Elecciones: Quién te escribe cartas, dime quién | Letras Libres
artículo no publicado

Elecciones: Quién te escribe cartas, dime quién

Un análisis de las cartas de propaganda electoral de los principales partidos nacionales.

A la vuelta de las vacaciones de semana santa me esperaban en el buzón las cartas de los principales cuatro partidos nacionales. En realidad, la del PSOE me la entregó mi portero en mano, mientras comentaba el despilfarro inútil de dinero que le parecía.

Las abrí todas una detrás de otra. Al verlas todas dispuestas en la mesa, las diferencias entre ellas saltaban a la vista. También algunas coincidencias.

Solo en el PSOE se han molestado en poner el nombre dentro: “Estimada Aloma”, dice. No aparece la imagen de Pedro Sánchez, es el único candidato cuyo rostro no sale por ningún lado. No sé si Sánchez ha colmado su ego con las memorias presidenciales o si evita personalizar y prefiere, esta vez, apelar al partido porque sabe que él genera rechazo.

La carta de Unidas Podemos parece más larga de lo que es, en diseño decididamente austero –de hecho, solo han mandado una carta para los dos adultos que vivimos en la casa–. La letra es demasiado pequeña, el color demasiado gris, sin negritas ni llamadas de atención, salvo al final, cuando pide el voto apelando a una historia que está sin escribir. Empieza, por cierto, con un destacado en mayúsculas: “Si crees que la historia ya está escrita, no tiene sentido que leas esta carta”. El tono se parece más al del Iglesias de 2015 que al defensor de la Constitución y de las buenas formas que han revelado los debates televisados de esta semana.

La carta del PP –que son los únicos que no se identifican en el sobre– viene con el busto de Pablo Casado en el membrete, con su aplastante lema: valor seguro. “Querida amiga, querido amigo”, comienza la carta, con un tono de parodiable consultorio sentimental. Pero pronto cambia y se adentra en el léxico al que nos tiene acostumbrados el líder del PP: familias, Nación, así con mayúscula, sin complejos, crecimiento económico, educación en libertad, seguridad ciudadana y rebaja de impuestos. Todo en negritas.

La carta de Ciudadanos no trae saludo, solo una foto de Albert Rivera y a su lado se lee: La España del siglo XXI. Hay un resumen de su programa en seis propuestas que comienzan todas con “Vamos”, como su lema. Y por último, la única apelación al destinatario de la carta: una pregunta sobre cuál es el auténtico voto útil. Solo en ese momento se dirigen al votante directamente, al contrario que el resto de partidos, que, cada uno con su estilo, apela constantemente al receptor del mensaje –Roman Jakobson estaría orgulloso de mí–.

Como se ha visto también en los debates, la nueva política ha roto con el bipartidismo pero no con la polarización. Se habla mucho estos días de los indecisos, pero me da la sensación de que en estas elecciones el voto se mueve menos: es decir, puede moverse dentro de la izquierda y la derecha, pero, al contrario de lo que sucedió en las de 2015, dudo que haya trasvase de votos entre izquierda y derecha. Y eso se palpa también en las cartas: los destinatarios postales no son los reales. Cada una de ellas, en realidad, habla solo a los suyos. Las cartas dibujan a los votantes acartonados y arquetípicos de cada partido. Gente preocupada por la “continuidad histórica de nuestra patria”, sintagma en el que me pierdo un poco, la verdad, en el caso del PP. Gente que desea cosas, en general el bien, un país mejor, que mira hacia el futuro, etc., y a quien no le importa la concatenación de frases nominales (“Una España en la que quedarse. Una España en la que puedas desarrollar tu proyecto de vida”), en el caso del PSOE. Gente que se deja seducir por una especie de épica desde abajo, David contra Goliat, (“Si algo me ha enseñado la vida es que, cuando peor te vienen dadas, es cuando más hay que pelear”), en el caso de Unidas Podemos. Gente sin tiempo, que no necesita los detalles, en el caso de Ciudadanos.

Puede que ganen nuestros votos a pesar de sus cartas. O puede que en el fondo tuviera razón mi portero.