Aire, agua, alimento, abrigo y afecto | Letras Libres
artículo no publicado

Aire, agua, alimento, abrigo y afecto

Estas son las cinco “as” de Héctor Abad que recoge la película de Fernando Trueba El olvido que seremos: Colombia. Miseria eterna del mundo.

He visto los números exactos del universo, al menos los que me tocan de cerca. Aunque los números individuales no difieren mucho de los generales ya que todo es el mismo magma cuántico pluriforme; la palabra “individual” es excesiva porque todo está vinculado. Los números básicos personales/universales, como sostenían los muy antiguos, están aquí mismo, solo hay que ponerse en trance o disposición de apreciarlos. Luego hay que sacar el lápiz y tomar nota porque a veces la consciencia plena se altera por los zumbidos naturales –ondas gravitatorias, ruido de fondo del universo, neutrinos– y otros antropocénicos, como el microondas o los disparos. Aunque quizá esas ondas gravitatorias, ruido de fondo, neutrinos y otras que no sabemos captar son la vida. En todo caso, también desde esta visión de los números del universo, lo individual es excesivo: las cinco “as” de Héctor Abad son esenciales.

Esos números, aunque sean probabilidades, muestran una info tan completa que da un poco de yuyu acercarse a ellos. Este pánico a saber demasiado puede ser la causa de que la humanidad dejara de percibirlos en algún momento. También pudo ser por las prisas y las estrecheces –la ausencia de las cuatro “as”–, ya que el acceso requiere un punto contemplativo, cierta leve quietud. La pandemia y sus restricciones han popularizado por mensajería estas recetas antediluvianas para dar este saltito epistemológico y han dado tiempo a los que ya tienen el mínimo de las cinco “as”.

Saber cuánto te queda, qué hilos te sostienen (desde el primer día), qué otras prolongaciones, si las tienes (si las eliges) tendrás o has podido tener, qué será de tus yoes y cómo funciona eso que por ignorancia o simple desidia o miedo llamamos destino y azar. Toda esa info básica la puedes ver solo con desearlo (la voluntad de Schopenhauer era eso: Anagrama divulga un devocionario de bolsillo de la mano de Houellebecq).

Un velo de prejuicios y ansiedad nos separaba de este big data. Las premoniciones y los presentimientos son restos fósiles de esa habilidad olvidada o postergada; Borges lo explica, vivimos postergándolo todo, convencidos de que tarde o temprano lo sabremos todo y lo haremos todo. [En la entrevista a Borges del año 1977 que está en YouTube, le dice a William Buckley Jr.: “Yo solo pienso en lectura y escritura en términos de felicidad” (minuto 33)].

La pandemia y las redes que emulan los hilos invisibles del universo nos incitan –si hemos comido– a intentar esa visión de la incierta totalidad. Cuatro “as”, cierta quietud interior y mirada panorámica serían los únicos requisitos, tantas veces imposibles.

Es como estar dentro del panel de control del universo, por eso los manuales de la tradición –algunos quedan aunque ya nadie sabrá descifrar sus garabatos– recomiendan llevar piedras o plomos en los bolsillos cuando se empieza a practicar porque en esta fase se puede perder el oremus y los átomos del cuerpo podrían disolverse en el haz del primer éxtasis.

Esta primera fase, meramente recreativa, es fascinante y peligrosa: puedes predecir el vuelo de una golondrina hasta el punto de que quizá la diriges con tu mirada como si fuera un dron. Puedes mantener en el cielo las trayectorias de todas las golondrinas y gorriones de una tarde. Pero hay que insistir: es peligroso quedarse a medias, entre el estado básico de la conciencia rudimentaria tal como la venimos usando en estos milenios y esta primera fase, que apenas deslumbra con sus pueriles efectos, hay riesgo de colapso.

El riesgo de atascarse en estas primeras fases es grande porque accedes a un paraíso de info jugable, tus neuronas disparan su velocidad y su ancho de banda hasta convertirse en otra cosa y todo es nuevo y brillante. Tanta lucidez no resiste la comparación con el mundo sensitivo restringido de siempre, de modo que no es posible volver. Esta irreversibilidad hay que admitirla antes de empezar.

Solo un paso más y entonces, cuando ya ves los números funcionar en sus conexiones y el universo como una red vibrante (son analogías inútiles, si se pudiera explicar no haría falta ir), se trata de expandir un poco la escala del yo, que, inmune al cosmos, cebado de sí, persevera en su ególatra mismidad.

Desdeña ese nirvana y sigue avanzando; la voluntad, por lo visto, es pura energía cósmica, etc. La explicación natural dice que formas parte de ese mismo universo vibrátil y que si te fijas lo ves. Recuerda que el despegue solo acaba de comenzar, que las entrañas numéricas que subyugan al homúnculo en este tramo solo son el inicio y fungen como una extensión del mundo básico que se resiste a que sus seres le vean las cuatro fórmulas y le abandonen para siempre. Entonces, si no se sigue adelante, una vez que te has dejado enredar en esta primera órbita numinosa, la energía se va perdiendo y se vuelve a caer en la realidad, que ya no sacia como antes.

Así que hay que hacer el salto completo, que dura toda la vida (en la escala de la vida ordinaria; en el plano visionario no cabe el tiempo). Y eso es todo. A veces alguien, como Einstein, vuelve del paseo con unas cuantas fórmulas. Por eso hay que llevar un lápiz. Quién sabe. A veces la mano, al alegre albur, traza unos números o una gráfica y puede ser algo. Todo puede ser algo.

Referencias:

• El libro El cazador de ángeles, de Antón Castro (Olifante, 2021).

• La novela de Javier Marías Tomás Nevinson (Alfaguara, 2021), que re-crea un universo autosuficiente, envolvente y muy entretenido.

• Todo sobre Remedios Varo, que sin duda vio los números del universo.

• Las películas Homunculus, de Takashi Shimizu (2021), y Homunculus, de Otto Rippert (1916). Las cinco “as”. ~


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