Édouard Levé: Periódicos sin nombres propios | Letras Libres
artículo no publicado

Édouard Levé: Periódicos sin nombres propios

En 'Diario' encontramos a un Levé juguetón y lúcido, que retrata una sociedad y sus obsesiones a través de la deformación de las noticias que sirven como espejo.

Édouard Levé

Diario

Traducción de Matías Battistón

Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2020, 128 pp.

Los lectores que tiene Édouard Levé (París, 1965-2007) en español lo han sido ya póstumos, y además muchos de ellos habrán hecho el recorrido inverso al orden de publicación original de sus libros. Es decir, aquí se publicaron primero Autorretrato y Suicidio –primero en 451 Editores; desaparecida esta, la editorial argentina con distribución en España Eterna Cadencia los recuperó–, lo que Jesús Ferrero llamó “el díptico existencial”. El primero era eso, un autorretrato, un texto de un solo párrafo donde Levé se contaba a sí mismo desde todos los ángulos posibles. La muerte planeaba, hablaba de sus depresiones, y el pálpito se confirmaba en Suicidio, retrato de un amigo de Levé que se disparó en la cabeza en su casa y exploración de las motivaciones que pudo tener para quitarse la vida. Hacia la mitad, sin embargo, Levé y el amigo se fundían y Suicidio se convertía en un anuncio y una despedida: Levé se ahorcó poco después de mandar el manuscrito a su editor.

Pero antes de eso, Levé había publicado otros dos libros, había sido pintor y había sido fotógrafo. Esos dos libros anteriores están ahora disponibles en español, se trata de Obras (Eterna Cadencia, 2018), un catálogo de piezas artísticas nunca realizadas pero que se le habían ocurrido, y Diario (Eterna Cadencia, 2020). En estas dos muestras se ve más claramente la filiación OuLipiana de Levé, “hijo de Perec, nieto del OuLipo y sus escrituras guiadas, lector de Jacques Roubaud, de Raymond Queneau y de su Ejercicios de estilo”, escribió Jan Max Colard a propósito de este libro en Les inrockuptibles.

Diario, dividido en capítulos que se corresponden a las secciones de los periódicos, de internacional a la programación televisiva, juega deliberadamente a la confusión: remite al diario íntimo. Lo que hay en Diario son noticias despojadas de datos concretos. Ningún nombre propio de persona, ciudad o país; ningún título de libro o película; ningún nombre de empresa ni de divisa, aquí son “unidades monetarias”. De esa manera, lo que sucede es que eso que se cuenta podría suceder en cualquier lugar, es una manera de diluirlo en realidad, porque se banaliza, se vacía. Y permite desnudar también la construcción de las noticias: eliminado lo que les da concreción, queda una amalgama de frases en las que la estructura aflora de manera mucho más clara. Diario tiene que ver con un proyecto fotográfico de Levé, Actualités, donde realizaba puestas en escena de la cotidianidad política pero con modelos anónimos: ruedas de prensa, firmas de acuerdos.

Las noticias de economía quedan un poco deslucidas sin nombres propios: “Dos laboratorios que se fusionaron hace un año piensan separarse.” Hay temas que siguen sin resolver, como la corrupción, la baja natalidad o la desatención a los ancianos. Algunos asuntos nos suenan, como la vigilancia de los jóvenes (“Varias asociaciones de vecinos presentan una denuncia contra bandas de jóvenes que se reúnen los fines de semana en las calles a beber en grupo. Estos adolescentes compran las botellas en el supermercado y se quedan hasta la madrugada emborrachándose con amigos o desconocidos”). Una noticia tiene que ver con la instrumentalización de la cultura; dice: “‘Hay una literatura dañina para nuestro país y otra útil, que el Estado debería promover’, anuncia una organización juvenil, vinculada al entorno del presidente de un partido de extrema derecha. ‘Creemos que ciertos autores atentan contra el espíritu de nuestros conciudadanos’, explica el jefe de esta organización, conocido por sus intentos de crear un culto a la personalidad del jefe de la extrema derecha. Sus militantes dicen tener en la mira a un joven escritor contemporáneo, de tono sarcástico, que en sus libros, verdaderos éxitos de ventas, se burla del partido y se presenta un retrato cruel de sus miembros. ‘Hay que promover una prosa más patriótica’, declara el representante de la organización, citando como ejemplo a un joven autor conservador que ‘continúa la tradición literaria de nuestro país, donde uno no muere por sobredosis, muere por su patria’.” En la sección de anuncios, “Avisos”, hay ventas, se anuncian funerales y nacimientos, porque la vida y la muerte van de la mano. Las previsiones meteorológicas son las que menos pierden, y ganan una especie de carga simbólica, como si además de anunciar el tiempo, anunciaran otra cosa: “A pesar de algunas nubes altas pasajeras, el sol brilla todo el día en el sur. Las temperaturas por la tarde varían entre los catorce y los diecisiete grados.”

Resulta especialmente jugosa la sección de Cultura, donde hay breves reseñas literarias que resultan intercambiables y aplicables a casi cualquier libro y que tienen algo de paródico: “Frases cortas, emociones reprimidas: en un lenguaje directo, sobrio y eficaz, estas breves historias de vida presentan un panorama de la dificultad de estar juntos y de la imposibilidad de estar solo”; este párrafo podría estar en cualquier contraportada de casi cualquier libro editado hoy. Esa sección podría quizá leerse como una colleja a los colegas y a sí mismo: escritores, artistas, pero también periodistas y agentes culturales aparecen aquí un poco ridículos: “Una gran diva del cine de un país pequeño muere en su domicilio”; “Un excarpintero graba un disco en su taller, al margen de los grandes estudios. Opta por un arreglo despojado […] Aunque en un primer momento parezca monótono, este álbum revela una delicadeza admirable […]”.

En Diario encontramos a un Levé juguetón y lúcido, que retrata una sociedad y sus obsesiones a través de la deformación de las noticias que sirven como espejo. La imagen que devuelve, por cierto, no es muy favorecedora. ~


Tags: