Los pensamientos del joven Eugenio Trías: aquí empezó la España moderna | Letras Libres
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Los pensamientos del joven Eugenio Trías: aquí empezó la España moderna

Se cumplen cincuenta años de la publicación de La filosofía y su sombra, que revolucionó el panorama intelectual español.

“Fue un acontecimiento. Con este libro empezó todo”. Así comentaba hace unos días Ángel Gabilondo, catedrático de metafísica además de político, cómo fue la aparición del libro del filósofo Eugenio Trías (Barcelona, 1942-2013) La filosofía y su sombra. Por el año en el que tuvo lugar, 1969, por la -original- tesis que guardaba en su interior, y porque su autor apenas contaba entonces con 26 años, lucía melena y chaquetas de pana. Y era su primer libro. Había ahí una renovación que iba desde el pensamiento hasta la estética en una época de pantalones grisáceos. La renovación que triunfaría años más tarde, ya muerto el dictador Franco y con la victoria socialista. De este tratado filosófico se cumplen ahora cincuenta años y acaba de ser reeditado por Galaxia Gutenberg.

“El libro fue presentado en mayo de 1969 y fue un bombazo”, rememora Miguel Morey, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Barcelona, y que conoció a Trías en aquellos años. Reconoce que en el momento en el que fue publicado las arenas ya eran bastante movedizas para la dictadura. Llegaba aquel 1969 después de los hechos de París de 1968 y las universidades eran uno de los principales focos de protesta. Precisamente, el año se había iniciado con altercados en la Universidad Central de Barcelona y el cierre sine die del centro por el Gobierno Civil. Comenzaron algunas detenciones como la del estudiante Enrique Ruano –recordado recientemente por Javier Padilla en el ensayo A finales de enero–, que poco después moriría defenestrado por la Brigada Político Social en Madrid. “Con la universidad cerrada, las clases se trasladaron a parroquias, bares, garajes y las clases las daban profesores que habían sido represaliados. Una de esas veces conocí a Eugenio”, cuenta Morey.

Trías, que era un veinteañero, se asemejaba mucho más a los estudiantes que al resto del profesorado. Y a los alumnos de Filosofía que fuera el autor de La filosofía y su sombra les llenaba de admiración. “Era un libro que no venía avalado por ninguna cátedra. Eugenio no pertenecía a ninguna camarilla universitaria, y además, apareció en una editorial, Seix Barral, que nos merecía mucho respeto porque tenía a autores como Umberto Eco”, señala Morey.

Pero ¿cuál era la modernidad de este libro y por qué caló tanto a posteriori? La ruptura principal es que abría una tercera vía entre la tradición metafísica, que tendría entre sus figuras centrales a Santo Tomás y Heidegger, y la tradición lógica-analítica, que defendían pensadores como Manuel Sacristán, reconocido intelectual marxista. Es decir, es la entrada del pensamiento posmoderno en España. “Lo que escribió en 1969 fueron los tópicos de los años ochenta. Desde el existencialismo francés hasta la posición radical de Foucault”, comenta Morey.

El propio Trías explicó años después en su libro El árbol de la vida qué le había llevado a inaugurar esta línea. “Yo quería cortar por la tangente e inaugurar una tercera vía. Deseaba trascender tanto a los amigos de la Materia como a los amigos de las Formas. Ni el positivismo lógico me convencía, ni tampoco la escolástica más o menos remozada con prótesis existencialistas”, escribió. Eso no le impidió polemizar con los gurús de la izquierda de entonces al revitalizar al filósofo Friedrich Nietzsche, ya que con esa tercera vía lo que pretendía era avanzar “entre la gazmoñería humanística de la literatura piadosa o beata de los marxismos y existencialismos de entonces y la cínica y banal liquidación de toda verdadera cuestión filosófica que proponían los anglosajones analistas o positivistas”, añadió en su libro de memorias.

En la introducción a la segunda edición de La filosofía y la sombra, publicada en 1981, Trías reconoce que lo que más le interesaba mostrar es que la filosofía es, ante todo, subjetiva. Es decir, que “todo filósofo acepta, legitima, promulga o inventa una normativa de conocimiento”, señaló. Y desde esa normativa se determina el saber y lo que no se puede saber. Esa sería la sombra de la filosofía, que está en todos los sistemas filosóficos. Lo antagónico. Y así, si para la metafísica es el positivismo, para el idealismo platónico es el sofismo.

La resurrección de Nietzsche que hace el filósofo barcelonés estriba en su idea de que lo irracional, las zonas oscuras (que, por ejemplo, también había tocado Freud) no pueden ser dejadas de lado por la Razón. Y hacía una defensa de la Pasión, ya que “lo pasional posibilita o abre lo racional y lo racional tiene en la pasión su premisa y su soporte”, escribió. En una época tan sentimental como la nuestra, que encuentra muchas veces su oposición en una fría racionalización de datos y estadísticas, quizá no sea mala idea volver a este pensamiento en el que ambos, sentimiento y Razón, se necesitan entre sí.

Trías fue aclamado como la gran figura entre los filósofos jóvenes y contó hasta con el aplauso de Gustavo Bueno. Fue elegido presidente de las Convivencias de los Jóvenes Filósofos, aunque la edición de 1969 no llegó a celebrarse porque “con el estado de excepción que había se consideró que no era conveniente”, explica Morey en el prólogo de la nueva edición de La filosofía y la sombra. Pero este catedrático no duda que fue “un soplo de aire fresco” y un síntoma de los cambios venideros. “En las Convivencias de los Jóvenes Filósofos se pasó de hablar de Dios a las ciencias humanas, el discurso mutó de las uniformidades al pluralismo”, escribe también Morey.

La publicación del libro se enmarca a su vez en los cambios que poco a poco se estaban produciendo, al menos en las esferas culturales. El manuscrito le llegó a Rosa Regàs, que era muy amiga de Trías desde la época de la facultad. En aquel momento, Regàs trabajaba con el editor Carlos Barral en Seix Barral y se lo entregó, aunque como ella misma confiesa, “no entendí bien lo que quería decir Eugenio”. Entre ella y el filósofo diseñaron una portada un tanto gamberra en la que pusieron diversos garabatos -barbas, gafas, bigotes- a Hegel, Tácito y Aristóteles. Pensaban que Barral no lo aceptaría, pero lo hizo y con esa portada además.

“De alguna manera fueron años en los que la política formaba parte de las manifestaciones culturales. Y el hecho de publicar este libro formaba parte de eso. Teníamos ansias de entrar en política”, reconoce ahora Regàs, que también aprovecha para recordar, en términos de actualidad, que si Trías viviera “se hubiera puesto nerviosísimo con el procès, igual que yo. Él decía que cualquier persona puede defender lo que quiera, pero no tiene derecho a hacerlo tan mal. Hubiera escrito un libro sobre esto, aunque quizá no le hubieran dejado hablar mucho”. Quedan los cuarenta libros que escribió. Una estela intelectual que empezó con La filosofía y su sombra.