Dubravka Ugrešić: Lo vivimos, lo contamos y lo analizamos | Letras Libres
artículo no publicado

Dubravka Ugrešić: Lo vivimos, lo contamos y lo analizamos

Dubravka Ugrešić

Baba Yagá puso un huevo

Traducción de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek

Madrid, Impedimenta, 2020, 367 pp.

Baba Yagá puso un huevo está dividido en tres partes muy dispares en cuanto a tono, pero íntimamente unidas en cuanto al fondo. La primera, emocionante y confesional, se titula “Vete donde no te digo, tráete lo que no te pido”, y cuenta en primera persona la relación de una escritora (quizá la propia Dubravka Ugrešić, o un trasunto suyo, pero da un poco igual) con su anciana madre, que está empezando a mostrar los primeros síntomas de demencia, y por otro lado con una joven doctoranda en estudios folclóricos que, vista a través de los ojos de la narradora, resulta sabihonda y enternecedora a un tiempo.

La madre se siente algo nostálgica pero demasiado mayor para viajar, así que le encarga a la hija que visite su ciudad natal (Varna, en la costa búlgara) y a la vuelta le cuente cómo siguen los escenarios de su infancia. La escritora peregrina por Varna con la fastidiosa sensación de ser un pelele cumpliendo un deseo vicario. Por si fuera poco, tiene que cargar con la compañía impuesta de Aba, la estudiante listilla, que la admira rendidamente. Las dos forman una extraña pareja que es clásica en la literatura y el cine: uno de los personajes adora al otro, que no soporta esas atenciones a su juicio bochornosas, hasta que gracias a la convivencia los dos desarrollan un vínculo o un afecto basado en la compasión por las universales imperfecciones humanas. En el caso de esta historia destaca el hecho de que la desequilibrada pareja esté formada por dos mujeres, que emprenden una leve pelea soterrada sin que medie ningún asunto sexual.

El segundo tercio se titula “Pregunta, pero recuerda que la curiosidad no siempre es buena”. Nos adentramos en una divertidísima novela protagonizada por tres amigas mayores (Pupa, Beba y Kluka) que van a pasar unos días en un spa en los alrededores de Praga. No hay que hacer ningún esfuerzo para imaginar la estupenda película que saldría de esta novela, por el encadenamiento de la acción, lo atractivo de la localización y el encanto de unos personajes tan vistosos. Esta parte recuerda a la novela de Jane Bowles Dos damas muy serias, tanto en la forma de ser y proceder de las estrafalarias señoras que la protagonizan como en su capacidad de provocar carcajadas durante la lectura. Además, aquí y allá se van deslizando los detalles que nos hacen comprender sus penas ocultas y conmovernos en mitad del regocijo. Pupa, Beba y Kluka se las ven con una colección de disparatados secundarios que también parecen rescatados de una fábula y arrastrados a la más poliédrica vida real. No en vano las unidades dramáticas están separadas por unos versitos que contraponen la torpe vida con el ágil relato (por ejemplo: “Y ¿nosotros? Nosotros seguimos adelante. Mientras la vida trata al hombre como una tirana, el cuento lanza la flecha y acierta en la diana”, o bien “Mientras que la vida a menudo nos aprieta y ahoga, el cuento solo por sí mismo aboga”) y que son las puntadas visibles del hilo con que está cosido este libro sobre las relaciones entre el mito, el relato y la vida.

El libro acaba con el bloque “El que sabe mucho envejece pronto”. Se trata de un estudio divulgativo sobre Baba Yagá, figura de la tradición folclórica eslava que presenta todos los rasgos de una bruja y que ha servido para amedrentar a niños de incontables generaciones con su terrorífico aspecto y para volver locos a estudiosos de incontables universidades con su lábil simbolismo. Se presenta como texto académico, pero como lo firma la experta Aba, que conocimos en la primera parte del libro, pasa inmediatamente a ser ficción. Aquí aprendemos las diversas formas que puede adoptar Baba Yagá, los instrumentos de que se sirve para conseguir sus fines, los animales que tiene asociados y los distintos nombres con que se la conoce en los distintos países. Con sus recurrentes alusiones a los personajes de Beba, Pupa y Kukla, el estudio incluye algo que el lector ha ido barruntando a medida que leía los bloques anteriores: el papel crucial que desempeña Baba Yagá en la historia de las mujeres, y en resumidas cuentas las correspondencias entre el mundo mitológico y la peripecia de cada vida humana, que se encuentran en el territorio común del cuento, accesible desde las dos fronteras.

La apabullante inteligencia y la amplia visión que revela Dubravka Ugrešić al acercarse al mismo tema desde tres caminos diferentes nunca eclipsan la entretenida lectura del libro (traducido por Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pištelek, que por la maestría y la frescura con que han resuelto el trabajo, diría lo han disfrutado mucho). Llaman también la atención por su belleza los delicados desvíos para describir fenómenos fugaces como un ocaso, un temblor del sol en las hojas de un árbol, las brillantes partículas de polvo que flotan en el aire. Y como el tema más evidente del libro nunca podrá pasar de moda, porque es el mito, entresaco en esta reseña un fragmento que se refiere a otro de los subtemas del libro, que es la vejez, por su pertinencia en estos tiempos en que las residencias de ancianos han pasado a ocupar las primeras páginas de los periódicos: “Todas las culturas primitivas sabían cómo enfrentarse a la vejez. […] Y, sin embargo, los hipócritas de hoy en día, que se escandalizan por el primitivismo de las antiguas costumbres, aterrorizan a sus ancianos sin sentir una pizca de remordimiento. No son capaces de matarlos, ni de ocuparse de ellos, ni de construirles unos establecimientos apropiados, ni de organizarles un servicio de cuidados digno.”

Por cierto, el huevo es importante, en el libro y en la vida. ~


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