allá de ese camino financiero hacia la unión fiscal, la zona euro necesita un instrumento de gestión anticíclica con una visión holística del conjunto de la unión monetaria. Hasta ahora, la zona euro no dispone de una política fiscal consolidada, complementaria (o no) de la suma de las políticas presupuestarias nacionales. La orientación fiscal se sustenta exclusivamente en la suma de las políticas de los Estados miembros, en virtud de la posición cíclica de sus propias economías y encuadradas en los distintos compromisos presupuestarios europeos, y sujeta a crisis asimétricas. Sin embargo, el resultante de una suma de políticas fiscales nacionales no tiene por qué coincidir con la orientación agregada que la zona euro necesite en su conjunto. Por ello, es necesario ese instrumento fiscal común que pueda coadyuvar al diseño de una posición presupuestaria global alineada con las necesidades de la eurozona.

Esta herramienta debería colaborar también en el tratamiento ante crisis asimétricas. Cuando la unión bancaria se concluya, se habrá diseñado un marco institucional adecuado para combatir crisis en entidades de créditos sin contagio a los presupuestos nacionales. Sin embargo, la próxima recesión podría tener su inicio en cualquier otro sector, o por motivos insospechados con distinta incidencia en unas zonas u otras de la unión monetaria. Sin duda, esa unión bancaria suavizaría el shock de cualquier crisis asimétrica pero, aun así, sería necesario complementar las políticas presupuestarias nacionales desde el conjunto de la Unión.

Este instrumento fiscal bien podría ser un presupuesto de la zona euro que, junto a cuestiones de competitividad y convergencia, dispusiera de una capacidad estabilizadora que permitiera el diseño de una política fiscal para el conjunto de la unión monetaria. Pero también podría ser un seguro de desempleo o, como ha propuesto la Comisión Europea, un seguro de inversiones. Estas opciones no son en absoluto excluyentes y presentan distintas ventajas y desventajas.

En todo caso, la eurozona también necesita de un activo común libre de riesgo que, de alguna manera, fondee algún tipo de herramienta presupuestaria. Quizá las emisiones del mede podrían cumplir este papel, si se mejora y amplifica su capacidad de financiación directa a la economía de la zona euro. Esto permitiría hacer evolucionar al actual mede hacia un Tesoro común, y no solo hacia un Fondo, hacia donde parece que avanza.

La unión monetaria necesita un pilar fiscal que introduzca en el policy mix de la zona euro la política presupuestaria, junto a la monetaria, ampliando los instrumentos de estabilización de la economía europea. Se han dado pasos adelante en la unión bancaria, aún por concluir, pero el camino por andar es todavía largo. Además, este pilar fiscal, imprescindible desde cualquier punto de vista, es especialmente necesario para los socialistas, no solo para gestionar el ciclo sino también para construir sobre él un pilar social, que necesita de financiación solidaria. ~


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