Los ataques del plagiario | Letras Libres
artículo no publicado

Los ataques del plagiario

Un nuevo caso de un descarado plagiario en la academia. 

Sí, ahí voy de nuevo. No encuentro forma de ignorar hechos que atacan a las universidades, ensucian la responsabilidad de pensar y trabajar con seriedad, debilitan a la inteligencia, otorgan recursos públicos a ladrones, malogran al país al vitaminar la noción de que mentir y falsificar rinden tanto o más que el honesto esfuerzo, abaten la calidad de la enseñanza, atizan el cinismo general, pervierten a la juventud y un extenso etcétera. 

Sí, ya he escrito antes que el plagio intelectual no es, a fin de cuentas, sino el contagio a la academia de una cultura que reconoce al despojo no como un acto inmoral sino como encomiable pericia. A diferencia de otros lugares, donde un pillo se desacredita para siempre, los plagiarios en México suelen salirse con la suya. Antes que llamar a enmienda, sus faltas parecen multiplicar la eficiencia de su cinismo: no solo plagian, son intocables. Si bien esto no es tanto mérito suyo como desgaste de la integridad general, aquí se puede ser un plagiario y seguir impartiendo cátedra, asesorando políticos, dirigiendo instituciones o firmando editoriales edificantes.

Hace unos años conté el episodio del “estudiante” Sung Kun Park. Llegó a pedir mi firma para presentar una tesis de doctorado sobre Octavio Paz y el surrealismo. Su castellano era nulo, pero la tesis cansaba quinientas páginas: un pastiche de plagios. Le dije que era un pillo y sonrió. Le ordené buscar PLAGIO en su diccionario. Ya no sonrió. Al día siguiente confesó que había comprado la tesis y me quiso regalar un paquete de fin de semana en Nueva York. Exigí su expulsión.

Eso fue hace quince años. Ayer me enteré de la existencia de una página web en la que el Sistema Bibliotecario de la UNAM reproduce tesis y aporta los datos de los exámenes profesionales. Busqué a Sung Kun Park y apareció: se graduó de doctor en 2008 con una tesis sobre Jorge Ibargüengoitia, con el mismo director de tesis que aprobó el collage de antes.

Felicidades Sung Kun Park.

Ignoro si la tesis fue plagiada, o comprada, pero los antecedentes me obligan a suponerlo. Ignoro también cómo fue que años después de que denuncié el plagio ante la autoridad, se le haya permitido presentar un nuevo examen. Lo que no ignoro es la pena que me provoca este indicio de que hay quienes ven en mi Facultad de Filosofía y Letras –la maestra de ética de la Universidad— un escenario cómodo para el fraude académico.

El Universal y otros diarios han divulgado la semana pasada acusaciones graves contra un profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de nombre Boris Berenzon (más aquí). 

Este señor ha plagiado desde artículos “científicos” hasta conferencias magisteriales, lo que ha sido documentado, de manera incontestable, en un blog llamado http://yoquierountrabajocomoeldeboris.blogspot.com. Ahí en ese blog se confrontan sus escritos, sin misericordia alguna, con los originales. Y lo más delicado es que tanto su tesis de maestría como la de doctorado expropian extensas páginas, íntegras y al pie de la letra, de muchos escritores. Toda una carrera hecha de trampas.

Lo bueno es que las autoridades han tomado cartas en el asunto. Será un proceso lento, me imagino, toda vez que la Universidad debe obrar con una probidad de la que carecen quienes, precisamente, atentan contra su misión. Habrá reglamentos que revisar y responsabilidades que adjudicar. Es curioso, pero no parece haber en la UNAM disposiciones específicas contra el plagio: un resabio de los tiempos en que la idea misma de cometerlo era impensable.

Lo importante será alcanzar un pronunciamiento cuyo tenor resulta imposible no preveer. Que sirva como disuasivo a quienes creen que en las universidades puede haber granieres, romeros y moreiras. Un pronunciamiento que deberá acompañarse de reformas estatutarias, uso metódico de tecnologías detectoras y, quizá, con la creación de un propedéutico que explique a los estudiantes la forma en que el plagio ataca a las universidades y, por tanto, daña a la república.   

 

(Publicado previamente en el periódico El Universal)