Anverso y reverso de la memoria | Letras Libres
artículo no publicado

Anverso y reverso de la memoria

Entremezclado con coleccionistas y curiosos, Daniel Canogar (Madrid, 1964) registraba El Rastro de Madrid, mercadillo donde se encuentran aún obras de la cultura reciente en formatos ya obsoletos, como cintas de casete, VHS o placas fotográficas. Compraba películas en dvd, un objeto de almacenamiento digital en evidente extinción. El disco óptico se convirtió en la materia prima de su serie Sikka, de la que ha inaugurado su propuesta más ambiciosa, Sikka ingentium (2017), en el Museo Universidad de Navarra.

La obra partió de un prototipo, Spin (2011), una instalación en la que cien películas se proyectaban sobre la pequeña y circular superficie del mismo dvd que lo guardaba. Luego dio un paso más, y decidió relacionar los contenidos, lograr “una coreografía interna”. La primera de estas composiciones la realizó un año después con ciento cuarenta dvd y la llamó Sikka, luego se atrevió con trescientos sesenta en Sikka magnum y finalmente, luego de superar muchos obstáculos informáticos, multiplicó la cantidad de películas y comenzó a trabajar con 2.400 dvd en una pieza, Sikka ingentium.

Los discos se encuentran dispuestos en una sala oscura, formando un enorme y alargado mapa de relieves y redondeces, en la que los discos muestran su lado brillante y refractan los movimientos visuales de esa danza programada por el artista y su equipo (Daniel Mellado en la programación y Alexander MacSween en lo sonoro). Esta superficie conforma un paisaje donde la luz realiza movimientos que parecen imitar el comportamiento de ciclones y anticiclones. Una danza cuyos vientos están compuestos de retales de los audiovisuales contenidos en esos mismos dvd, instantes de películas de una vasta colección acumulada, y visionada, por Canogar. Segundos de metraje elegidos por el artista, provenientes de grandes industrias casi desconocidas en este lado del mundo, como la nigeriana (Nollywood) o la india (Bollywood). “La obra comienza con una paleta que, en vez de ser de pinturas, es de clips”, me dice después de una noche sin dormir para poder terminar el montaje a tiempo para la inauguración. “Funciona lo icónico: primeros planos, colores intensos, algunos movimientos de cámara, lo gestual.”

Más que en ninguna otra de sus obras (Vórtices, Echo, Waves…), en Sikka ingentium convergen los conceptos que han erigido la filosofía artística de Canogar: el consumo, la tecnología, la obsolescencia, la memoria, el reciclaje. Y son estos temas los que le guían al seleccionar y secuenciar esta instalación producida y estrenada en Pamplona en marzo de este año. Porque esta obra tiene anverso, esas películas proyectadas sobre el dvd, y reverso, ya que esos elementos, algunos reconocibles –como el rostro de Bruce Lee o la armónica de Morricone– a su vez se reflejan en una pared blanca, instalada al frente, transformados en otro tipo de lenguaje.

Se da forma así a la cualidad especular del universo digital, que refracta lo real a su manera, con fenómenos como la autorrepresentación en redes o lo que ahora se conoce como posverdad. Las películas imitan la realidad, la reconstruyen, la manipulan. Con suficiente magia para sumergir al espectador y fascinarlo. Pero enfrente, ese artificio tiene su envés, desarticulado en rayos de luces y colores. Y quien se enfrenta a la instalación de Canogar debe detenerse entre ambas representaciones. “En esta obra, ¿dónde están los límites de nuestra realidad?”, me pregunta Canogar. “¿Están en ese mundo espectral de reflejos en la pared? ¿O está en los dvd que puedes tocar por tener una consistencia física concreta? El espectador está entre las dos paredes, que son las dos realidades de nuestra experiencia. Esa ambigüedad entre lo físico del mundo del carbono y lo intangible del mundo del sueño, fantasía, deseos. La alucinación interior.”

La obra también se integra al debate sobre uno de los grandes retos contemporáneos: cómo archivar los registros que se producen a diario. En otras palabras, cómo almacenar y proteger la memoria del mundo, que antes se fijaba en soportes tangibles (códices, pergaminos, papel fotográfico, cintas de vídeo) y que ahora se encuentra en un vasto y anárquico universo de frágiles apuntes digitales, sujetos al desvanecimiento, la obsolescencia, la distorsión empresarial o la simplificación del big data. Ante la imposibilidad del almacenamiento, Canogar propone el procesamiento, la selección y la preservación por medio del arte, por medio de trabajos como Sikka, su particular homenaje al cine. ~

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La exposición Sikka ingentium puede visitarse en el Museo Universidad de Navarra, en Pamplona, hasta el 15 de octubre.


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