Trump y otros posmodernos | Letras Libres
artículo no publicado

Trump y otros posmodernos

En 'The death of truth', la periodista Michiko Kakutani estudia la extraña relación entre el posmodernismo y el populismo de derechas.

En una entrevista con la NBC el 19 de agosto, el asesor legal de Trump, Rudy Giuliani, dijo que “Truth isn’t truth”. La verdad no es verdad porque “es la versión de alguien de lo que es verdad, pero no es la verdad”, añadió. Lo que quería decir es que las pruebas que acusan a Trump, como provienen de un investigador politizado y parcial como Robert Mueller, no pueden ser ciertas. Es una postura común en el partido republicano contemporáneo. Rush Limbaugh, uno de los comentaristas republicanos más delirantes e influyentes, ideó hace una década lo que él denomina “Las Cuatro Esquinas del Engaño” (curiosamente las representa con un círculo), que son el gobierno, la academia, la ciencia y los medios. Limbaugh dice que los científicos parecen muy serios con sus batas blancas, pero “en realidad les paga la izquierda”. Y dice que

vivimos en dos universos. Uno de esos universos es una mentira. Uno de esos universos es una completa mentira. Todo lo gobernado, dominado, y controlado por la izquierda aquí y alrededor del mundo es una mentira. El otro universo es donde estamos, y es donde la realidad es dominante y lidiamos con ella. Y raramente esos dos universos se solapan.

Esta “epistemología tribal” (la verdad es simplemente lo que dicen lo míos), donde la verdad depende de perspectivas o experiencias personales, es una característica común del posmodernismo. Como dice Manuel Arias Maldonado, “el posmodernismo denuncia que quienes dicen decir la verdad no están más que exponiendo una posición ideológica; esto es, tratando, de hecho, de naturalizar y universalizar su punto de vista, que además responde a sus intereses y es contrario a los intereses de los demás.” Cuando Limbaugh cuestiona la legitimidad de los científicos porque “les paga la izquierda” y porque extienden la teoría del cambio climático de manera partidista se parece a los teóricos posmodernos que consideran que la ciencia es siempre ideología y la reproducción de los intereses de quienes la ejercen; o que es simplemente otro relato más, cuya legitimidad y autoridad no es mayor que cualquier otra teoría. Como dice la periodista y crítica literaria Michiko Kakutani en The death of truth. Notes on falsehood in the age of Trump, muchos argumentos posmodernos contra la ciencia “abrieron el paso a los antivacunas y negacionistas del cambio climático de hoy”. Kakutani, que dejó su puesto como una de las críticas literarias más prestigiosas de Estados Unidos para escribir sobre política tras la victoria de Trump, analiza en su libro la influencia de las teorías posmodernas y relativistas en la derecha populista actual. Todo lo que la derecha tradicional criticaba de la izquierda posmoderna puede definir hoy a los republicanos favorables a Trump. Los relativistas, posmodernos, maestros del eufemismo y la ocultación, iliberales y contrarios a los ideales de la Ilustración son hoy sobre todo los trumpistas. Como dice Kakutani,

Durante la primera oleada de guerras culturales, muchos en la nueva izquierda rechazaban los ideales de la Ilustración como vestigios de un pensamiento antiguo, patriarcal e imperialista. Hoy, esos ideales de razón y progreso son atacados en la derecha como parte de un plan progresista para socavar los valores tradicionales o son señales sospechosas de un elitismo de intelectuales del corredor del Este.

En una entrevista en New Yorker, el troll de la alt-right Mike Cernovich dijo: “Mira, yo leí la teoría posmoderna en la universidad. Si todo es un relato, entonces necesitamos alternativas para el relato dominante. Y no parezco un tipo que lea a Lacan, ¿no?” Cernovich muestra un pragmatismo cínico que comparte con Steve Bannon y otros populistas de derechas. La idea es destruir al adversario, y da igual qué armas usar, y da igual si son las del adversario. Bannon dijo en una ocasión que era leninista porque su objetivo era destruir el Estado, acabar con el establishment. Miembros de la alt-right han defendido las tácticas de Antonio Gramsci y su idea de luchar por la hegemonía cultural. Kakutani dice que

La campaña de Trump se definió a sí misma como una fuerza insurgente, revolucionaria, que luchaba en nombre de un electorado marginal usando un lenguaje que extrañamente recordaba al empleado por los radicales en los sesenta. “Estamos intentando romper la colusión entre los donantes ricos, las grandes empresas y los directivos de los medios”, dijo Trump en un mítin.

Cuando la derecha trumpista habla del deep state, o Estado profundo, para criticar las estructuras estatales que gobiernan en la sombra contra la voluntad popular, está usando argumentos similares que los que usaba la izquierda en los setenta cuando culpaba al “complejo industrial-militar” de la guerra de Vietnam.

Kakutani conecta la contaminación del posmodernismo en la derecha moderna con lo que denomina “el aumento de la subjetividad” y la “cultura narcisista” que surgió en los años setenta, que dio también lugar a la literatura de autoayuda: “Con este aceptación de la subjetividad vino la disminución de la verdad objetiva: la celebración de la opinión sobre el conocimiento, los sentimientos sobre los hechos”. Este viraje también tuvo su influencia en la literatura, y el análisis de Kakutani sobre la literatura autobiográfica o la posterior autoficción es lo más interesante del libro, aunque su visión es quizá demasiado conservadora. “Lo que Philip Roth denominó ‘el auténtico hecho del yo, la visión del yo como algo inviolable, poderoso, [...] el yo como la única cosa real en un clima irreal’ se convertiría en el territorio más cómodo para muchos escritores.” Kakutani es muy dura con Janet Malcolm, a la que acusa de hacer una escritura de no ficción solipsista y sin interés, y muy crítica con una generación de autores que escriben desde su “posición”: desde su raza, religión, género, pero es elogiosa con el “detallismo balzaciano” de Tom Wolfe y el realismo de Roth.

Kakutani conecta algunas ideas de mediados del siglo XX con el populismo actual, pero no profundiza mucho en ello. En su lugar hace un interesante repaso de la era de la posverdad, lleno de referencias y lecturas interesantes (el libro puede leerse como unas “notas de campo”), desde el tribalismo y las burbujas cognitivas en internet o el uso de la ironía en la alt-right hasta las técnicas de guerra híbrida y desinformación de Putin. Sus reflexiones a menudo no son originales (cita demasiado a Orwell, por ejemplo), pero The death of truth es una buena guía para pensar la era de la posverdad.