Dime quién es la más bella | Letras Libres
artículo no publicado

Dime quién es la más bella

Jia Tolentino

Falso espejo. Reflexiones sobre el autoengaño

Traducción de Juan Trejo

Barcelona, Temas de Hoy, 2020, 382 pp.

Jia Tolentino (Toronto, 1988) es miembro de la redacción del New Yorker, especialista en casi todo lo que esté relacionado con la generación millennial. Antes fue editora en la web Jezebel y en The Hairpin. Un poco antes, hizo un máster de ficción en la Universidad de Michigan, tras estudiar en la de Virginia. Entre medias, pasó un tiempo en Kirguistán como miembro del Cuerpo de Paz. Pasó casi toda su infancia en Texas, dentro de una enorme comunidad evangélica –“la iglesia en la que crecí era tan grande que la llamábamos ‘el Repentágono’”–, a la que sus padres, filipinos, se mudaron desde Toronto. Esa es más o menos la nota biográfica de Tolentino que viene dispersa a lo largo de las nueve piezas que componen Falso espejo, su debut.

Los ensayos son originales, aunque algunos estaban apuntados en artículos ya escritos, y los temas de lo que habla son los asuntos a los que suele dedicarse –feminismo, identidad, redes sociales–. Tolentino dedica varios ensayos a internet: cómo las redes sociales afectan a la construcción de nuestra identidad, Mark Zuckerberg, Facebook, el activismo en redes, el feminismo mainstream, etc. Le debe casi todo lo que tiene a internet y no se le escapa la paradoja de ser ella quien explore la autoexplotación en redes, el exhibicionismo y la construcción de una vida casi imaginaria a través de las redes sociales. Por eso lo de falso espejo. El título recuerda también a la segunda parte de Alicia en el país de las maravillas, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

En los ensayos de Tolentino hay una vuelta atrás y autoevaluación de los comportamientos de la juventud para comprender el mundo y de paso también a uno mismo. Habría sido fácil caer en la burla de su yo pasado, en la ridiculización de algunas de sus acciones, como la participación en un reality show cuando era adolescente que cuenta en “Reality tv y yo”; pero no lo hace. No es que se tome en serio a sí misma, es que no aprovecha lo que sabe ahora para burlarse de ella y sus compañeros, sino que mira su pasado desde el presente tratando de descubrir claves que ayuden a explicar el mundo de hoy.

En el ensayo que abre el libro, “El yo en internet”, critica el postureo ético de las redes en el que ella misma ha caído –y lo seguirá haciendo, seguramente–. Pero eso es solo el gancho: lo que hay detrás es una reflexión sobre cómo se construye la identidad en internet, con la guía del sociólogo Erving Goffman, “que elaboró una teoría sobre la identidad que giraba en torno al fingimiento”.

La estructura del texto tiene que ver con los cinco problemas que identifica Tolentino al principio: “primero, cómo internet está pensado para expandir nuestro sentido de la identidad; segundo, cómo nos anima a sobrevalorar nuestras opiniones; tercero, cómo amplía nuestro sentido de oposición; cuarto, cómo malbarata nuestra comprensión de la solidaridad; y, finalmente, cómo destruye nuestro sentido de la proporción”.

En “Nunca dejes de optimizar” habla de cómo una de las características de la mujer ideal del siglo XXI es que siempre está produciendo: come ensaladas delante del ordenador y se preocupa por tener un cuerpo canónico. Dedica espacio a explicar la fiebre de las clases de barra –son más caras que el pilates o el yoga, pero, dicen, más eficaces, son una inversión– y la moda de la ropa deportiva. Todo es parte de lo mismo: “La mujer ideal parece hermosa, feliz, despreocupada y perfectamente competente. ¿Lo es en realidad? […] en los últimos años, la cultura pop ha empezado a evidenciar las fracturas del yo que crean las redes sociales.”

En “El culto a la mujer difícil” se ocupa del feminismo mainstream, a cuya expansión ella colaboró, y dice que ha surgido una especie de malentendido: “la idea de que criticar con dureza a una mujer siempre es, en esencia, algo sexista y, a un nivel más sutil, que recibir críticas sexistas es, en sí mismo, un indicador del valor de esa mujer”.

En “Venimos de la vieja Virginia” hay una reflexión sobre cómo ha cambiado el tratamiento de los casos de agresiones sexuales en la prensa a partir del que relataba un reportaje de Rolling Stone, que se publicó sin pasar las comprobaciones habituales y sin consultar a todos los implicados. La peculiaridad es que todo sucedía en la uva, la universidad en la que Tolentino estudió. A partir de ahí, la periodista trata de ver por qué creyó la historia, por qué se le pasaron por alto las incongruencias. Cuenta también el caso de otra estudiante de la misma universidad: a su denuncia le sucede inmediatamente la expulsión del agresor, que tras una investigación fue readmitido a pesar de que en su declaración dijo que no paró cuando ella se lo pidió.

Uno de mis ensayos favoritos del libro es “Heroínas puras”, un repaso a las novelas con protagonista femenina que la han formado desde niña: “Si fueses una chica y tuvieses que imaginar tu vida a través de la literatura, pasarías de la inocencia de la infancia a la tristeza de la adolescencia y de ahí a la amargura de la edad adulta; llegados a ese punto, si no te hubieses quitado ya la vida, simplemente desaparecerías.”

En “Éxtasis” escribe sobre la religión y el MDMA. No es un punto de vista original y resulta más interesante la parte de la vida de la comunidad evangélica que la parte de las drogas, pero está resuelto con gracia y erudición. En “Sí temo” escribe de las bodas y el negocio de los planes de boda. “La historia de una generación en siete estafas” explica su país a partir de siete estafas, del Fyre Festival a Donald Trump.

Sobre la época en la que escribió el libro, entre la primavera de 2017 y el otoño de 2018, dice: “Durante este periodo descubrí que a duras penas podía confiar en nada de lo que pensaba. Se intensificó sobremanera la duda que siempre me ronda la mente: cualquier conclusión a la que pudiese llegar sobre mí misma, mi vida y mi entorno tenía tantas probabilidades de ser acertada como de ser diametralmente errónea.”

En Metáfora y memoria, los ensayos reunidos de Cynthia Ozick publicados por Mardulce, Ozick escribe que un ensayo “es el movimiento de una mente libre que juega”, “es reflexión y visión interior”. Tolentino ha escrito un libro que no es complaciente, y que no busca la aprobación del lector ni tampoco darle una palmada en el hombro. Funciona como una invitación –por imitación– a liberarse de los sesgos y la influencia de las redes sociales en el pensamiento. Está escrito con inteligencia y sentido del humor, y es interesante hasta cuando se equivoca. ~


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