La nueva normalidad de Pedro Sánchez | Letras Libres
artículo no publicado

La nueva normalidad de Pedro Sánchez

El sanchismo es una mezcla de capitalismo woke y corporativismo partidista. Pero es, sobre todo, un nuevo sentido común de izquierdas.

El sanchismo es lo siguiente: es el discurso de Pedro Sánchez en Casa de América, el 31 de agosto, ante empresarios del Ibex35 y acompañado de la música de James Rhodes al piano. Se titulaba “España puede” y en él presentaba el “Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia”. Con cara de presidente, habló de “estabilidad”, “nuevo clima político”, de “política de altura”, “acuerdos”, “negociación”.

El sanchismo es una mezcla de capitalismo woke y corporativismo partidista. Pero es, sobre todo, un nuevo sentido común de izquierdas. Sánchez ha creado una versión deshilachada y sin mucho entusiasmo de la ceja, del zapaterismo cultural, y la ha combinado con la clásica Tercera Vía (salvo guiños más radicales con el ingreso mínimo, la política económica del gobierno ha sido ortodoxa y con presupuestos del PP).

Ha enterrado el debate que existía hace años sobre el fin de la socialdemocracia. No por méritos propios sino porque ha ahogado el debate a través de una guerra psicológica y de desgaste contra toda la oposición. Ha acabado con la disidencia de izquierdas al integrar a Unidas Podemos en el gobierno y el establishment (y al purgar internamente el PSOE) y ha promovido una sensación de que no hay alternativa: el sanchismo no es de izquierdas, es de progreso, y ¿quién está en contra del progreso?

El presidente del gobierno y sus asesores saben que, al contrario de lo que se suele decir, la izquierda española es muy complaciente. Es un viejo cliché decir que la izquierda es demasiado autocrítica, que es como decir que uno de tus peores defectos es que eres demasiado perfeccionista. Esa autocrítica y perfeccionismo, se dice, provocan su fragmentación y sus fracasos electorales (pero no es así: la fragmentación la provocan el sectarismo y la búsqueda de la pureza y la autenticidad).

El sanchismo ha demostrado que la izquierda española es muy conformista. Se ha conformado con el simbolismo y la retórica de una presidencia de izquierdas. Capturado todo el espacio del centroizquierda y la izquierda radical, anulado el centro, al votante urbano liberal/progresista no le queda otra alternativa que apoyar al gobierno. Quizá no lo hace con entusiasmo, pero eso no importa. Lo importante para Sánchez es conservar el poder y, sobre todo, que nos acostumbremos a que esté en el poder, que es a lo que aspiran todos los líderes. A través de la versión más cínica de la política (la guerra cultural y mediática, la manipulación, el eufemismo y la ocultación) aspira a la pospolítica, que es la resignación.

El nuevo sentido común de izquierdas sanchista es intocable. La ineptitud de la oposición le ha ayudado. El PP está perdido y sin ideas. Solo consigue llamar la atención cuando hace el ridículo, y el gobierno, en una estrategia cínica, convirtió a Madrid y a la gestión nefasta de Ayuso en la responsable principal de las terribles cifras de mortalidad y contagios en todo el país (el diputado del PSOE Rafael Simancas llegó a decir: “¿Por qué España está en cifras tan altas de contagiados y de fallecidos por la Covid? Porque en España está la Comunidad de Madrid”). Ciudadanos está ejerciendo de partido liberal demócrata que bascula y negocia, pero es demasiado pequeño para ejercer influencia. Y Vox, como ha señalado Jorge del Palacio, es el mejor aliado de Sánchez: “A Sánchez enfrentarse a Vox le sirve para barnizarse de radical y seguir absorbiendo votos de un Podemos desnortado, que aún sigue pensando cómo ejercer de oposición y Gobierno a la vez. Mientras que, al mismo tiempo, ofrece a Vox el protagonismo y la visibilidad que necesita para presentarse como el partido que lidera la verdadera oposición al Gobierno.”

En este nuevo sentido común de izquierdas, la pandemia es un evento exógeno, una catástrofe natural como un terremoto, del que no tiene apenas responsabilidad el gobierno. Durante los peores momentos de la pandemia, señalar los fallos del gobierno en la gestión de la pandemia era dar munición a la oposición y jugar electoralmente con las vidas de la gente. Señalar hoy que España ha sufrido la segunda peor caída del PIB de la OCDE o que tiene el mayor número de contagios por millón de habitantes de Europa es polarizar. No existe alternativa al sanchismo, que se ha convertido en la verdadera nueva normalidad.