Un hipster en la España vacía (2) | Letras Libres
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aikijuanma

Un hipster en la España vacía (2)

Nuevos episodios del choque de civilizaciones.

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4 de marzo

La primera sesión del curso de nuevas masculinidades ha sido un éxito.

Al principio estaba un poco intranquilo, porque solo habían venido mi tía y su amiga Pura. Pero luego se ha ido animando, y han venido otras dos mujeres. Ha sido una sesión de toma de contacto, de familiarización con los conceptos esenciales.

Al salir he visto que había unos cuantos hombres en la plaza. Miraban con curiosidad. No quiero vender la piel del oso antes de cazarlo, pero me ha parecido una buena señal. A lo mejor se apuntan en unos días.

 

Sé que no está bien utilizar un símil cinegético. Por otro lado, quizá es una señal de que me estoy adaptando.

 

5 de marzo

Ya me he hecho una pequeña rutina. Por la mañana me levanto y hago yoga en el corral. Cada día, al salir, uno de los niños que van al colegio me mira un momento desde detrás de la puerta mientras hago el saludo al sol.

Desayuno con mi tía. Mi tío se ha ido un rato antes. Alguna vez me ha dicho que le podría acompañar al campo y así hacía ejercicio de verdad en vez de esas mariconadas. Le agradezco la oferta, pero me parece que es un poco temprano para hacer cosas en el campo, creo que hay que dejar que la naturaleza se despierte lentamente.

Bajo en bicicleta con Yanis a Valdepinar. Ahí, en el bancal de mi abuela, es donde podemos empezar nuestro centro. La edificación (paridera, la llaman) está relativamente bien.

Como con mis tíos. Mi tía cocina. Yo le insistí en que no cediera a las presiones para globalizar su forma de cocinar y en que regresara a la cocina tradicional. Pero también me parece que comemos demasiada carne. Es un equilibrio delicado.

Por la tarde suelo ir al bar. Prefiero ir directamente al de la carretera. Joaquín y Alfonso están ahí casi siempre. Ceno en casa, a eso de las nueve. Dos noches a la semana cocino. Para cambiar con respecto a la cocina tradicional, intento preparar platos exóticos. A veces me faltan los ingredientes. Pero la borraja queda sorprendentemente bien en las recetas indias.

Mi tío dice que él prefiere una tortilla francesa. Según mi tía, eso también es exótico, el nombre es de otro país. Algunas noches bajo al bar. Alfonso y Joaquín suelen estar ahí. El fin de semana va Mohamed, un marroquí que trabaja como pastor en el pueblo. Ya no hay pastores locales, me dicen, y los esquiladores son rumanos. Pide cerveza. (No le digo nada, pero me incomoda que renuncie a sus principios religiosos para adaptarse a un ambiente hostil. Quieras que no, es una amputación de su identidad.) Por la noche escribo el diario.

Mis tíos veían la televisión en las comidas. El Telediario. Les he convencido de que no lo hagan. Es una pena que no sea fácil encontrar fuentes de noticias alternativas por la mala conexión que tenemos. Pero es doblemente peligroso estar expuesto a los intereses de los medios del sistema sin poder contrastar su versión.

 

Lourdes me ha preguntado qué tal fue en el taller.

 

Todavía no he tenido noticias del alcalde.

 

6 de marzo

Lo de la piel del oso no lo decía en serio.

 

7 de marzo

La gente es sencilla y entrañable. La médica, doña Carmen, vive aquí con tres hijos (son casi la mitad de los niños que van a la escuela, que está a la entrada de las eras). Hay enfermera tres días a la semana. La médica también pasa consulta en el pueblo de al lado.

Un par de días a la semana, en cambio, abre la oficina del banco. Juan, al que llaman el tío soltero aunque la verdad es que la mayoría de los hombres del pueblo están solteros, va el primer día de cada mes para comprobar que está el dinero de la pensión. Lo pide, lo cuenta, lo devuelve y se marcha.

El miércoles hay mercadillo de fruta, el jueves hay mercadillo de ropa. El martes y el jueves hay pan del día; lo traen de La Mata; se puede comprar en la tienda de Diana. (He buscado si se sabía algo de mi pedido del Hola Coffee, pero no había buena cobertura.)

Algunas tardes está en el bar el cura, Alejandro, que da misa en varios pueblos. Aparca en la cochera que hay enfrente de la escuela. Lo llaman el 113, porque es el que llega cuando tarda el 112, la ambulancia. Cuenta que hace poco la guardia civil le paró en un control después de dar misa en varios pueblos. Justo antes de soplar, dijo:

-Ahora veremos si funciona la transubstanciación.

Alejandro fue misionero en África. Cuenta historias de esa época. Una vez llegó un chico de doce años que se quejaba de un dolor inmenso. Se había dislocado la mandíbula. Alejandro preguntó cómo. Le contaron que un anciano del pueblo estaba contando una historia y el chico había bostezado con una energía rayana en la desesperación y se había dislocado la mandíbula.

-Es el mejor resumen sobre la sabiduría ancestral y las historias al amor de la lumbre -ha contado hoy.

Es una historia interesante. No se me escapa que esa anécdota pretende subvertir desde un empirismo apresurado y selectivo, con el recurso de un argumento vivencial a todas luces insuficiente y falaz, y apelando al recurso de la clásica estructura de dominación que es el humor desmitificador, el reconocimiento de la validez de otros sistemas de pensamiento en lo que es un intento apenas disimulado de reafirmar una cosmovisión eurocéntrica y por tanto reaccionaria.

-No le des tantas vueltas. Solo es una cosa que me pasó, chaval -me ha dicho Alejandro. Pero yo no podía evitar sentir que la historia me hablaba de una manea particular. ¿No hacía él, en cierto modo, en el África ecuatorial de los años ochenta, algo parecido a mí? ¿Y en qué lugar me deja pensar eso?

Alfonso me ha invitado a otra cerveza.

 

Lo del oso era un significante vacío.

 

8 de marzo

En la plaza, esperando que llegara más gente a la concentración del 8-M. Al final ha venido mi tía, me ha preguntado si quería merendar algo.

 

Por la noche, he hablado con Mohamed en el bar. Le he pedido que me ayude en el campo este fin de semana. De momento sería una cosa sencilla, desbrozar el camino y quitar las hierbas del campo. Ha dicho que sí, un poco extrañado. Le pagaré, claro.

Vamos bien. Es un proyecto diverso.

 

9 de marzo

Por la mañana, he ido con Alfonso y Joaquín a Alcorisa para comprar herramienta para el bancal. Hemos parado en el supermercado y he comprado cosas para casa. Alfonso y Joaquín se empeñan en que vaya un día de caza con ellos, dice mi tía que ganan todas las competiciones de tiro al blanco de la zona. No está claro quién es el que tiene mejor puntería.

Por la tarde, he estado trabajando con Mohamed.

 

Había buena cobertura y he llamado a Edu desde el parking del Carrefour. Le he hablado de mis progresos. Me ha dicho que nuestra organización se escindió y luego se fusionó con otra. La organización inicial ha desaparecido y la nueva, fusionada, ha tomado el nombre de la primera pero la orientación política es totalmente distinta, aunque según Edu se trata de una reconfiguración que en el fondo se parece más a nuestro proyecto original. Según Edu cuando se produjo la primera escisión me expulsaron por disidente, pero consideraron que mi presencia sería útil en la fusión para armonizar sensibilidades, así que me readmitieron con las mismas responsabilidades. Esto podría cambiar, me ha dicho, porque hay rumores de una nueva reorientación, pero no debería preocuparme.

Le he preguntado por Lina. Dice que hace mucho que no la ve.

 

10 de marzo

Trabajo por la mañana con Mohamed.

Por la tarde, fui a nadar.

 

En el pantano. Fui con la bicicleta. Ahí estaba a punto de meterme (había poca agua, por la sequía, y estaba helada, Yanis no quería entrar, con lo que le gusta nadar) cuando me han llamado la atención unos gritos.

Era el forestal, Roberto. Me ha dicho que era un imprudente por meterme, que por mucha sequía que hubiera era es peligroso y más ahora que se hacía de noche. El año pasado se murió allí un chico del pueblo. Se ha empeñado en llevarme al pueblo en su todoterreno, con la bici y Yanis en la parte de atrás. Venía casi sin hablar, escuchando La Ronda de Boltaña. Me ha dejado a la entrada del pueblo y le he dado las gracias.

Me dijo Joaquín que Roberto es el novio de Lourdes, pero no estoy seguro.

 

11 de marzo

En el taller de nuevas masculinidades. Cinco personas. Mi tía, Pura, las dos mujeres del otro día y la hija de la médica.

Parece poco, pero en términos porcentuales es considerable. Es verdad que sería mejor si viniera algún hombre. Pero tampoco quiero obsesionarme con los detalles.

Lourdes me ha preguntado por lo del pantano. A lo mejor sí que son novios.

 

Por la noche he estado hablando a mis tíos de Jared Diamond y de su idea de que el Neolítico fue una tragedia para la humanidad. Aunque posibilitara el aumento de la población, la dieta y las condiciones de vida empeoraron. En realidad, les he dicho, pensando en Yuval Noah Harari, no fue el hombre quien domesticó al trigo, el trigo domesticó al hombre. Somos prisioneros de la agricultura.

Mi tío se ha ido pronto a la cama, se levanta pronto para ir al campo. Pero creo que estaba interesado.

Estoy pensando en montar un taller de lectura.

 

12 de marzo

Un episodio desagradable. Esta mañana, al bajar al bancal he visto la pintada. “Forastero, gilipollas.” He ido a buscar pintura a la tienda de Diana. Han sido dos viajes en bicicleta porque me he olvidado de llevarme una brocha. Cuando he ido a buscarla a casa, mi tía me ha dicho que podría haber cogido el coche, pero ya he dicho alguna vez que me parece que lo utilizan demasiado por aquí. (He pensado en las posibilidades del transporte público, pero la cuestión de la densidad de población podría ser un problema.)

Me he pasado la tarde pintando. Intentaba que el trabajo físico me distrajera de la indignación. Hacer algo, solventar el problema, no amargarte. Son algunas de las estrategias que he aprendido con el paso del tiempo. Después de todo habría que pensar un nombre para el proyecto. De hecho, el lugar de la pintada estaba bien elegido. Se veía desde el pueblo y casi todo el camino mientras ibas bajando.

He podido borrar “Forastero”. Mañana quito “Gilipollas”.

 

Tengo que hacer un brainstorming.

 

13 de marzo

¿Utopía sostenible?

¿Jardines infinitos?

¿Proyecto deconstrucción?

¿Aragón Yimbi?

Proyecto deconstrucción me gusta bastante. Es bonito el juego: proyecto deconstrucción, proyecto de construcción.

 

14 de marzo

He cometido un error.

Creo que ha sido porque he bebido un poco de más. Habíamos vuelto al pueblo sin cenar del bancal con Mohamed y estaba tenso, no sé por qué. He dicho en el bar que me parecía una vergüenza, algo detestable, la pintada. Me parecía que era una demostración de xenofobia que hablaba muy mal de quien lo había hecho pero también del pueblo. ¿Cómo se podía tratar de ese modo a alguien que vive entre nosotros, que comparte nuestro día a día, por cuestiones atávicas como la raza o la religión? ¿Acaso no éramos conscientes de otras muchas diferencias entre nosotros, los autóctonos, que sin embargo no empañaban el hecho de que hay una humanidad común, la capacidad de imaginar el sufrimiento y la alegría del otro, la conciencia de nuestra unidad y fragilidad en la aventura cotidiana de la existencia? Los episodios más tristes de la humanidad habían empezado así: cuando alguien justificaba esa exclusión en aras de la religión o la etnia, del dios que se adora, la lengua que se habla, el color de la piel, y cuando los demás, los buenos ciudadanos, toleraban esa actitud.

-A ver, que creo que la pintada no es por el moro -ha dicho Roberto-. Es por ti.

Mohamed estaba ahí a mi lado, no ha dicho nada.

Lourdes ha dicho que me invitaba ella a la cerveza.

Creo que Lourdes y Roberto son pareja.

 

He escrito un email a Lina. Luego lo he borrado.

 

15 de marzo

He escrito otro email. He vuelto a borrarlo.

 

16 de marzo

Ha sido un día intenso en el pueblo.

Me ha despertado el alboroto a eso de 9:30 de la mañana. Se oían voces en la calle. He saltado de la cama y he bajado. Mi tía andaba de un lado para otro por la casa, con cara de preocupación. Mi tío juraba entre dientes, recogiendo cosas. Mi tía ha mirado por la ventana.

-¿Qué pasa? -he preguntado.

-Se quema la serrería.

Mi tío me ha dicho: “¿Vienes o qué?”, mientras iba hacia el garaje. Mi tía ha protestado. “¿Cómo va a ir el chico?”. Pero yo he bajado. La cosa también iba conmigo, no podía quedarme en casa.

Cuando hemos llegado había un grupo de gente, con cubos, formando una cadena. En primera fila estaba Roberto, que dirigía. La gente hablaba de los incendios de hace unos años, en uno hubo que evacuar el pueblo. Por suerte, el viento no soplaba hoy en esa dirección, pero a Roberto le preocupaba que se extendiera hacia el bosque. Al cabo de un rato hemos visto el helicóptero de la guardia civil. Qué distinta era la situación a otras veces, cuando su presencia era una matraca represora sobre las manifestaciones. Pese a lo tenso de la situación, había algo profundamente emocionante: la organización transversal, espontánea, de la gente protegiendo su espacio. Las cadenas, la solidaridad, la entrega. Había algo realmente orgánico en esa reacción unanimista. He pensado en Jean-Michel Jarre.

-Va a haber suerte -ha dicho mi tío.

-¿Por qué?

-Cuando el cabezo tiene montera, llueve aunque dios no quiera.

 

¿Cómo ha sucedido?

Parece ser que esta mañana a eso de las 8:30 ha llegado a la zona un drone de Amazon. Alfonso y Joaquín volvían, después de terminar la jornada de caza, y han visto el drone. No estaban seguros de qué era, pero han decidido dispararle.

Hay cierta controversia sobre cuál de los dos ha acertado, pero el caso es que lo han derribado. Según ellos, el drone ha hecho una trayectoria un poco extraña, como de globo desinflándose, y ha acabado estrellándose en la serrería.

La reacción ha sido rápida y la lluvia ha evitado consecuencias más trágicas. Se han quemado algunas cosas en la serrería pero no ha sido catastrófico. Al ver los restos del drone, la gente se preguntaba qué hacía en la zona un aparato de Amazon. Enseguida se me ha ocurrido una hipótesis, pero me ha parecido que no era el momento. Ya habrá otras ocasiones.

La que debía sospechar algo es Lourdes, que ha pasado un momento a mi lado y me ha dicho al oído:

-Notas de fresa, avellana y cacao -se ha acercado un poco más-. Y, claro: tueste torrefacto.