La desigualdad y la covid | Letras Libres
artículo no publicado

La desigualdad y la covid

Un país democrático como EEUU parece menos preocupado por las muertes que un régimen autoritario como China.

La desigualdad, por definición, tiene muchas caras. No solo está la diferencia entre la desigualdad de la renta y la desigualdad de riqueza, sino que la desigualdad también existe entre género, raza, edad, unidades territoriales dentro de un país y demás. Si das un paseo en una ciudad como Nueva York, la desigualdad es evidente simplemente andando de un barrio a otro.

Por eso no es sorprendente ver una posible relación entre la desigualdad (y sus múltiples encarnaciones) y los efectos de la pandemia. Esto es, creo, bastante obvio en el caso de Estados Unidos, pero lo es también probablemente en otros países devastados como Sudáfrica, Perú, Chile, Brasil e India.

La desigualdad de riqueza estadounidense es bastante conocida. Incluso tras Obamacare, casi treinta millones de estadounidenses no tienen seguro médico. Muchos de ellos dependen del seguro que les proporciona su empleo. Cuando pierden el trabajo, como ha pasado durante la pandemia, pierden también el seguro. La desigualdad en la salud ha provocado víctimas a pesar de que muchos hospitales trataron a pacientes que no tenían seguro, mostrando un nivel de civismo extraordinario del que aparentemente carecen los políticos.

La desigualdad de educación en Estados Unidos se menciona muy poco en los debates sobre la covid. Pero la baja calidad de la educación primaria y secundaria combinada con la gran tolerancia a la educación en casa (homeschooling) contribuyeron a un desprecio por la ciencia y por las medidas de protección para frenar la expansión de la pandemia. El hecho de que Estados Unidos esté muy alto en los ránkings sobre creencias extravagantes (desde el rapto de la Iglesia hasta la tierra plana) no es un accidente. Demostró su desastroso carácter durante la crisis, cuando la gente se negó a creer lo que les decía la ciencia.

Al principio, la fragmentación del sistema político de toma de decisiones parecía que ayudaría, teniendo en cuenta que el gobierno federal era abiertamente obstruccionista. Esto también resultó ser una ilusión: la incapacidad de las unidades territoriales más amplias (como los Estados) para hacer cumplir las reglas para contener la pandemia en las unidades territoriales más pequeñas (los condados) desembocó en un caos administrativo. Además, condujo a la expansión de la pandemia, ya que la gestión desigual de la pandemia en países con libre movimiento de personas ayuda a extender el virus. Las unidades menos restrictivas determinaron la expansión. Ser responsable bajo esas circunstancias tenía poco sentido ya que solo acabarías dañando a los propios negocios y no serviría para frenar el contagio. Por eso se incentivó la irresponsabilidad generalizada.

La desigualdad en el poder político también era obvia. Incluso cuando los administradores estatales o de condado estaban convencidos de que había que imponer medidas duras, sufrían una presión implacable de los empresarios. Pocos políticos, que son conscientes de lo importante que es el apoyo de los empresarios en las elecciones, fueron capaces de resistir esa presión. Como ejemplo más notable, California pasó de un éxito temprano a una debacle.

La desigualdad en víctimas (la cifra fue muy alta entre negros y latinos) probablemente afectó a la respuesta política. Ninguna de esas comunidades es políticamente poderosa. Entre los latinos en California hay muchos extranjeros no documentados, y por lo tanto su influencia política es incluso menor. Sus muertes generalmente no importaban.

El resultado de todos estos procesos es que un país democrático parecía, y realmente lo fue, estar menos preocupado por las muertes que un régimen autoritario como China. A EEUU le importaron más las empresas que las muertes, pero acabó con un declive económico épico y una de las tasas de mortalidad más altas del mundo (en septiembre de 2020).

Traducción de Ricardo Dudda.

Publicado originalmente el blog del autor.