Las lecciones de ética periodística de Pablo Iglesias | Letras Libres
artículo no publicado

Las lecciones de ética periodística de Pablo Iglesias

Los ataques a los periodistas y los medios que critican al líder de Podemos revelan una concepción peculiar de la disensión, según la cual las posturas propias obedecen a las convicciones y las de los demás a los intereses.

A Pablo Iglesias le interesan los medios de comunicación. Ha defendido la necesidad de una regulación pública de los medios, por ejemplo en su libro de conversaciones con Jacobo Rivero, que será el primer director de la emisora municipal de Madrid. Ha trabajado mucho en televisión y una parte de su éxito inicial es un éxito televisivo. Quizá ese interés tiene que ver con la agresividad que ha mostrado alguna vez ante los periodistas críticos.

En marzo de 2015 a Pablo Iglesias le molestó que Javier Gallego le preguntara por los problemas fiscales de Juan Carlos Monedero en el programa Carne Cruda. “Creo que ya está bien de sembrar dudas sobre la honestidad de personas que han demostrado tener más honorabilidad que buena parte de la que gente que ha estado mandando en este país y disculpa que me enfade”, dijo. Cuando el periodista intentó tranquilizarlo, Iglesias respondió: “Soy un ser humano y contigo además hay una confianza especial y un enorme respeto por ti como periodista”.

“Entiendes que tengo que preguntar”, dijo Gallego. “Por supuesto, pero tú sabes lo difícil que es llevar a cabo estos proyectos, a ti te han echado por decir determinadas cosas que no querían que dijeras”, respondió Iglesias, que se sentía particularmente herido: “No es como una entrevista con alguien que me resulta indiferente moralmente, Javier, no es tu caso, contigo es diferente, hay cosas que me llegan a ofender, como que puedas poner en duda la moralidad de Monedero”.

Cuando Ana Romero, de El Español, le preguntó por un gobierno que fuera una “coalición de perdedores” tras las elecciones de diciembre, Iglesias le dijo que le gustaba el abrigo de pieles que llevaba. Explicó más tarde que era un elogio y que no pretendía ofender a la periodista.

El mes de abril, en un acto en la Universidad Complutense, Pablo Iglesias hizo bromas sobre un periodista de El Mundo, Álvaro Carvajal. Fantaseaba con posibles titulares del periodista a la crónica del evento: “Vamos a hacer que España se masturbe”, o “Pablo Iglesias alienta el linchamiento de un periodista de El Mundo”, e ironizaba con “el miedo de los periodistas”. Insinuó que el redactor realizaba una cobertura negativa de la formación política que lidera para prosperar en su periódico.

“Álvaro Carvajal, o alguien que no fue Álvaro Carvajal, o fuentes internas de Álvaro Carvajal, vino a contar una vez...", dijo Iglesias. “La historia no tiene por qué ser verdad, pero como tantas cosas que se publican, que no tienen por qué ser verdad, pero se publican. Nos cuenta la historia de un periodista que te dice: 'Fíjate, yo, si quiero prosperar en el mundo del periodismo, y en particular en mi periódico, tengo que conseguir que haya muchas noticias que vayan a la portada. Pero claro, si yo trabajo en el diario El Mundo es imposible que yo consiga colocar en la portada que Podemos lo hace todo muy bien. Tengo que colocar noticias que digan Podemos lo hace todo fatal’”.

Poco antes de las elecciones, Ana Pastor entrevistó al líder de Podemos. La periodista preguntó al político, que en esa campaña se definía como socialdemócrata, por otros momentos en los que había declarado sentirse orgulloso de ser comunista. Iglesias hizo una distinción entre la persona privada y el político. Dijo: “La Ana Pastor que se toma una cerveza no es la Ana Pastor que hace una entrevista”. “Pero yo no cambio de ideología ni de principios”, respondió la periodista. “Bueno, eso dice usted”, dijo Iglesias.

Este verano, cuando el periodista Aimar Bretos preguntó en Hoy por hoy, de la Cadena SER, a Iglesias sobre la situación en Cataluña, Iglesias le acusó de hacerle preguntas al estilo de 13TV.

Esta semana, el dirigente ha aplaudido un tuit donde Nega, de Los Chikos del Maíz, se burlaba de José Ignacio Torreblanca, jefe de opinión del diario El País, haciendo referencia a una encuesta sobre Podemos que decía que las tesis de Errejón contaban más apoyo que las de Iglesias:

Se lo buscó 😂 https://t.co/Z7ZFEPnaT4

— Pablo Iglesias (@Pablo_Iglesias_) 26 de septiembre de 2016

Más tarde, en esa conversación, cuando el politólogo y columnista de El País Jorge Galindo tuiteó: “Voy a subrayarlo: los medios DEBEN estar expuestos a la crítica. Pero ¿del político? ¿De quien le marca las leyes? No. Incentivos perversos”, Iglesias respondió: “Estimado @JorgeGalindo Son tipos como Cebrián los que dictan las leyes a sus políticos. Y a veces también a sus politólogos”. Cuando Galindo señaló que él no era politólogo de nadie, Iglesias respondió con un verso de una canción: “tú no te puedes vender, nadie te quiere comprar”.

Iglesias, como Carolina Bescansa, Íñigo Errejón y otros miembros de Podemos, ha publicado artículos en El País, sin que su integridad corriera peligro. Ha justificado su colaboración con personajes todavía menos recomendables que la prensa española mainstream, como el régimen iraní. Parece ejemplificar la definición de ética que alguna vez ha propuesto Fernando Savater: “Ética es lo que les falta a los otros”.

La reacción tiene algo infantil y cerrado, más propio de un pandillero que del líder del tercer partido de España, y muestra la grave desorientación de Iglesias. Revelan una concepción peculiar de la disensión, donde las posturas propias obedecen a las convicciones y las de los demás a los intereses. El recurso al argumento ad hominem y a las teorías de la conspiración evidencia un curioso desconocimiento del funcionamiento de los medios: todo es siempre bastante más chapucero y más difícil de dirigir de lo que parece. Finalmente, delata cierta confusión entre los papeles. La prensa tiende demasiadas veces a la grandilocuencia, la hipocresía y el narcisismo. Y, como otros sectores, debe someterse a la crítica. Pero no es un político descontento quien debe realizar el examen.