Me enamoré de una independentista | Letras Libres
artículo no publicado

Me enamoré de una independentista

Todo lo que necesitas es amor. Aunque seas de Vox.

[Letras Libres ha tenido acceso a la carta de un militante de Vox a su abuela.]

Abuela:

Espero que todos estéis bien. Gracias por los calcetines y la bufanda que me mandaste. Aquí no hace tanto frío como en el pueblo (imagino que ya habrá nieve y todo), pero me vienen muy bien. En general me estoy acostumbrando a la ciudad. Aunque lo de Madrid central es una imposición totalitaria, tengo buena combinación en metro al trabajo. Y, bueno, las cosas van bien y las perspectivas son todavía mejores. No me malinterpretes: todo sigue fatal. Los valores judeocristianos que constituyen la base de nuestra civilización están cada vez más amenazados, España está en poder de enemigos que sueñan con destruirla, el feminazismo ha creado una guerra entre los hombres y las mujeres, Soros y otros como él intrigan para traer inmigrantes que convierten nuestras bellas ciudades europeas en zocos, ayudados por políticos acomplejados o cínicos y atrapados por la dictadura de lo políticamente correcto que siempre se ponen del lado de los criminales si los criminales no son hombres blancos heterosexuales.

Todo eso, como sabes, es innegable. Estamos ante una emergencia moral inédita, una catástrofe histórica. Pero tampoco hay que tomárselo como algo malo. Me noto optimista, más animado que en mucho tiempo. Una de las razones son nuestros buenos resultados en Andalucía. Y otra, quizá, no lo sé, pero es por lo que te escribo, es que he conocido a una chica. Se llama Àngels y es genial. A ver si vamos pronto para que puedas conocerla.

Te voy avisando con tiempo para que no te asustes. Es catalana. Pero es buena chica. Así a primera vista no tenemos mucho que ver. Por ejemplo, ella me habla de muchas películas francesas y a mí ya sabes que lo que me gusta son las películas de acción y del oeste. (Las comedias románticas también me gustan pero siempre hago como que no.) Ella siempre quiere ir a restaurantes étnicos y yo soy más clásico. Una vez, hablando de esto, me preguntó cuál era mi comida favorita y le dije que tu fabada que me mandas en tuppers y ella se echó a reír y dijo que era bastante étnico. Lo más curioso es que ella es separatista catalana. Tenemos posiciones bastante distintas al respecto, pero no creo que eso sea malo. Al final, leí una vez que lo peor en la pareja es la indiferencia y nosotros siempre tenemos cosas de las que hablar.

De hecho, fue así como nos conocimos, en la misma manifestación. Ella, técnicamente, había ido con unos colegas para impedir que me manifestara. Yo ya sabes que admiro a una mujer decidida y de principios, pero no me esperaba algo así. Mientras ella me llamaba fascista yo me enamoraba. Tenías que haberla visto. Esos ojos verdes y la expresión llena de odio. Era irresistible. Una patriota de verdad. Al oírla pensaba en Juana de Arco, en Agustina de Aragón, en esas mujeres valientes que no se rendían ante nada.

He pensado muchas veces en ese momento, y puede que haya un poco de exageración, o de recreación. Porque solo pudieron ser unos segundos. Enseguida llegó la carga y no sé bien cómo me eché a correr, y acabé solo en una calle cercana, me apoyé contra un contenedor para recuperarme. Oí una respiración a mi lado, me giré y ahí estaba ella.

Ella estaba desorientada. Yo me había dado un golpe con un bolardo (no te he dicho nada para no asustarte: nada, quedará una cicatriz bonita; ya sabes cómo es la izquierda, nunca ponen bolardos para parar a los terroristas, solo contra la gente normal). No sabíamos bien dónde estaban nuestros compañeros y para matar el tiempo iniciamos una conversación. Ella me dijo que su objetivo era la independencia de España y la sustitución del modelo socioeconómico capitalista. Me dijo que quería desmantelar el Estado español y el Estado francés y le dije que lo de Francia me parecía buena idea. Le dije que yo quería destruir el Estado de las Autonomías y respondió que ellos hacían lo que podían. Al final se hizo de noche y salimos medio renqueantes a tomar algo. Acabamos bebiendo ratafia en su terraza, debajo de un cartel donde ponía Libertad presos políticos, y ella se rio al ver mi camiseta térmica con los colores de la bandera de España.

Y, bueno, desde entonces. Ella me ha hablado de la Cataluña rural, me ha ido poniendo discos de cantantes catalanes indies. Tengo una lista en Spotify. Yo también he ido poniéndole cosas, hay una especie de intercambio. Ella escucha con atención, eso lo noto. Y yo he aprendido a hacer algunos platos. El año que viene me apuntaré a clases de catalán o me compraré unas gafas de pasta. Y, aunque somos muy distintos, hay cosas en las que estamos de acuerdo. Por ejemplo, en la libertad de expresión. Yo creo que no habría que dejarla hablar a ella, ella piensa que no habría que dejarme hablar a mí. Hay cosas que nos gusta hacer a los dos. El campo, por ejemplo: a mí me gusta cazar, a ella le gusta coger rebollones. Igual en otoño vamos a Albarracín o así. A los dos nos cae mal Arcadi Espada y eso une mucho.

No diré que no haya momentos de tensión. El otro día me presentó a sus compañeros del máster donde da clase, en Teoría de Género y Estudios Feministas, y creo que no nos entendimos bien. Me pareció detectar cierta desaprobación cuando expresé mis puntos de vista sobre la ley de violencia de género (Àngels me dice que exagero y que los que se levantaron de la mesa tenían que coger el último metro).

Pero, por otro lado, no es raro que pasen cosas así. Esos amores que en principio parecerían imposibles. Por ejemplo, ahí están Andrea Levy y Nacho Vegas. O Julio César y Cleopatra. O Marco Antonio y Cleopatra. O Romeo y Julieta. O los amantes de Teruel, que es una historia bonita y muy española, donde los malos son los sarracenos, o sea los moros. Y, si lo piensas, hay muchas cosas que compartimos. A ellos también les gusta ir en peregrinación a las montañas. He estado en algunas celebraciones: al margen de lo que pensemos, ¿no te impresionan esas danzas, esas misas donde el cura muestra su apoyo a la causa, esos pregones municipales sobre los presos que dan una sensación de propósito compartido? Si tienes sensibilidad patriótica, y la verdad es que yo la tengo, es imposible que no te emocione. ¡Qué envidia! (Y, bueno, seamos claros: el sexo patriótico es el mejor sexo.) Nos preocupan los inmigrantes y que se adapten a nuestra cultura, y nos gusta la Edad Media. Nosotros tenemos a don Pelayo y ellos a Wilfredo el Velloso. ¿No te los imaginas combatiendo juntos contra los moros, por valores que son esencialmente los mismos, como en El señor de los anillos?

A veces la gente critica a algunos historiadores catalanes porque dicen que grandes figuras históricas son catalanas. Dicen que Cervantes era catalán. Pero también que Halloween se inventó en Cataluña, que Colón era catalán. Se les olvida mencionar que el jurista que diseñó los decretos de nueva planta era catalán también, pero no se puede estar en todo. Ahora bien, si tú lo piensas, esto no debería alarmarnos mucho. Con Cervantes o Santa Teresa no cambia nada: ya lo sabemos. Pero si Colón o, por poner un ejemplo al azar, Shakespeare son catalanes, y no hay ninguna razón para dudarlo, ya que lo defienden grandes investigadores, es diferente: si ellos son catalanes, son también españoles. Lo catalán es una forma primordial del genio hispánico, ¿no te parece?

En fin. Espero que estéis bien y que nos veamos pronto. Sé que esta carta te sorprenderá un poco. Imagino que te preocupará lo mismo que a mí: cómo se lo tomará Carmen. Sé que no será fácil, pero creo que al final todo irá bien. Además, no voy a dejarla tirada así como así. El otro día Àngels me presentó a Carles, un chico muy simpático que está en un CDR, y creo que harían muy buena pareja. Tienen tantas cosas de las que hablar.

Te quiere.

Tu nieto.