Europa, migraciones y comercio | Letras Libres
artículo no publicado

Europa, migraciones y comercio

A pesar de que las corrientes migratorias que entran en los países ricos han caído desde 2010, algunos líderes piden el endurecimiento de las condiciones de entrada en la UE.
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Media de flujos migratorios que entran en la Unión Europea y Estados Unidos.

Mientras los líderes europeos se preparan para endurecer las condiciones de entrada en la Unión Europea, es necesario aportar una imagen más clara de los patrones actuales de migración, y más ampliamente de la posición de Europa en el proceso de globalización.

Los datos disponibles son incompletos, pero suficientes para establecer los principales órdenes de magnitud. Los datos más comprensibles son los que recoge la División de Población de Naciones Unidas a partir de las estadísticas demográficas que proporciona cada país y una labor paciente de homogeneización. Sirven para indicar la tendencia de las corrientes migratorias que entran y salen de diferentes países del mundo; incluyen también el tema delicado de las estimaciones de futuro de la población mundial para las próximas décadas. Si miramos los datos más recientes disponibles, hay dos hechos que sobresalen claramente.

En el primer ejemplo, las corrientes migratorias que entran en los países ricos (salidas netas) han caído desde 2010. De 1990 a 1995 se mantuvieron en 2 millones de personas aproximadamente al año, de 1995 a 2000 en 2,5 millones y de 2000 a 2010 superaron los 3 millones; la cifra bajó entonces a 2 millones más o menos por año entre 2010 y 2018, el nivel en el que Naciones Unidas basa sus previsiones para los próximos años.

La caída de los flujos migratorios

La población de los países ricos está en torno a 1.000 millones de personas (500 millones en la Unión Europea, 350 millones en Estados Unidos y Canadá y 150 millones en Japón/Oceanía). Esto significa que la corriente migratoria estaba debajo del 0,2% por año en los 90, antes de aumentar a casi un 0,2% por año desde 2010. Estas corrientes pueden parecer minúsculas y, de alguna manera, lo son: la globalización de los años 1990-2018 es en primer lugar financiera y comercial y no ha alcanzado nunca los niveles de migración observados en el periodo 1870-1914.

Sin embargo, la diferencia es que los nuevos flujos migratorios conducen a mayores intercambios multiculturales que implican a gente de diferentes orígenes culturales (mientras que en el pasado los flujos migratorios eran esencialmente internos del Atlántico Norte), y que estos flujos migratorios tienen lugar en un contexto de estancamiento demográfico: el número anual de nacimientos es ahora menos del 1% de la población en varios países ricos. Esto significa que una contribución anual del 0,2% o 0,3% conduce en el largo plazo a un cambio apreciable en la composición de la población. Obviamente, no es un problema per se, pero experiencias recientes demuestran que por desgracia puede generar tentativas exitosas de explotaciones políticas identitarias, particularmente si no se hacen políticas adecuadas para promover la creación de empleos, alojamiento e infraestructuras necesarias.

La segunda conclusión sorprendente que surge de los datos de Naciones Unidas es que la caída en los flujos migratorios se debe principalmente a la situación de Europa. El número de migrantes que entra a la Unión Europea (salidas netas) se ha reducido a la mitad, cayendo de casi 1,4 millones de personas al año entre 2000 y 2010 a menos de 0,7 millones al año entre 2010 y 2018, a pesar de la llegada de refugiados y el pico de 2015. En Estados Unidos, donde la recuperación de la recesión en 2008 fue más fácil que en Europa, el flujo se mantuvo estable (1 millón al año entre 2000 y 2010, y 0,9 millones entre 2010 y 2018).

El superávit en la Eurozona

Hay un tercer factor que merece tener en cuenta junto a los dos primeros. Según los últimos datos del BCE (Banco Central Europeo), el superávit comercial de la Eurozona se mantuvo en los 530.000 millones de euros en 2017, o casi un 5% del PIB de la eurozona (que son 11,2 billones de euros), y la tendencia es la misma en 2018. En otras palabras, cada vez que los países de la eurozona producen 100 unidades de bienes y servicios, solo consumen e invierten 95 en su propio país. La brecha puede parecer pequeña, pero repetida año tras año es en realidad considerable. Nunca en la historia económica, o al menos nunca desde la existencia de estadísticas sobre comercio (esto es, desde principios del siglo XIX) se ha visto un superávit comercial tan enorme en una economía de este tamaño.

Algunos países productores de petróleo tienen a veces superávits mayores del 5% o del 10% del PIB, pero son economías de menor tamaño en relación a la economía mundial y son a menudo países con poblaciones muy pequeñas (por tanto, los felices propietarios de estos recursos no saben realmente qué hacer con ellos, aparte de acumularlos en el extranjero). Esta situación tan anormal, o en todo caso desprovista de precedentes, la provoca mayoritariamente Alemania, pero Alemania no está sola: Italia, por ejemplo, ha tenido un superávit comercial del 3% de su PIB desde 2015.

Para los defensores del mercado como un ser omnisciente y autosuficiente, esta situación es la consecuencia racional del envejecimiento; los países europeos se anticipan a un futuro de escasez de trabajo y producción –y posiblemente su total desaparición– y están simplemente ahorrando para su vejez. La realidad es que debemos ver sobre todo la consecuencia de una competencia exacerbada sin ninguna guía política y un estancamiento excesivo de los salarios que ha conducido a una reducción del crecimiento y un aumento de los superávits comerciales.

También debemos tener en cuenta que hoy la eurozona tiene un superávit primario presupuestario. Los contribuyentes pagan más impuestos de los que reciben en inversión, con una brecha de más del 1% del PIB. Igual que los déficits presupuestarios de Trump hacen que empeore su déficit comercial, los superávits presupuestarios europeos exacerban nuestro superávit comercial. Si Europa quiere reavivar las políticas de integración, tendrá que empezar por aprender cómo invertir y cómo consumir de nuevo.

Nota del autor: las series de datos sobre flujos migratorios que menciono están extraídos de la ONU, en “World Population Prospects”; todos los detalles están disponibles en este archivo excel. Los datos de la balanza comercial de la Eurozona provienen del boletín económico de junio del BCE (tabla 3.1, p. S8). Las últimas series sobre las balanzas italianas y alemanas están disponibles aquí y aquí.

Publicado originalmente en el blog de Thomas Piketty en Le Monde.

Traducción de Ricardo Dudda.